Se ve que el cacique no tiene televisión y no se ha enterado de que a muchos funcionarios les es más fácil revolear bolsos que admitir el mérito del trabajo.
10, 8, 7 pozos
Hay que reconocer que Marcelo Tinelli intentó una ayuda concreta.
En febrero, después de escuchar por teléfono las lágrimas del gobernador salteño, se comprometió a hacer pozos de agua. El 13 de febrero de 2020, el gobernador Gustavo Coso Sáenz tuiteó, feliz, su agradecimiento: “Gracias @cuervotinelli y a un grupo de empresarios que construirán 10 pozos de agua en las zonas más críticas. Empieza a hacerse realidad el sueño, de vivir en un país más justo, solidario y federal. No es uno contra todos, JUNTOS vamos a salir adelante”, y agregó tres emoticones cual quinceañera fan de Katy Perry.
No explicó el gobernador por qué hubo que esperar que una celebrity se sensibilizara para cumplir una obligación básica del Estado. El tuit era una gran muestra de incompetencia estatal, pero Coso Sáenz estaba chocho con sus emojis.
El 11 de marzo, un mes después de la declaración urgente del anuncio de los diez pozos, y para mostrar que la cosa iba en serio, Tinelli apareció en Salta. Por supuesto, no estaba solo; allí pusieron la cara Victoria Cosa Paz, Marcelo Mindlin (Pampa Energía), Guillermo Nielsen (ypf), Eduardo Kronberg (Toyota), el gobernador Sáenz y, al fondo, el intendente de Santa Victoria Este, Rogelio Nerón.
Recién bajaditos del avión, todos muy contentos se sacaron la foto, para que nadie pensara que era un show con los pobres, y firmaron el acta de compromiso por el cual el plazo de ejecución de los ocho pozos serían seis meses. Sí, ocho pozos. Dos quedaron en el camino. También hablaron de “cambiar la historia”, porque por menos no me tomo un avión hasta Salta.
Entonces vino la cuarentena, y quizá por acceder a información privilegiada Tinelli pudo tomarse un avión privado justo unas horas antes de que nada se pudiese mover en el país para instalarse en su mansión soñada de 850 metros cuadrados en el Campo Trafipán, con lago y todo, en Esquel. A mitad de abril, se pidió otro avión privado, porque el pibe de Glovo no llegaba hasta allá. Él asegura que desde Buenos Aires le mandaron medicamentos para su hija en un vuelo privado que solo salió 11.800 dólares.
En ese momento, según la revista Noticias, entre el 6 de marzo y el 27 de abril Tinelli libró 78 cheques sin fondos por un total de 32.852.520 pesos, y en dos de sus empresas la situación todavía era más crítica.
Volvió a Buenos Aires, la opinión pública cada vez lo trataba peor, pero tuvo una buena noticia para contar.
El 13 de mayo, tuiteó: “Para mí hoy es un día de profunda emoción y alegría. Esta mañana comenzamos las obras de perforación del segundo de los siete pozos de agua potable que nos comprometimos construir para los pueblos Wichis en Salta”, acompañado de un video donde los trabajadores le mostraban la perforación y le agradecían. Sí, siete pozos.
En febrero eran diez, en marzo eran ocho y en mayo eran siete. Tres meses antes de la fecha prevista para la finalización de los pozos, recién iban a comenzar el segundo. A finales de septiembre, no hay noticias de los demás pozos, ni de cuántos serán, ni de si están ya en funcionamiento los primeros. Por lo pronto, las obras planeadas eran, según analistas de la zona, superficiales, con bastante concentración de arsénico en el agua —el viejo problema—, ya que los de agua dulce y buena están debajo de los 120 metros, en líneas generales, y son bastante más costosos.
En medio de todas estas vicisitudes, Tinelli apareció en un documento secreto de la Unidad de Inteligencia Financiera del Tesoro de los Estados Unidos por utilizar una sociedad off shore para girar dinero a ese país. Una pena que los lobos de Wall Street no supieran que lo único que le interesa a Marcelo es hacer seis pozos de agua para los wichís.
Jubilados hambrientos
Si de verdad el interés era el hambre, hubiera sido interesante no darles los jubilados un mazazo histórico como el que recibieron unos días antes, el 14 de febrero de 2020. Ese golpe no pudo disimularse ni con el enorme poder de fuego mediático puesto en marcha para hacer creer que un ajuste brutal a los haberes de 16.500 pesos en adelante fue en realidad un “aumento”.
Por una horrible ley del gobierno neoliberal de los ceo desalmados que por suerte terminó en diciembre de 2019 con una pobreza del 6.000%, según el papa; una ley que hizo famoso al Gordo Mortero; una ley que sufrió 14 toneladas de piedras y los forcejeos de los legisladores peronistas peleando contra la policía, a todos los jubilados les correspondía un 11,56% de aumento. Pero privilegiando el decreto presidencial de Coso por encima de la ley, quienes cobraban 16.500 pesos recibieron un 11,39% de aumento, y a los que percibían haberes superiores a esos 16.500 pesos les aplicaron escalas descendentes hasta llegar a incrementos de solo un 3,6%. Es increíble que hayan podido presentar eso como un “aumento”. Miles de pesos por mes que por ley el Estado debía devolver a los jubilados quedaron ahora en manos del gobierno.
¿Qué tiene de justicia “achatar” la pirámide?
En un sistema justo, quienes más cobran son quienes más aportaron. “Aportaron” quiere decir que pusieron dinero en el sistema, dinero que ganaron trabajando y que un decreto presidencial les ha robado. Todo se disimula en la lucha contra “la desigualdad”. Claro, es más fácil luchar contra la desigualdad que contra la pobreza: todos pobres, todos iguales.
En febrero, el Estado dio una señal más de a quién castiga y a quién beneficia. Castiga a los que trabajaron, fueron productivos y contribuyeron al sistema con su sacrificio. Por supuesto, el relato, totalmente refractario a cualquier dato de la realidad, habla de favorecer a los desprotegidos, porque cambiar el significado de las palabras es lo que saben hacer.
Ese esfuerzo que se les pidió a quienes cobraban desde 16.500 pesos en adelante fue importante para seguir sosteniendo un aparato burocrático que llega a niveles nunca vistos, no para bajar el déficit, que sería algo que a largo plazo podría beneficiarnos.
En agosto de 2020, la jubilación mínima era de 18.128 pesos; la línea de indigencia para una familia, de 18.100 pesos. Estaban creando hambre al tiempo que se juntaban en la mesa del hambre con Narda y Estela de Carlotto.
Por eso, hoy los mayores no les insisten a sus descendientes para que no se vayan. Viven la impotencia del que trabajó toda su vida, fue honesto, se privó de vacaciones o mínimos gastos y siente que un grupo privilegiado de políticos, en nombre de la “solidaridad”, usa su dinero para despilfarro propio u, otra vez, fidelización partidaria.
No suena casual el castigo.
Las personas mayores fueron de las más críticas al nuevo gobierno y se sienten blancos de una venganza perversa. Ahora vendrán los juicios, pero la lógica del poder contará con la lucha entre los tiempos biológicos y los tiempos de la Justicia. Sí, el gobierno esperará ganar por abandono como ya lo hiciera Sergio Coso Massa en tiempos en que dirigía la Administración Nacional de la Seguridad Social (anses). Que hagan juicio y traten de no morirse antes. Y si sobreviven, que sea un próximo gobierno el que se haga cargo.
Con todo lo terrible que es que le saquen miles de pesos a quien aportó toda su vida, no es lo peor que hizo el gobierno al cambiar la ley por un decreto. Lo peor fue que lo que estaba institucionalizado se convirtió en concesión graciosa del rey. Se perdió un derecho y se ganó una dádiva. Esa parte del país que no eligió a esta administración no quiere vivir de dádivas.
“La mesa es para la gilada”
La tarjeta alimentaria para resolver el problema del hambre, que diseñaron Pérez Esquivel, la Unión Industrial Argentina (uia), la Iglesia, los sindicatos y Marcelo Tinelli recién bajado de su autazo importado con multas impagas, y que repartieron el ministro Coso Arroyo y la Cosa aysa de Massa a las sonrisas limpias por todo Tigre, no previó la temporada de muertes de nenes wichís, como dijo la ministra de Salud de Salta. ¿No es para festejar?
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