1 ...6 7 8 10 11 12 ...17 Estamos en el futuro, setenta y dos años después de que fuera escrito este texto (1938). ¿Cuáles son para Freud, los batallones que están en lucha? ¿El yo por un lado, por el otro el superyó, por el otro el ello y los tres enfrentándose con el mundo exterior? Pero es el yo el que a veces se pone de un lado, a veces del otro, por lo tanto la batalla estaría dada entre el yo y las fuerzas que se le oponen; nosotros nos ponemos del lado del yo aunque llega un momento en que, inclusive en oposición al yo, nos ponemos del lado del retorno de lo reprimido. Por lo tanto, simplificando, diríamos que los dos batallones en pugna son el yo versus lo reprimido y nuestra tarea es hacer preconsciente lo inconsciente reprimido.
El resultado estará dado por si los mayores ejércitos están del lado de la resistencia o de lo reprimido. Pero ¿en qué consiste lo cuantitativo? Freud no lo dice acá, o por lo menos no dice más que lo que acabo de comentar. Lo cuantitativo, en el orden psicológico, está dado por el afecto, en este caso por el monto de angustia. Si ésta es demasiado intensa el yo tenderá a estar aferrado con más intensidad a los mecanismos de defensa logrados. Pero también la angustia, lo cuantitativo, tendrá a su vez sus diferencias cualitativas: angustia de desamparo (biológica o de nacimiento), de pérdida de objeto, de castración (y/o miedo a la pérdida del amor de los progenitores) y del miedo al superyó (o sentimiento de culpa).
Las angustias que caracterizan a los procesos neuróticos, de los que acá se ocupa Freud, son la de castración y del miedo al superyó. Las angustias de nacimiento o de pérdida de objeto son las que se dan predominantemente en los derrumbes del yo (acá hablo de predominancia, ya que todos estamos expuestos a los diversos tipos de angustia): son aquellos casos que Freud plantea como no accesibles al tratamiento psicoanalítico y en los que actualmente la farmacología actúa disminuyendo el factor cuantitativo (la angustia) poniendo al yo en mejores condiciones para ser abordado por la psicoterapia, llámese a ésta psicoanálisis (tal vez el término análisis en estos casos no sea el más adecuado ya que en general no contamos con una estructura psíquica a analizar, o sea a descomponer) o psicoanálisis aplicado a la terapia de las psicosis. En las neurosis sigue siendo la psicoterapia lo esencial (a veces ayudada por un fármaco).
¿Qué era ese color de antigüedad que yo percibí en este capítulo? Ahora me parece que tiene que ver con que aquello que Freud definía como diversos momentos fenoménicos del análisis (primero trabajo intelectual, luego neurosis de transferencia, luego enfrentamientos de las resistencias y la diferenciación clínica de dos tipos de necesidad de castigo) yo no los veo como tales, separados en el proceso, pero sí los veo como momentos estructurales que se dan simultáneamente. ¿Tiene esto que ver con diferentes momentos históricos que se dan naturalmente en el psicoanálisis y tal vez en el desarrollo de la ciencia en general: que lo que aparece en la fenomenología deviene en estructura? ¿O tiene que ver con mi modo particular de ver el análisis?
1Abriss der Psychoanalyse. G. W. Tomo XVII. Cap VI.
2Yo prefiero llamar, a esto que Freud describe como transferencia, neurosis de transferencia, ya que corresponden a investiduras reprimidas que retornan de lo reprimido; creo que no toda transferencia tiene por qué ser neurótica.
3El subrayado es de Freud.
4Freud, S.: “Inhibición, síntoma y angustia”, GW, T. XIV, p. 192.
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Diálogo con Freud: El tema del progreso en la espiritualidad en “Moisés y el monoteísmo” 1
Introducción
Para aquellos que no hayan leído el texto completo de “Moisés y el monoteísmo” (no es de los trabajos más leídos, o, por lo menos, comentados) quiero transmitirles las conclusiones a que ha llegado Freud y que son las hipótesis sobre las que trabajé en esta última parte, que es a partir de las cuales trato de desarrollar mi diálogo con él.
La religión judía es la persistencia de la religión del dios Aton, religión monoteísta impuesta por el faraón Iknaton, la cual desplazó al politeísmo anterior. Iknaton fue destituido tras una revuelta y los viejos dioses volvieron a imponerse. Moisés debió haber sido un oficial o sacerdote egipcio del entorno de Iknaton, quien huyó luego de la revuelta y eligió a aquellas tribus que irían a constituir el pueblo judío y les transmitió (o/y se las impuso) como un modo de mantener viva la religión monoteísta de Aton. Supone Freud que Moisés debió haber enfrentado varias revueltas, en una de las cuales fue asesinado, no obstante lo cual, seguramente a través de integrantes de su entorno, tal vez sacerdotes, la idea monoteísta persistió.
Como lo expresé en el título, el punto central de mi interés es el del progreso en la espiritualidad que Freud atribuyó a la religión de Moisés: ¿fue el monoteísmo un avance en la capacidad de pensar, un avance en el nivel de abstracción y universalización de dicho pensamiento?
Comenzando el diálogo Freud nos dice que el pueblo judío es casi el único de “todos los pueblos que en la antigüedad vivieron en la cuenca del Mediterráneo que tanto por el nombre como por la sustancia existe todavía” (p. 212).
¿Qué quiere Freud decir con esta continuidad sustancial? ¿Cuál es la sustancia que hace que alguien sea judío a diferencia de los demás? ¿Hay una raza judía? Freud no desarrolló este tema y se centra en la continuidad cultural, si se quiere, en la sustancialidad cultural, y se pregunta “de dónde viene esta capacidad de sobrevivencia y cómo se relaciona su carácter con su destino...” (p. 212).
En lo que se refiere a sus rasgos de carácter,
“tienen una opinión especialmente alta de sí mismos, se tienen por más nobles, más encumbrados y superiores a los otros, de los cuales se diferencian por sus costumbres [...] se consideran a sí mismos como el pueblo elegido por dios [...] y esto los pone orgullosos y los hace confiables” (p. 212)
y
“según fuentes confiables se comportaban ya en el período helenístico como lo hacen hoy” y “fue el hombre Moisés quien les dejó impreso este rasgo significativo [...]. Pero la autoestima de los judíos experimentó gracias a Moisés un anclaje religioso [...]. Por medio de su relación especialmente íntima con su dios adquirieron una parte de su grandiosidad. Y como sabemos que detrás del dios que eligió a los judíos y los liberó de Egipto está la persona de Moisés [...] podemos decir que fue un hombre, Moisés, quien ha producido al pueblo judío”. (p. 213)
Pasa Freud a intentar dilucidar los significados que encierra la expresión “un gran hombre”. Un hombre puede recibir tal calificación ya sea por su personalidad o por la idea que transmite. En lo que se refiere a la idea, esta puede expresar una antigua expresión de deseos o indicar una nueva meta de deseos. En lo que toca a la personalidad, ésta ha de mostrar rasgos paternos. “La decisión de sus pensamientos, la fuerza de su voluntad, la violencia de sus hechos [...] ante todo su autosuficiencia [...] su divina imperturbabilidad” (p. 217). Y tal vez no le hubiera sido fácil al pueblo judío “diferenciar la imagen del hombre Moisés de la de su dios [...]. Y cuando mataron a un gran hombre, sólo repitieron un crimen” (p. 218), el del padre de la horda.
Pero, en lo que se refiere al progreso en la espiritualidad, dice Freud acerca de un factor de elevación de la autoestima por parte del pueblo judío, a pesar de que las situaciones por las que pasó después no habrían confirmado la noción de haber sido elegido por dios:
“La religión proporcionó a los judíos una representación más grandiosa de dios, o, dicho de un modo más sobrio, la representación de un dios grandioso. Quien creía en este dios, participaba hasta cierto punto de su grandiosidad, debió sentirse él mismo elevado” (p. 220).
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