Con 300.000 pesos, fueron beneficiados el Batacazo Cultural, Arte y Salud Mental II, la Cooperativa de Trabajo El Tanque, El Centro Cultural La Tribu 2020, el Proyecto Nuevo Uriarte, Otra Historia, Espacio Cultural Simona, Vermú Social Clú Espacio Cultural y Panda Rojo Espacio Cultural.
Recibieron 320.000 pesos Casona Cultural Humahuaca, Centro Cultural El Sueñero, Clásico Fernández, Cooperativa Cultural QI, Centro Cultural El Surco, Espacio Sísmico, La Minga Club Cultural, La Paz Arriba, Luzuriaga Club Social, Espacio Cultural Puerta Medrano, Vuela el Pez de la Asociación Civil El Hormiguero por la Igualdad, Dignidad y Libertad.
El monto mayor de esta convocatoria fue de 360.000 pesos y correspondió a Feliza Cultural Arcoíris, La Casa del Señor Duncan, La Confitería Centro Cultural, Centro Munar y La Casa del Árbol.
En el “mientras tanto”, Lucía de la Torre, como vocera de la convocatoria Emergencia Cultural ba, dijo el 20 de agosto: “Hay líneas de subsidio y financiamiento en la ciudad de Buenos Aires, pero ninguna es una partida extraordinaria que ayude al sector. Son todas las líneas que ya están estipuladas cuando se aprobó el presupuesto 2020. Lo que estamos pidiendo concretamente es que se implementen políticas extraordinarias para ayudar en este contexto”.
El pronunciamiento es raro, porque el 28 de mayo, tres meses antes, ya se había cerrado y se estaba entregando el dinero de una convocatoria especial por la emergencia sanitaria, que se denominó “apoyo económico extraordinario para acompañar y sostener el trabajo de espacios culturales y de artistas y gestores culturales de la ciudad”, que dio 35.000 pesos a 107 postulantes, 75.000 pesos a cada uno de los 108 seleccionados y 50.000 pesos a 18 peticionantes, con temas que van desde la introducción al beatbox atp y la creación del banco de sonidos de beatbox, un taller de tallado en gomaespuma, laboratorios de circo contemporáneo hasta reflexiones queer, clases de piano en la villa 21-24 de Barracas, o los nuevos trabajos de Albertina Carri, Corina Fiorillo y Analía Couceyro.
Habría que avisarle a la gente de la Emergencia Cultural ba que, antes de quejarse, debería mirar si lo que pide no es acaso lo que ya hay.
“Sobre todo —dicen los firmantes del petitorio— exigimos que quienes tienen la responsabilidad de gestionar el bien público se pongan a la altura de la historia y de los hechos”. Se ve que no consideraron a la altura de la historia el hecho de que el Bamúsica hiciera por la emergencia sanitaria un segundo llamado en el mes de agosto para su línea de subsidios, al que pueden presentarse clubes de música en vivo o establecimientos, músicos solistas o grupos de músicos estables.
Los establecimientos que por este plan recibieron más de 489.000 pesos cada uno son Archibrazo, Che Yo Te Avisé, Centro Cultural Strummer, Thelonius Club, Cultural Moran, Makena, La Biblioteca Café, Liverpool, Club Atlético Fernández Fierro, Plasma, JJ Circuito Cultural, La Bohemia, Ladran Sancho, Café Vinilo, Emergente Almagro, Almabasto, Circe Fábrica de Arte, Gregón, Virasoro, Salón Pueyrredón, Bien Bohemio, Club V, Galpón B, Bargoglio, el Torquato Tasso y la Casa Brandon. Y con 382.000 pesos fueron beneficiados el Club de Música, Buenos Ayres Club, Taconeando, Club Cultural Matienzo, Éter Club, Zorra Espacio Cultural, El Quetzal Casa Cultural, La Paila, Notorius, Centro Cultural Richards, Al Escenario, Caledonia y el Bebop Club.
También recibieron subsidios 143 solistas o grupos, que van de los 10.000 a los 25.000 pesos. Entre estos músicos, los hay reconocidos, como Lito Vitale, Diego Frenkel, Lidia Borda, Fena Della Maggiora, Susy Shock o Paula Maffia, junto con otros músicos de mucha menor popularidad.
No me queda claro qué quiere decir que varios de los sitios y artistas impulsores de la Emergencia Cultural ba sean a su vez beneficiarios de los subsidios. Quizá se trata de una sana expresión de libertad: “Que me des la plata no hace que te deba pleitesía”. También puede ser cierta ceguera a la hora de reconocer el esfuerzo que realiza toda la sociedad, porque tal vez los artistas no lo sepan, pero no son los únicos que la pasan mal por la cuarentena. En ese sentido, el pedido de una “renta cultural extraordinaria mientras dure la emergencia sanitaria y se pueda volver a trabajar” suena a burbuja en un país cuyo ingreso promedio individual del total de la población alcanzó, en el segundo semestre, los 16.174 pesos y se ubicó por debajo de la línea de indigencia. Ese promedio individual es menor a lo recibido por subsidio por la mayoría de los artistas porteños.
También la danza ha tenido su ayuda en este 2020, a través del Prodanza. Así, fueron 330.000 pesos para Barbados Artes Escénicas; 220.000 pesos para la Asociación Civil para la Promoción y Difusión de las Artes Performáticas; 170.000 pesos para el Movaq Aquelarre en Movimiento; 138.511 pesos para la Asociación Civil Crisol Proyectos Sociales; 120.000 pesos para la Sala Ideas Descabelladas, Ana María Garat, Lucas Carmenini, Adriana María Barenstein, Jorge Claudio Amarante, Soledad Pérez Tranmar, Rosario Lucía Villagra y para la Asociación Civil Runakay Kudaw.
Se destinaron 80.000 pesos para becas de estudio Face, la Asociación Civil Consorcio Distrito de las Artes y veintiocho grupos eventuales. Otros veinticinco grupos eventuales recibieron subsidios de 50.000 pesos y setenta, de 30.000 pesos.
Se nota mucho
¿Es poco el dinero entregado?
¿Podría ser más?
Tienen razón los artistas de Emergencia Cultural ba cuando dicen: “La mayoría de nuestras fuentes de trabajo, proyectos y espacios están en peligro real”. Les pasó a unas sesenta mil pymes en todo el país, que ya cerraron para siempre, muchas de las cuales no tuvieron ni de cerca el apoyo que recibieron los trabajadores de la cultura porteña.
¿Por qué no han puesto el mismo interés en reclamarles a las provincias —mucho menos a la provincia de Buenos Aires— y ni hablar de algún reclamo a las autoridades culturales de la nación?
Los artissstas no piden, no solicitan, no invocan, no pretenden, no reclaman, no procuran ni intentan la emergencia cultural.
La exigen.
Y no para todos los artistas del país.
Solo para los porteños.
¿Qué altar creerán que se merecen? ¿Cómo pueden interpretar la sensibilidad de las personas comunes desde ese pedestal de autocomplacencia y soberbia en el que se erigen? ¿De qué color será el cielo en el planeta ese en el que viven, en el que son importantes y tienen como misión aclararles a los simples mortales los intríngulis de la vida?
Artissstas, ¿a quién se comieron?
La mesa contra el hambre
Que el hambre es un problema estructural en Argentina es evidente hasta para cualquier viajero inadvertido que, llegado a Ezeiza, entre a la ciudad de Buenos Aires por la autopista Ricchieri. En menos de quince minutos, las casillas miserables y el hacinamiento informan que la pobreza no es un fenómeno fugaz y que tardará mucho más en erradicarse que el largo tiempo que le llevó instalarse.
En estas circunstancias, las jugadas de marketing son no solo inconducentes, sino también contraproducentes. Es un “como si” se hiciera algo mientras las causas profundas quedan ahí y se profundizan aún más. Se trata de un placebo para las buenas conciencias que se felicitan por estar del lado correcto y se van a sus casas después de la foto. Los pobres seguirán con hambre, pero ese no parece ser el problema.
El último simulacro concebido por el gobierno del presidente Coso en su inquebrantable lucha contra la pobreza se llamó la Mesa contra el Hambre. Merece un recorrido.
La sexta cuerda desafinada de Jorge Drexler
Hasta las tres y media de la mañana se había quedado el candidato Coso con Jorge Drexler dale que dale a la guitarrita en la embajada uruguaya en Madrid. En embelesada nota, el 5 de septiembre de 2019 Clarín contaba que Alberto Coso le pedía a un encandilado Drexler consejos para tocar “Milonga paraguaya”, que a él no le salía, pobre, porque no se daba cuenta de que tenía la sexta cuerda afinada en mi, y Drexler, en si.
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