Este es un simple ejemplo de cómo trataba la prensa al candidato Coso en septiembre, mientras trataba de disimular un simpático video que se vio más en redes que en los “medios hegemónicos”, en el que Coso empujaba a un señor mayor en un bar hasta hacerlo caer al piso. Amiguitos, si no lo vieron es porque mucho mucho en la tele no se difundió. Se les habrá pasado por alto.
Fue durante aquel viaje a Madrid, cuando los loquillos de Podemos organizaron una visita de Coso al Parlamento Español, que Martín Caparrós le pidió una nota al candidato peronista. Y fue charlando en un bar que el escritor de los bigotes le regaló al milonguero argentino su libro El hambre. ¡Para qué!
Alberto tuvo una epifanía. Parece que entonces, por primera vez, pensó en el hambre, no como un “¡uy, las cuatro de la tarde y me pica el bagre!”, no, más bien pensamiento Miss Mundo style: “¿Cómo puede ser que en el planeta, con tanta comida, haya gente que pasa hambre?”. Como diría meses después, ya como presidente en Casa Rosada, con su particular gramática: “El hambre hay un momento en que se convierte en un tema estadístico, el hambre es algo que todos padecimos un ratito, pero no nos hemos puesto a pensar lo que significa pasarlo siempre al problema del hambre”.
Lo dicho: nunca había pensado en el asunto. Por suerte se encontró con Caparrós. Si se hubiera encontrado con García Márquez, quien tal vez le regalara El coronel no tiene quien le escriba, se hubiera puesto a pensar en la incomunicación en los altos mandos del ejército, pero no, le regalaron El hambre y dijo: “¡Eureka! ¡El hambre es urgente! ¡El hambre es lo peor que hay! ¡El hambre es Macri, claro!”. Y eso tenía que resultarle evidente a todo el mundo. ¡Vamos a combatir el hambre! ¡Pucha! ¡Cómo no se nos ocurrió antes! ¿Qué hay que hacer para combatir el hambre? Bueno, no sé, pero lo primero es que hay que decirlo. Así que volvió de Madrid sabiendo tocar “Milonga paraguaya”, porque afinó la sexta en si, y con el temita este del hambre en la cabeza.
La revolución del amor
Esto se convirtió en tema de campaña. “No hay tiempo para pensar desde el día en que asumamos, hay que pensar ya en el día cero”, decían en el equipo del candidato Coso y ponían cara de pensar en el hambre. Con las cifras revoleadas por la Universidad Católica Argentina (uca) —que en diciembre de 2019 llegó a proclamar que la pobreza era del 40,8%, remarcando que el porcentaje dejado por Mauricio Macri era el más alto en la década, pero tuvo que desdecirse cuando el Instituto Nacional de Estadística y Censos (indec) mostró que era del 32%—, el hambre pasó a ser la nueva gran cosa de la que ocuparse. Además, ¿quién va a estar a favor del hambre? Nadie. A todo el mundo le gusta comer.
El 7 de octubre, en plena campaña electoral, en la Facultad de Agronomía —los espacios físicos de las facultades nacionales se usaron como plataforma de lanzamiento del Frente de Todos; si para tal cosa hacía falta suspender clases, se suspendían— se presentó la idea, anunciando que la puesta en marcha del Consejo Federal de Argentina contra el Hambre iba a ser una de las prioridades del próximo gobierno, que el candidato Coso ya daba por descontado que sería él.
Lo primero que se hizo fue llamar a famosos. Siempre los famosos son los que más saben de todas las cosas. El primer convocado debía ser el más famoso y se convirtió en una de las patas fundamentales, el extiragoma Marcelo Tinelli, que se sumó encantado: “Me comprometí a integrar a los argentinos a una mesa, a darle de comer a la gente, a hacer una revolución desde el amor”. Para el presidente Coso era un activo a favor: “Asumió el compromiso de difundir el problema en su programa, que es de los más vistos. Está buenísimo que use su programa para contarles a los argentinos qué es lo que tenemos que hacer”. Claro, porque ¿qué mejor contexto para hablar de hambre, miseria, indigencia y responsabilidad ciudadana que un show donde parejas mediáticas hacen como que bailan y desafinan delante de un jurado de descascaradas glorias de la farándula vernácula subidas a un ego descomunal? “Comiendo por un sueño” no es mal nombre.
Con tanto amor, ¿quién iba a decir que no? Y ahí fueron en alegre montón todos los integrantes de la primera reunión: Agustín Salvia (Observatorio de la Deuda Social Argentina de la uca, el del dato “equivocado” de la pobreza), Sonia Alesso (ctera), Héctor Daer (cgt), Esteban Castro (ctep), Eduardo López (ute), Estela de Carlotto (Abuelas de Plaza de Mayo), Adolfo Pérez Esquivel (Premio Nobel de la Paz), monseñor Carlos Tissera (Cáritas), el empresario Daniel Funes de Rioja (uia-copal), José Martins (Bolsa de Cereales), Roberto Baradel (cta), Isaack Rudnik (isepci), Jaime Perczyk (Universidad Nacional de Hurlingham), Victoria Tolosa Paz (esposa de quien le prestaba el bulín de Puerto Madero al presidente Coso), Edgardo Depetri, Carlos Achettoni (Federación Agraria), Bernardo Affranchino (aciera), Dardo Chiesa (cra), Antonio Aracre (Syngenta), José Luis Tedesco (Aapresid), Pablo Narvaja (Pastoral Social), Gustavo Idigoras (exportadores de cereales ciara-cec), Gustavo Vera (ong La Alameda), el en ese momento “potencial” jefe de Gabinete Santiago Cafiero, Mario Cafiero, Gabriel Yedlin (ministro de Desarrollo de Tucumán), la cocinera Narda Lepes, Vilma Ibarra, la diseñadora María Cher, Vanesa Defranceschi, la esposa del hijo de Ernestina Herrera de Noble de Clarín (quien ya se había mostrado en los festejos del 27 de octubre, cuando el presidente Coso ganó las elecciones), Juan Vasco Martínez (asu), Luis Galli (Newsan), Rosario Altgelt (ceo de Latam) y, claro, Martín Caparrós, que fue el que regaló aquel libro.
Es cierto que los mal intencionados de siempre criticaron el Porsche con el que Marcelo Tinelli llegó a las oficinas de la calle Encarnación Ezcurra en Puerto Madero, el barrio más carísimo de Buenos Aires. Tan mala es la gente que rápidamente, por la patente del Porsche Cayenne, sacaron que tenía solo en la ciudad 38.000 pesos en multas impagas, una de ellas por estacionar en lugar reservado para discapacitados. Era de esperar que el discapacitado no tuviera hambre, hubiera sido el colmo. No se puede ser bueno. También criticaron la sonrisa de María Cher, a quien exempleados acusaron públicamente en las redes: “Miles de horas extras nunca pagadas, me hacían mentirle a la afip, mayoría de sus empleados terminaron con juicios laborales, no hacía los aportes! Trato pésimo a los empleados, AHORA quiere un país mejor?”. Por suerte, estaba Jorge Rial, que si bien no había sido invitado, se hacía cargo de las críticas y tuiteó: “Por lo menos intentan ir contra el hambre, no aumentarlo como los ricos que se van”.
Sin preocuparse por las críticas, Tinelli, exultante, enfrentó a los periodistas que lo esperaban a la salida de las oficinas del 7° piso, afirmando: “Espero que esto sirva para terminar con la grieta en la Argentina”.
Así finalizaba la primera reunión de la Mesa contra el Hambre.
Tarjeteando
Comenzaron regalando plata del Estado, que es la primera idea que se le ocurre a alguien que se encuentra de golpe con dinero y pobres. El plan constaba de tres pasos. Lo urgente, tarjeta “inteligente” que se sumaba a la Asignación Universal por Hijo (auh) para todas las madres en “situación de pobreza” con niños menores de 6 años. El segundo paso sería, más tarde, la creación de una canasta básica de alimentos acordada con los empresarios, o sea, “arremanguémonos y hagan ustedes el esfuerzo, que ya de alguna manera se lo voy a compensar”. El tercer paso, más estructural, o sea, para “algún momento indefinido del futuro”, la puesta en marcha de programas de infraestructura para garantizar agua potable y soluciones habitacionales.
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