Dice Freud que, en tanto nuestro aliado en el tratamiento es el yo, limitado por sus dependencias del superyó, del ello y del mundo exterior, “debemos acudir en su ayuda”. Pero para esta tarea, el yo, aunque con sus limitaciones, debe “mantener una cierta medida de consistencia y una parte de intelección ante las exigencias de la realidad”. Es lo que no ocurre con el psicótico, por lo cual “debemos renunciar a intentar llevar a cabo, con el psicótico, nuestro plan de curación. Tal vez renunciar para siempre, tal vez solo por el momento, hasta que hayamos encontrado, para él un plan más apropiado”.
Con el neurótico, para ayudar al yo del paciente frente a las demandas de sus tres amos (el superyó, el ello y el mundo externo), establecemos un pacto: total sinceridad por el lado del paciente y discreción más estricta por parte de analista. Pero más allá de la sinceridad, esperamos que nos cuente no sólo lo que sabe sino también lo que no sabe: para esto se recurre a la regla fundamental y eliminando la autocrítica se abre el camino a un material que “está bajo la influencia de lo inconsciente y, a menudo, es derivado directo del mismo y nos pone en situación de colegir el inconsciente reprimido y, por nuestro intermedio, ampliar el conocimiento que su yo tiene de su inconsciente”.
Surge una primera pregunta: ¿qué es un derivado directo de lo inconsciente? ¿Hay un solo inconsciente que tiene sus derivados? ¿Se refiere al complejo de Edipo y derivados directos e indirectos? ¿Derivados progresivos y/o regresivos?; ¿se refiere en general a la sexualidad infantil reprimida? ¿Cuál es la distancia que separa los derivados del complejo nuclear de las neurosis? Con estas preguntas quiero plantear que me parece que el concepto de inconsciente –o de inconsciente reprimido– no es un concepto unívoco, a menos que se considere –y creo que así lo debía pensar Freud– como núcleo de lo inconsciente reprimido al complejo de Edipo (disculpe el lector estas elucubraciones pero pienso que los conceptos teóricos deben ser precisados, cosa que no puede hacerse con los empíricos, la realidad viene mezclada).
Yo diría que con la asociación libre buscamos liberar la corriente del pensamiento de la autocrítica, que muchas veces está al servicio de la censura y abrir caminos a representaciones que, si bien no necesariamente reprimidas, eran dejadas de lado por la lógica preconsciente y, como tales, tal vez más cercanas a la lógica de los procesos primarios, constituirían un primer paso para acercarnos a las representaciones reprimidas y a lo reprimido, sea este lo que fuere. Y este se define y se presenta de un modo al principio inesperado: bajo la forma de transferencia. 2La transferencia (neurosis de transferencia) es ya una manifestación del retorno de lo reprimido en el cual retorna el vínculo con un otro que quedó cristalizado en el síntoma.
Agrega Freud:
“No es lo deseable cuando el paciente, fuera de la transferencia, act úa 3en vez de recordar; el comportamiento ideal respecto a nuestros objetivos sería que él se comportase fuera del tratamiento lo más normalmente posible y que sus reacciones anormales se exteriorizasen sólo en la transferencia”.
Es ambiguo lo que se entiende por transferencia: ¿es que la transferencia o, mejor dicho, la neurosis de transferencia se da sólo en el tratamiento (acá Freud usa como sinónimos lo que se da en la transferencia con lo que se da en el tratamiento ) o también es neurosis de transferencia cuando se da fuera del mismo? Y dentro del tratamiento, la neurosis de transferencia no es también un actuar en vez de recordar? Aunque fuese sólo verbalmente, el paciente expresa sus sentimientos al analista como algo presente y no como algo recordado; el riesgo es que el analista actúe en la contratransferencia como padre, maestro, etc., respondiendo a las demandas del analizando. Pero muchas veces no está mal jugar momentáneamente ese rol si se tiene conciencia de estarlo jugando (de lo contrario implicaría entrar en la neurosis de contratransferencia), particularmente con pacientes más regresivos.
Pero ¿por qué es mejor que el paciente actúe su neurosis de transferencia con el analista a que lo haga afuera? Lo que se decía en una época, enfatizando las interpretaciones de la transferencia, era que sólo se puede comprobar lo que se ve directamente y que no se puede confiar en las imprecisiones del relato del paciente. A veces se puede evaluar mejor el fenómeno si se lo tiene a cierta distancia (recordado o relatado) que cuando se lo está viviendo. De todos modos pienso que, como analista, no es uno el que puede decidir dónde ha de manifestarse el fenómeno, pero de ningún modo trataría de referir una neurosis de transferencia actuada en el afuera de la sesión a la relación conmigo como analista: por los diferentes personajes con los que se despliega la actuación en el afuera puede diferenciarse con más precisión lo cualitativo de la situación que se está repitiendo. Por otro lado, entiendo que en la época de Freud ciertas acciones en el afuera podían tener muchas más consecuencias sociales que lo que hoy implicaría, por ejemplo, la iniciación sexual en la mujer, un casamiento o un divorcio. Esta referencia de Freud trajo como consecuencia una patologización de lo que se tradujo como acting-out , como un actuar afuera del tratamiento: to act out es “representar dramática o teatralmente” ( Appleton Dictionary ) y no tiene que ver con el actuar “afuera” ni creo que es la mejor traducción de agieren , que es simplemente actuar, el equivalente de agir en francés. Creo que, como plantea Freud en el “Proyecto”, el primer pensamiento es una acción (el movimiento de la cabeza del bebé para encontrar el pecho de frente, en posición para mamar) y, como dice Marx (no recuerdo dónde), “los hombres lo hacen y después lo saben”. Si algo no ha sido desplegado en la acción no termina de ser conocido, recién después de repeticiones y poco a poco se va economizando la descarga en la acción para transformarse en descargas verbales que la signifiquen. Yo creo que el progreso en el análisis se muestra en la ampliación del campo de acción del analizando, acciones específicas de cada uno y correspondientes a cada circunstancia pero que al principio pueden aparecer como repeticiones transferenciales y que pueden ser objeto del análisis allí donde tienen lugar.
Por otra parte casi no veo el tipo de “transferencias” que describe Freud, irrumpiendo en el curso del análisis (me refiero a la intensidad, no a la cualidad de las mismas). Creo que esto tiene que ver con la menor cantidad de neurosis clásicas (en particular de histerias de conversión), la menor represión genital y la mayor libertad en general para tratar temas sexuales sin que necesariamente se erotice la relación. Creo, de todas maneras, que la transferencia (no neurosis de transferencia) erótica (en el sentido amplio de la palabra) es el verdadero motor del tratamiento: un niño debe enamorarse de su maestro/a, un discípulo de su docente (y viceversa) y no cabe duda de que entre analista y analizando, si no existe este afecto no hay motor para el trabajo en común y este afecto se construye con el trabajo mismo.
“Nuestro camino para reforzar al yo debilitado tiene como punto de partida la ampliación de su autoconocimiento. Sabemos que esto no es todo, pero es el primer paso […] Con lo cual la primera parte de nuestra asistencia es un trabajo intelectual de nuestro lado y una invitación a la colaboración por parte del paciente […] Pero jamás omitimos el mantener separados nuestro conocimiento del paciente. Evitamos comunicarle inmediatamente lo que a menudo hemos colegido muy tempranamente o comunicarle todo lo que creemos haber colegido. Reflexionamos cuidadosamente cuándo podemos hacerlo copartícipe de una de nuestras construcciones, esperamos el momento que nos parece apropiado, lo que no siempre es fácil decidir. Por lo general demoramos la comunicación de una construcción, el esclarecimiento, hasta que él mismo se haya acercado tanto a dicha construcción que sólo queda dar un paso, ciertamente la síntesis necesaria. Si obramos de otro modo o lo sorprendemos con nuestra interpretación, la comunicación o bien no tendrá efecto alguno o provocaría una fuerte irrupción de resistencia que dificultaría o inclusive pondría en riesgo la continuación del trabajo. Pero si hemos preparado todo correctamente, a menudo logramos que el paciente confirme inmediatamente nuestra construcción y él mismo recuerde el suceso olvidado, sea este exterior o interior. Cuanto más precisamente se corresponda la construcción con las singularidades de lo olvidado, tanto más fácilmente le será corroborada. En este fragmento nuestro saber ha devenido también su saber”.
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