1 ...6 7 8 10 11 12 ...15 En la noche del 15 de febrero de 1898, el barco estalló y se hundió en el puerto de La Habana, causando la muerte de tres cuartas partes de su tripulación. Los estadounidenses culparon a España y los españoles a Estados Unidos, aunque una investigación que data de la década de 1970 concluyó que la explosión había sido probablemente ocasionada por una acumulación de polvo de carbón en el contenedor para almacenamiento de carbón del barco.
Los periódicos estadounidenses, buscando aumentar sus ventas, atizaron la indignación sobre el hundimiento del acorazado y publicaron artículos provocadores sobre supuestas atrocidades españolas. En medio de gritos de «¡Recordemos al Maine!», el Congreso de Estados Unidos aprobó una resolución que exigía la libertad de Cuba y la retirada de todas las tropas españolas. España se negó, lo que dio inicio a la guerra hispano-estadounidense.
Las tropas estadounidenses inundaron el oriente de Cuba y atacaron las guarniciones españolas, muy debilitadas ya por los persistentes ataques rebeldes y la propagación de la fiebre amarilla. Los españoles lucharon ferozmente y ganaron algunos enfrentamientos, pero la situación cambió cuando los estadounidenses adoptaron las tácticas de «cubrirse y ocultarse» de sus camaradas rebeldes.
Los españoles retrocedieron gradualmente a Santiago, que sufrió el embate del conflicto de diez semanas. La ciudad fue bloqueada por la flota estadounidense y rodeada por el ejército rebelde bajo el mando del general Calixto García. El conflicto terminó con el Tratado de París de 1898. España cedió el control de Cuba, Puerto Rico, Guam y Filipinas. Con la pérdida de estas últimas colonias, el poderoso imperio de quinientos años llegó a su fin.
Las tres guerras consecutivas de independencia de Cuba causaron estragos durante tres décadas, y Bacardí & Compañía había estado en bancarrota no declarada aproximadamente veinte años. Con todo, fue un milagro que la empresa productora de ron no haya cerrado ni suspendido operaciones por lo menos de manera temporal. A lo largo del implacable ciclo de guerra, hambruna, enfermedad y depresión económica, Facundo Bacardí Moreau, el maestro mezclador, insistió en llevar un estricto control de calidad. La familia mantuvo la destilería en marcha y su producto en el mercado.
Cuando Cuba obtuvo su independencia, la empresa apenas se mantenía flote. Como muchos en la isla destruida por la guerra, estaba herida, adolorida y con necesidad de cuidados… pero había sobrevivido.
Poco después de que Emilio regresara a Santiago de África del Norte, Henri y los hermanos Bacardí Moreau tuvieron una reunión para examinar la estrategia a seguir con miras a sacar a la compañía de la quiebra y hacerla crecer de nuevo. Deben haber discutido las responsabilidades y funciones que cada uno iba a desempeñar. Esto condujo a una tradición de elegir al mejor y más capaz de la familia para asumir las riendas de los asuntos empresariales, así como mantener firmemente la sucesión «dentro de la familia».
Tras el retiro y deceso de su padre, Emilio permaneció a cargo, convirtiéndose en lo que en términos actuales sería el presidente del Consejo de Administración de la empresa. Además, debido a sus inclinaciones sociales, literarias, artísticas y políticas, con toda seguridad debe haber estado muy involucrado en las relaciones públicas (de haber existido ese término) y es probable que también haya ejercido gran influencia en la parte publicitaria.
Henri, quien había estado fungiendo como presidente interino y director de operaciones, estaría ahora a cargo de lo que se denomina «operaciones comerciales», lo que hoy es el presidente y director ejecutivo de la destilería.
Facundo hijo, siempre trabajando sin descanso y en silencio en el área de producción, y completamente obsesionado con la calidad, sería ahora el vicepresidente de producción.
José, en La Habana, tendría responsabilidades relacionadas con la promoción y publicidad.
ESTABILIDAD Y PRESTIGIO, PERO INGRESOS REDUCIDOS
La familia estaba lista para enfrentar el futuro, sacar a la compañía de la bancarrota y embarcarse en la ruta a la prosperidad.
La motivación y la voluntad para triunfar estaban allí, concentradas en el ADN de la familia Bacardí, pero el éxito económico no sería fácil ni llegaría de inmediato.
En 1900, Henri viajó a París para asistir a la Exposición Universal, la madre de todas las exposiciones internacionales. La primera exposición mundial del nuevo siglo celebró los logros del siglo previo y le dio notoriedad a los mejores, más brillantes y destacados de la naciente era moderna.
Eran las grandes ligas, por decirlo de algún modo. Los expositores no solo promovieron sus productos ante una inmensa audiencia internacional —casi 50 millones de personas visitaron la exposición de París durante los ocho meses que duró—, sino que también se otorgaron premios prestigiosos en varias categorías de inventos y productos.
Un triunfo aquí, en el año en que se presentaron el cine sonoro, la escalera mecánica, el motor diésel y el metro de París, le proporcionaría un impulso tremendo a la marca del murciélago y a su reputación creciente de ser el ron de mejor sabor del mundo.
Como era de esperarse, Bacardí se llevó la medalla de oro en su categoría. Los reconocimientos siguieron llegando y de cara al exterior parecía ser un momento de prestigio y fama. Sin embargo, seguía entrando muy poco dinero.
Había paz y estabilidad en el país, la economía cubana estaba mejorando y el singular ron blanco obtenía renombre internacional, pero pasarían años antes de que Bacardí recibiera ganancias.
Aunque el panorama financiero estaba mejorando, la compañía seguía operando con pérdidas. En 1880 registró ventas brutas de 45 000 pesos (alrededor de 83 000 dólares), pero por una u otra razón gran parte de esos ingresos nunca pudieron recaudarse.
Veinte años después, el total de las ventas brutas en 1900 fue de 240 000 pesos (alrededor de 442 000 dólares) y la recaudación de los ingresos había mejorado de forma notable. Sin embargo, la compañía seguía saldando una gran deuda.
En el trayecto, la extraña combinación de guerra, paz y ron ayudó a establecer la presencia de Bacardí en el inicio de la «edad de oro de los cocteles».
HISTORIAS DEL ORIGEN DE ALGUNOS COCTELES CLÁSICOS
Durante la transición a un gobierno electo, los soldados estadounidenses que habían combatido junto a los patriotas cubanos fueron alojados en filas interminables de tiendas de campaña a lo largo del Paseo del Prado, una de las principales avenidas de La Habana. Tenían los bolsillos llenos de dólares y frecuentaban bares y restaurantes locales.
En el verano de 1900, los soldados también recibieron los primeros cargamentos de Coca-Cola de la isla.
Cuenta la historia que un hombre llamado Fausto Rodríguez, quien trabajaba como mensajero para el Cuerpo de Señales del Ejército de Estados Unidos, solía frecuentar The American Bar, en la calle Neptuno, donde se vendía mucho ron BACARDÍ. Estando allí un día, en 1900, Rodríguez vio a un militar estadounidense, conocido como el capitán Russell, ordenar BACARDÍ y una Coca-Cola con limón fresco. Los soldados estadounidenses que estaban celebrando el final de la guerra probaron la bebida y les encantó. Mientras debatían qué nombre darle al coctel, un soldado sugirió «Cuba libre», y todos elevaron sus vasos para brindar con el grito de guerra de los rebeldes: «¡Viva Cuba libre!».
Y así, la novedosa mezcla de ron BACARDÍ y Coca-Cola empezó a conocerse con el nombre de «cubalibre».
Tiempo después, Rodríguez relató, bajo juramento, el origen de la bebida, declaración que se encuentra en la actualidad en la colección de los Archivos Bacardi en Miami.
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