La centralidad que tuvo en la conformación del Frente Popular el parti-do de Azaña hace que esta experiencia difiera del proceso frentepopulista francés en el que los comunistas tuvieron un peso más gravitante, quizás porque en Francia el apoyo del Comintern fue más decidido que en España. En ese sentido, y salvando las enormes diferencias, es posible buscar algunas similitudes con el proceso frentepopulista chileno, debido a que en él el factor decisivo no fue tanto la alianza entre socialistas y comunistas sino el desembarco de los sectores de centro, afines a la izquierda.
De cara a las elecciones de enero de 1936, el programa electoral del Frente Popular español fue reproducido en extenso en los diarios frentepopulistas chilenos. En especial interesaron los mecanismos internos de los partidos y las organizaciones participantes de cómo “dejar a salvo los postulados de sus doctrinas, han llegado a comprometer un plan político común que sirva de fundamento y cartel a la coalición de sus respectivas fuerzas en la inmediata contienda electoral y de norma de gobierno que habrán de desarrollar los partidos republicanos de izquierda con el apoyo de las fuerzas obreras, en el caso de victoria. Declaran ante la opinión pública las bases y los límites de su coincidencia política”. 53Los frentepopulistas chilenos vieron puntos de encuentro, más allá del tema fascismoantifascismo, entre sus propuestas y las del programa del Frente Popular español. Especialmente en el primer punto del programa español referido a la “amnistía y readmisión de los despedidos y reparación de las víctimas”, en el punto 2 de la Defensa de la República y cumplimiento de la Constitución y Libertad y justicia y en lo relativos al fomento y protección de la industria, obras públicas y enseñanza 54. Otras medidas del Gobierno de Azaña, comentadas en clave chilena, fueron la disolución de las ligas fascistas y las sanciones al personal en retiro que participara en asociaciones ilegales: la referencia era a las milicias republicanas y al golpismo ibañista transversalmente omnipresente en la política chilena. 55
Para los frentepopulistas chilenos, el Frente Popular español fue un ejemplo digno de ser imitado, sobre todo porque se “está desarrollando una labor utilísima para las masas que lo componen y que prueba hasta qué puntos de innegable trascendencia general se desplaza la actividad de organizaciones de su naturaleza”. Así como la unidad de los sindicatos franceses tuvo una buena acogida entre los trabajadores chilenos, la unidad de las juventudes socialistas y comunistas también fue un hecho celebrado por las milicias jóvenes de ambos partidos en Chile, así como la posibilidad de que en España, la Confederación Nacional de Trabajo (CNT) abriera vínculos con la Unión General de Trabajadores (UGT) que contaba con 500 mil adherentes 56. Evidentemente, los frentepopulistas chilenos se iban nutriendo de elementos tácticos que realizaban los frentistas españoles, pero de manera más funcional que efectiva, ya que las supuestas equiparaciones que se intentaron establecer entre las derechas y las izquierdas españolas con las chilenas eran forzadas y poco ajustadas al debate interno del frentepopulismo chileno.
Pero también había recelo y cuidado. Sobre todo por las resonancias internas que provocó la unión con comunistas y socialistas cuando en el contexto chileno aún no se superaban las desconfianzas mutuas entre socialistas, comunistas y radicales. El 23 de febrero se alertó que “el premier Azaña sabe que tendrá que frenar las aspiraciones excesivas de las izquierdas asociadas y comunistas, amparándose en el compromiso de alianza con el acto electoral. El gobierno ha decidido intensificar una política social que permita ampliar el campo de los pequeños propietarios, como una panacea para combatir el extremismo”. 57
El optimismo con el Frente Popular español sirvió también como revulsivo ante la política represiva impuesta por el Gobierno de Alessandri, quien, gracias a la mayoría parlamentaria, impuso “facultades extraordinarias y el Estado de Sitio” para establecer el orden público, a raíz de la declaración de huelga de los sindicatos de ferroviarios. Esto implicó la detención, encarcelamiento y relegación de numerosos dirigentes de los partidos frentepopulistas. La semana del 24 de febrero de 1936 se reprodujo en los periódicos frentistas ( La Hora , La Opinión , Consigna y Frente Popular ) extensos párrafos del programa electoral del Frente Popular español, subrayando sobre todo el hecho de que “sin perjuicio de dejar a salvo los postulados de sus doctrinas, han llegado a comprometer un plan político común que sirva de fundamento y cartel a la coalición de sus respectivas fuerzas en la inmediata contienda electoral” 58. Además, dada la situación del Estado de Sitio y de la persecución llevada a cabo por Alessandri, se enfatizó el punto primero del programa español que hablaba de la “Amnistía y readmisión de los despedidos y reparación a las víctimas”. 59Por lo mismo, se calificaba que “el Frente Popular español, que hemos citado en otras oportunidades como ejemplo digno de imitación, está desarrollando una labor utilísima para las masas que lo componen y que prueba hasta qué puntos de innegable trascendencia general se desplaza la actividad de organizaciones de su naturaleza”. 60
Luego de julio de 1936 y el golpe de Estado encabezado por Francisco Franco, la discusión frentepopulista se volvió más ideológica, influida en parte por la evolución de la Guerra Civil Española y por el desarrollo del Frente Popular con Léon Blum en Francia, pero en un sentido distinto. Dados los fracasos frentepopulistas español y francés se borrarán todas las posibles similitudes con Chile y se enfatizará la peculiaridad del frentepopulismo chileno y su carácter no rupturista. Sin embargo, el Frente Popular español siguió generando expectativas en una posible reedición en el contexto chileno. El 27 de julio se señaló que “la revolución de España es una lección para el Frente Popular de Chile cuando gobierne”. 61
Ante las críticas oficialistas que remarcaban las consecuencias violentas del conflicto civil en España, el frentepopulismo chileno trató de mantener una prudente distancia con el Frente Popular español. Una editorial del diario La Hora señaló que la derecha presenta a todos los partidos “confundidos bajo la etiqueta comunista. Se va aún más lejos en este sistema confusionista y se identifica al Frente Popular español con el Frente Popular chileno y se atribuyen a este último de antemano los desmanes que según ciertas noticias (siempre desmentidas) comete el primero”. 62
Por lo mismo, a pesar del conflicto español y de las similitudes que se podrían establecer, el frentepopulismo chileno fue cauto en no romper los débiles lazos que existían entre los partidos. El Partido Comunista, en su diario Frente Popular , advierte sobre los posibles beneficios de una alianza con sectores de centro, dado que “sería útil conducir al proletariado a un conflicto con fuerzas que pueden ser sus aliados en los primeros tramos de su movimiento emancipador”. 63Los radicales socialistas del diario La Opinión (Radical Socialista) matizaron la presencia comunista en el Frente Popular destacando que éste:
“no tiene carácter comunista y que la totalidad de los partidos que lo conforman, incluso el que profesa esa doctrina, no persiguen dentro del Frente otra cosa que fundar una verdadera democracia, esencialmente anti-imperialista y anti-fascista, en donde exista una verdadera libertad y se hagan imposibles las tiranías –cualquiera que sean [y en que] prevalezca un auténtico orden público, tanto en el funcionamiento de las instituciones como en la calle”. 64
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