Un segundo cambio a destacar es la magnitud de la caída entre el peak y el piso de la serie. Para las Casen “viejas”, la caída en la desigualdad por cohorte es de ocho puntos (este es aproximadamente el resultado reportado en la primera edición). Sin embargo, para las Casen “nuevas” es de mucho mayor magnitud. Son 26 puntos entre peak y piso y 23 puntos entre peak y el último dato de la serie. Esto lleva a pensar en una aceleración importante del proceso de mejora de la distribución del ingreso en las Casen más recientes: ¡tres veces más!
En último lugar se observa que la tendencia descendente que en la serie “vieja” invita a pensar que dicha tendencia continuará (y de hecho esa es la predicción que se hace en la primera edición del libro), en la serie “nueva” se observa que dicha tendencia descendente en realidad continuó sólo un poco más y luego se detuvo; a partir de ahí se ve una estabilización del efecto cohorte de la distribución del ingreso.
Entonces, la magnitud de la caída en la desigualdad aumentó y es casi tres veces mayor a la observada anteriormente, pero ahora ya no podemos proyectar que la caída continuará, sino más bien parece que se ha detenido.
Figura 2.4. Comparación del efecto cohorte propiamente dicho para las primeras (1992-2003) y últimas (2000-2013) CASEN
Fuente: Elaboración propia sobre la base de las encuestas CASEN 1992-2013. En el eje vertical tenemos puntos del Gini.
Una caída de 26 puntos en el Gini es realmente un tema de primer orden, y nos permite conciliar los resultados anteriores respecto a la mejora entre generaciones y lo que ha pasado con el Gini para toda la población desde el año 2000.
Si el efecto total de mejora entre generaciones era de ocho puntos, entonces la caída en el Gini global entre el 2000 y el 2013 ya agotaba la inclusión de ese proceso generacional en el índice global. Eso era difícil de entender, ya que no se esperaba una transmisión tan rápida de 100% de la mejora entre generaciones. Con estos nuevos datos lo que sucede puede entenderse mejor ya que solamente un tercio de la mejora en la distribución del ingreso por generaciones se ha transmitido al Gini global y todavía podemos esperar una mayor caída.
Por otro lado, también parece un resultado importante que esta tendencia a la mejora en la distribución del ingreso entre generaciones parece haberse detenido. Con una disminución del Gini de esa enorme magnitud uno esperaría que el proceso no continuara mucho más.
Era de esperar que en algún momento fuera a pasar que las mejoras en la educación y el crecimiento económico condujeran a una situación estable de la distribución del ingreso en que ya las cohortes más jóvenes fueran relativamente similares a las más viejas, como sucede en los países desarrollados. Por lo que tanto por razones cuantitativas como cualitativas una detención del proceso no debiera sorprender. De hecho si la baja de 23 puntos que muestra el último dato (de la serie nueva) se transmitiera completamente al índice global (y olvidándonos de que el envejecimiento de la población o un menor crecimiento económico o un empeoramiento de la calidad de la educación conspirara contra ello), entonces el índice de Gini para toda la población al que podría llegar Chile estaría en el orden de 35.
Un último punto hace referencia a los resultados respecto del efecto edad. No lo ilustraremos, pero lo que se observa es que las diferencias en desigualdad entre edades han disminuido marcadamente. De una diferencia de 30 puntos del índice de Gini entre los más jóvenes y los más viejos, se pasa a una diferencia que oscila entre 0 y 5 puntos. Este cambio lleva a pensar que el envejecimiento de la población podría, en el futuro, no tener un efecto tan importante sobre la desigualdad como era posible pensar con los indicadores obtenidos en las primeras Casen.
Estos cambios son de una magnitud tan importante que surge la duda de si no serán producto de algún cambio en la encuesta. Por lo que corresponde examinar si se pueden detectar en la otra fuente de datos que hemos utilizado, la Encuesta de Ocupación de la U. de Chile. Si bien no reportamos los datos aquí, podemos afirmar que al adicionar los datos 2004-2014 a la muestra anterior, reportada en la primera edición, se observan de nuevo todos los cambios en la distribución del ingreso observados en la CASEN. Al analizar los efectos cohorte propiamente dichos, se puede observar un cambio de máximo desde los cincuenta a los cuarenta, un aumento de la caída entre peak y piso, y una estabilización al final.
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