Ricardo Avenburg - Conversaciones con Freud

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Avenburg conversa con Freud con la misma sencillez que un niño conversa con su amigo imaginario, acerca de los temas del psicoanálisis que los apasionan. Tanto Freud como Avenburg encarnan una cultura a la que analizan, y al analizarla disuelven la censura que se instaló en ella, y así, la transforman y la mantienen viva, tras el rastro de Eros. Pueden aplicarse a este libro estas palabras de Freud: «Les dije que el psicoanálisis se inició como una terapia, pero no quise recomendarlo al interés de ustedes en calidad de tal, sino por su contenido de verdad, por las informaciones que nos brinda sobre lo que toca más de cerca al hombre: su propio ser». Jorge Garbarino

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En alemán, hasta donde yo entiendo, hay una ambigüedad de sentido: no se entiende si hay que defender a esa resistencia o defenderse de ella: “In der Abwehr dieses Widerstandes” puede implicar ambas cosas. Tanto L. Rosenthal (“Al combatir esta resistencia…”) como Strachey (“In warding off this resistance”) traducen en el sentido que esta resistencia debe ser combatida, lo que suena como lo más adecuado pero tomada la expresión en forma literal, Freud usa un posesivo (caso genitivo): la defensa de esta resistencia. Aunque tal vez un hablante habitual del alemán me diga que sólo puede entenderse de la manera como tradujeron Rosenthal y Strachey, no dejo de lado la posibilidad de ambigüedad en la expresión y que a Freud, aunque no lo hubiese querido decir conscientemente, se le hubiera filtrado una impresión que a este tipo de resistencia hay que respetarla; sí analizarla, pero teniendo en cuenta que su movilización puede traer riesgos más serios, dependiendo de la intensidad del sentimiento de culpa.

“Es menos fácil comprobar la existencia de otra resistencia, en la lucha contra la cual nos encontramos especialmente débiles. Entre los neuróticos existen personas en las cuales, por todas sus reacciones, podemos reconocer que el instinto de autoconservación ha experimentado ni más ni menos que una inversión ( Verkehrung : inversión, transformación). Parecen dirigirse únicamente a dañarse o destruirse a sí mismas. Tal vez pertenecen también a este grupo personas que al final cometen suicidio. Suponemos que en ellas ha tenido lugar una amplia desmezcla instintiva como consecuencia de la cual son liberadas desmedidas cantidades del instinto de destrucción orientado hacia adentro. Tales pacientes no encuentran tolerable la curación por medio de nuestro tratamiento, se defienden de ella con todos sus medios. Pero admitimos que éste es un caso que aún no hemos logrado aclarar totalmente”.

¿Dónde ubicamos esta última forma de resistencia? En principio no recuerdo que Freud haya hablado de ella en otra ocasión. En “Inhibici ón, s íntoma y angustia” Freud habla de cinco formas de resistencia: tres del yo (resistencia de represión, de transferencia y del beneficio secundario de la enfermedad) una del ello y una del superyó. De las dos últimas formas de resistencia de las que habla en el “Compendio” la primera se corresponde claramente con la resistencia del superyó (de “Inhibici ón, s íntoma y angustia” ); la segunda, por el aferramiento a la enfermedad, podría asociarse a la del beneficio secundario pero, siendo ésta una resistencia del yo, no podría aplicársele la referencia a la perturbación instintiva. Esta segunda forma se diferencia de la primera en que la resistencia del superyó, tiene una explicación referida a la tópica o estructura psíquica, en cambio en la segunda la explicación se refiere a los instintos: desmezcla instintiva y liberación y orientación hacia adentro del instinto de destrucción.

¿Correspondería a una resistencia del ello? En principio parece ser el resultado de un proceso previo a la represión de la sexualidad infantil: el destino del instinto (ver “Instintos y sus destinos” ), la inversión o transformación en lo contrario ( Verkehrung ins Gegenteil ). Correspondería por lo tanto a un momento anterior y preparatorio de la formación del superyó: la vuelta del instinto de destrucción contra sí mismo sobre el cual va luego a instalarse el sentimiento de culpa, constituyente esencial del superyó.

En lo que se refiere a las resistencias del ello, son las que se hacen presentes en el proceso de elaboración ( Durcharbeiten ) como resistencias del inconsciente.

“No puede ser otra cosa que, tras la superación de la resistencia del yo, ha de ser vencida la fuerza de la compulsión de repetición, la atracción que los prototipos inconscientes ejercen sobre el proceso instintivo reprimido y nada nos impide designar este factor como resistencia de lo inconsciente”. 4

Parece ser éste un fenómeno normal, es decir, el tiempo particular que necesita cada paciente para elaborar aquello de lo que se trata; parece sí corresponder a un proceso instintivo, la compulsión de repetición, pero que no necesariamente estaría más allá del principio del placer y no tendría por qué responder al instinto de destrucción: sería un proceso adscribible a la mayor o menor viscosidad de la libido de cada uno.

En resumen, en esta última forma de resistencia parece haberse dado un proceso previo a la formación del superyó, la transformación en lo contrario del instinto de autoconservación, sobre el cual se asentará el superyó con su sentimiento de culpa.

Por mi lado no me resulta clínicamente fácil diferenciar estas dos últimas formas de necesidad de sufrimiento y no imagino qué lo llevó a Freud a diferenciarlas entre sí. Entiendo y me parece claro lo que dice Freud en lo que se refiere a la acción del superyó, aunque no la separo mucho de la desmezcla instintiva y del hecho de dirigir la destructividad contra el propio yo. Me refiero a que no las separo como formas clínicas, aunque sí como momentos de estructuración de ese superyó con esas características y me acabo de dar cuenta de que, sin llegar a constituir una reacción terapéutica negativa (que es de lo que aquí se trata) en aquellos pacientes con mucha tendencia a la autocrítica, tiendo a investigar recuerdos y/o sucesos ocurridos en la etapa del desarrollo libidinal (etapa sádico-anal) que pudieron haber llevado a una inhibición del sadismo normal en esa etapa, transformándose prematuramente de activo en pasivo. De la vuelta contra sí mismo a la regresión y desmezcla instintiva hay un solo paso. En resumen, entiendo esta discriminación desde el punto de vista metapsicológico pero no la veo como formas clínicas diferentes.

Luego de una síntesis de lo hasta ahora planteado, dice que depende de la participación de estas dos últimas formas de resistencia la mayor o menor dificultad que presente el tratamiento. Agrega: “Una cierta inercia psíquica, una difícil movilidad de la libido, que no quiere abandonar sus fijaciones, no puede sernos bienvenida…”. Creo que es a lo que antes se refirió como resistencia de lo inconsciente. Pero, ¿por qué querer que la libido se mueva al ritmo que nosotros suponemos es el adecuado y no es bienvenido que se mueva a su propio ritmo? Entiendo que Freud se debe referir a cierta adhesión al síntoma y, por lo tanto, al mantenimiento de las represiones. ¿Es el tiempo que cada individuo tiene para levantar las represiones? Sin embargo Freud no nombra aquí a las represiones sino a las fijaciones y éstas se corresponden con formas de satisfacción sexual, por lo tanto con perversiones. ¿Qué pasa con éstas en relación con el análisis? Pero Freud en este capítulo sólo se refiere al psicoanálisis de las neurosis.

“La capacidad de la persona para la sublimación instintiva juega un importante papel e igualmente su capacidad para elevarse por sobre la cruda vida instintiva, así como el relativo poder de sus funciones intelectuales”.

Pienso que la vida instintiva es lo más rico que tenemos (el socio capitalista en los sueños) y que de la libertad que otorguemos al yo depende que pueda canalizar los instintos en las diversas acciones específicas adecuadas en su especificidad para consigo mismo y para con el medio que rodea a la persona.

“No estaremos decepcionados sino que lo encontramos completamente comprensible si llegamos a la conclusión de que el resultado de la lucha que hemos emprendido depende de relaciones cuantitativas, del monto de energía que podamos movilizar en el paciente a favor nuestro en comparación con la suma de las energías de los poderes que actúan contra nosotros. Dios esta vez, como siempre, está con los batallones más fuertes –ciertamente no siempre alcanzamos a ganar, pero por lo menos podemos, la mayoría de las veces, reconocer por qué no hemos vencido. Quien ha seguido nuestros desarrollos sólo a partir de intereses terapéuticos, tal vez, tras esta confesión, se aparte desdeñosamente. Pero aquí nos ocupa la terapia sólo en tanto trabaja con medios psicológicos, por el momento no tenemos otros. El futuro podría enseñarnos a influir directamente, con particulares sustancias químicas, sobre las magnitudes de energía y sus distribuciones en el aparato anímico. Tal vez se den aun otras posibilidades inesperadas de la terapia; por el momento no tenemos a disposición nada mejor que la técnica psicoanalítica por lo que no la hemos de despreciar a pesar de sus limitaciones”.

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