Figura 2.3. Efectos intrínsecos de la cohorte en la desigualdad
Fuente: Elaboración propia. En el eje vertical están los puntos del índice de Gini que son atribuibles específicamente a cada cohorte.
Es importante destacar que para evaluar políticas públicas es necesario poner énfasis en lo que le pasa a cada cohorte. Esto debido a que las políticas tienen un grupo de interés o grupo objetivo y no están pensadas para toda la población al mismo tiempo. Como ejemplo, podemos insistir con la educación: no puede esperarse que el aumento en su calidad, la reducción de la deserción escolar o el aumento en las becas y créditos para educación superior afecten a todos por igual. Estas políticas no harán que las personas que ya terminaron de educarse tengan más o mejores años de escolaridad, sino que están enfocadas en aquellos que ahora están educándose, o en quienes aún no han comenzado este proceso.
Por lo tanto, las políticas públicas que se impulsan con el objetivo de mejorar la distribución del ingreso o la movilidad pueden afectar solamente a algunas cohortes. Para saber si han funcionado, hay que mirar los efectos sobre estas generaciones, que se diluyen si uno mira a toda la población. Por ejemplo, si son políticas educativas las que queremos evaluar, debemos concentrarnos en las cohortes más jóvenes.
Otra manera de ilustrar la forma en que hay que abordar el problema de la distribución del ingreso, versus la tradicional, es la siguiente: pensemos en toda la población que tiene un ingreso como un stock7 del que entran y salen personas cuando se incorporan o se retiran de la fuerza de trabajo. Cualquier característica de este stock cambiará en tanto que haya diferencias entre las generaciones que salen y las que entran. Por ejemplo, el promedio de la educación de la población subirá lentamente a medida que “salen” del stock cohortes poco educadas y “entran” otras más educadas. De la misma manera, si la distribución del ingreso es mejor en las entrantes que en las salientes, entonces la distribución del ingreso mejorará. En jerga económica, las cohortes que “entran” se conocen como marginales, las que se incorporan en el margen.
Al pensar en la distribución del ingreso para toda la población (como lo hacemos en la Figura 2.1), estamos pensando en la distribución en el stock. Cuando miramos a cada cohorte en forma individual (como lo hacemos en la Figura 2.3), y en particular cuando miramos a las más jóvenes, estamos observando la distribución en el margen, que es donde inciden las políticas públicas.
Si sabemos que las políticas no afectan a todo el stock, sino al margen, ¿por qué para saber si han funcionado, miramos la distribución del ingreso de toda la población (Figura 2.1), en lugar de ver lo que sucede con la misma en el grupo objetivo (las cohortes más jóvenes)? Eso es justamente lo que hacemos en la Figura 2.3: observaremos la desigualdad intrínseca de cada cohorte.
Es importante darse cuenta de que stock y margen no están completamente disociados. Existe un vínculo entre la Figura 2.1 y la Figura 2.3, ya que los cambios sostenidos para las cohortes nacidas a partir de un año determinado debieran tener un efecto sobre el stock una vez que estas comiencen a ser una parte significativa de la población.
En conclusión, al confrontar las Figuras 2.1 y 2.3 estamos comparando la evolución de la distribución del stock (de todos) y del margen (de cada cohorte individualmente). En la Figura 2.1 estamos mirando al mismo tiempo mundos distintos, “diferentes Chiles”; en la 2.3 vemos a cada Chile en forma individual, sin mezclarlos. Mientras la primera figura nos muestra un país en el que la desigualdad se mantiene estancada por un periodo largo, la Figura 2.3 nos dice que las cohortes más jóvenes están teniendo ingresos menos desiguales y que este es un fenómeno de larga data. Nos dice que hay una dinámica oculta y que la distribución del ingreso está mejorando por razones estructurales.
2.3.1. Aceleración del proceso de mejora de la distribución del ingreso
Al estudiar los cambios en la distribución del ingreso por cohorte que ocurren entre los resultados obtenidos con los datos disponibles para la primera edición y aquellos disponibles para la presente (segunda) edición, se encontró que no había un cambio de primer orden en términos de las conclusiones principales de la primera edición. Sin embargo, aparecían algunos resultados nuevos (cambio en el máximo, cambio en la tendencia al final). Esto habla de una dinámica del proceso de cambio en la distribución del ingreso que parece interesante analizar.
Para realizar dicho análisis nos pareció interesante tratar de generar una serie de “fotos” que nos dieran una idea de cuál era la “película”. Para ello lo que hicimos fue agrupar las 10 CASEN disponibles en grupos de a seis (lo que da lugar a cinco grupos) y comparar los resultados, en términos de distribución del ingreso por cohorte, para cada agrupación. Esto permite contar una historia de cómo se dio el cambio respecto de los datos presentados en la primera edición, al incluir las CASEN 2009, 2011 y 2013.
Entonces lo que se hizo fue formar cinco grupos de datos, el primero de ellos conformado por todos los datos de las primeras seis CASEN: desde la CASEN 1992 a la 2003 (incluye entonces las CASEN 1992, 1994, 1996, 1998, 2000 y 2003). A partir de ahí se hace el ejercicio de sacar la CASEN más vieja y adicionar una más nueva. La diferencia entre el primer grupo y el segundo es que sale la Casen 1992 y entra la Casen 2006, entre el segundo y el tercero es que sale la Casen 1994 y entra la Casen 2009 y así sucesivamente. Hasta terminar con la agrupación de las últimas seis CASEN: 2000, 2003, 2006, 2009, 2011 y 2013.
Es importante notar que esta división de los datos en grupos no debiera resultar en ningún cambio si estamos estudiando fenómenos sociales estables. Si fuera así, no debiera haber diferencias entre examinar un grupo de datos y otro. Pero como estamos examinando fenómenos sociales en evolución, como veremos, sí hay cambios importantes.
Entonces lo que hacemos es la descomposición de Deaton para los diferentes grupos de datos, separando los cambios en la distribución del ingreso en efectos cohorte propiamente dicho, efecto edad y efecto año. Más abajo se pone énfasis en particular en comparar los efectos cohorte propiamente dichos y los efectos edad para los cinco grupos. O sea, se trata de obtener la película de esas cinco fotos para ambos efectos.
En la Figura 2.4, en que se ilustra lo que se obtiene, se comparan los resultados para el primer grupo (1992-2003) con aquellos para el grupo final (2000-2013), que son los que tienen diferencias más marcadas. Nótese que en las CASEN incluidas en ambos grupos hay una separación casi perfecta entre datos recogidos en los noventa y datos recogidos en los primeros años de este siglo.
Puede observarse en la figura que las CASEN más “nuevas” y las más “viejas” tienen, en forma global, un similar comportamiento. Me refiero a que primero hay un incremento en la desigualdad y después una caída. Este resultado, que es el resultado de primer orden reportado en la primera edición del libro, no cambia.
Pero hay otras varias cosas, tres específicamente, que difieren y que conviene discutir.
Primero, difiere el año de nacimiento de la cohorte que tiene la máxima desigualdad. Para las CASEN “viejas” esto ocurre para la cohorte nacida en 1957 y para las CASEN “nuevas” para la cohorte nacida en 1945. Esta es la diferencia quizás de menor importancia (aun cuando puede ser relevante para la discusión de qué generó el cambio de tendencia). Los otros dos cambios son más importantes.
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