Héctor Cirigliano - El abuelo pampa

Здесь есть возможность читать онлайн «Héctor Cirigliano - El abuelo pampa» — ознакомительный отрывок электронной книги совершенно бесплатно, а после прочтения отрывка купить полную версию. В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: unrecognised, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

El abuelo pampa: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «El abuelo pampa»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

El abuelo pampa es una novela histórica en la que se mezclan personajes de ficción y hombres que fueron protagonistas de la historia argentina del siglo XIX.
Un viejo indio, nacido de padres pehuenches asentados en las tolderías del cacique Pincen, en Potrillo Oscuro, en la actual provincia de La Pampa, cuenta a sus tres nietos varones la historia de su avida y la de su pueblo.
Cuando se produjo la llamada «Campaña del Desierto», comandada por el general Roca, de los aproximadamente cuarenta mil nativos americanos que poblaban la región pampeana –entre los que cuatro mil o cinco mil eran guerreros y los demás «chusma», como se llamaba a las mujeres, niños y viejos–, muchos huyeron hacia la cordillera para cruzar por los llamados boquetes, pasos de poca altura hacia Chile, y los más débiles y viejos perecieron mientras atravesaban el desierto.
El viejo Calquín Millá, «Águila de Oro», ya con muchos años a cuestas, llega con su familia a Pehuenia, luego de muchas vicisitudes, huyendo de las tropas. Allí construye una ruca (cabaña) cerca del lago Aluminé, donde comienza una nueva vida, en la tierra de sus ancestros, entre araucarias añosas, rodeado de un paisaje donde los lagos, las montañas y los pehuenes nos muestran la armonía de la naturaleza.
En esa ruca, durante un largo invierno va desgranando los recuerdos de su vida en la llanura pampeana, desde cuando era un niño, hasta la huida tras la irrupción de la expedición militar comandada por Julio A. Roca.

El abuelo pampa — читать онлайн ознакомительный отрывок

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «El abuelo pampa», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

El otro mal fue el alcohol, el pulcu huinca. La mayoría de la gente, hombres y mujeres se aficionó al aguardiente y a la ginebra degradando a nuestro pueblo y dejándolo a merced del huinca. Contaban los antiguos que todo era distinto antes de la llegada del conquistador. Nunca les creímos a los hombres que llegaron del otro lado de las aguas grandes, de sus bocas salían mentiras y engaños y no cumplían con los tratos hechos con nuestros caciques. Ellos dejaban los tratados escritos en papeles, pero para nosotros valía más la palabra, pero no la respetaron. Por eso nosotros reaccionamos de esta forma con el huinca. Cómo podemos dejar que nos roben, nos maten, nos traigan sus pestes y sus vicios y así se arruine nuestra cultura, nuestras costumbres, nuestra forma de vida. Somos gente como ellos, no somos animales ni bestias feroces, pero defendemos lo que consideramos nuestro.

Así fui creciendo y pasando los inviernos como lo hacían los demás chicos de la tribu, con nuestros juegos y el contacto con la naturaleza.

Cuando llegué a los cuatro años mi padre me regaló un caballo alazán, muy manso y me dijo que ya tenía edad para agujerearme las orejas, como se hacía con todos los niños y niñas de esa edad. Los cristianos le dicen bautismo, lo hacen mojándole la cabeza con agua al chico y agradeciendo a su dios.

Cuando llegó el día llevaron al caballo a un descampado frente a los toldos y le manearon bien las patas. Después los hombres lo hicieron acostar en el suelo donde quedó tendido y quieto. Nuestros caballos estaban acostumbrados a todo y no era necesario castigarlos a rebencazos como hacen los gauchos.

A mi me pintaron el cuerpo y la cara con pinturas de varios colores y me acostaron sobre el caballo, mirando hacia el lugar donde sale el sol.

Alrededor del caballo estaban todos los principales de la tribu, el cacique, la machi, los familiares y amigos de mi padre formando una rueda. Más atrás hacían otro círculo las mujeres que rezaban y cantaban pidiendo a los dioses salud y larga vida para mí.

Esto mismo que les cuento se lo hicimos a ustedes tres.

–Si abuelo –dijo el más pequeño–. Yo de eso me acuerdo porque me dolió mucho, pero no lloré y me aguanté el pinchazo.

–¡Ah! Ese toro, que aguanta como un hombre –dijo el viejo sonriendo–. Cuando estábamos todos en la ceremonia, uno de nuestros hermanos agarró un hueso de choique bien afilado y con mucha punta. Con el hueso me perforó las dos orejas y me pusieron unas crines para que no se cerrara el agujero. Después de un tiempo, cuando estaban curados me pusieron aros de plata. Los usábamos las mujeres y los hombres.

Con el mismo hueso le fue haciendo un raspón en la mano o en la pierna a todos los que me rodeaban y esa sangre se la ofrecieron a Huecuvü, el mayor de los espíritus malignos, para que no me hiciera daño. Nosotros en la llanura le decíamos Hualicho. Había que estar bien con él y ofrecerle algo a cambio para no enojarlo.

Cuando terminó todo carnearon una yegua gorda y se hizo una gran reunión con parientes y amigos para festejar el acontecimiento. Después que terminaron de comer y tomar pulcu, todos los parientes trajeron los huesos del costillar y los amontonaron delante de mí. Mi padre me dijo que por cada uno de esos huesos me iban a traer un regalo y yo me puse muy contento. Después de unos días me trajeron un ternero, una yegua y aros de plata para las orejas. Así fue mi bautismo, aunque yo era chico y no me acuerdo bien de todo lo que pasó ese día.

De chico aprendí a montar. Tendría cinco o seis años cuando acompañaba a mi abuelo a recoger huevos de patos silvestres y de gallaretas a la gran laguna. Los poníamos en un canasto de juncos tejidos para no romperlos. Él sabía la época de anide y siempre encontrábamos grandes cantidades que cocinábamos en el fogón, entre las cenizas calientes. En abril o mayo anidaban los cisnes y en primavera los patos y las gallaretas. También juntábamos yuyos medicinales para la curandera de la tribu, que ya era muy vieja y no podía hacerlo. El abuelo conocía muchos yuyos y se los llevaba al toldo. Allí la Machi los dejaba secar y después los usaba cuando alguno de los nuestros caía enfermo. Los cristianos usan otros remedios, pero nosotros aprovechamos lo que nos da la naturaleza. Las curanderas conocen yuyos para todas las enfermedades y los saben usar de diferentes maneras.

Bueno, por esta noche terminamos, ahora a sus catres a dormir bien abrigados con sus cueros. No hagan ruido que la abuela y Nampe duermen. Mañana seguiremos con otra historia.

Capítulo III

…A la avestrucera la empleaban entonces los gauchos, lo mismo que los indios, con una mano arrojaban con fuerza al aire una de las bolas conservando la otra y al impulso del tirón la boleaban y tiraban…

La lanza rota – Dionisio Schoo Lastra

–Abuelo, hoy queremos que nos cuentes como eran esas grandes cacerías en la llanura, de las que siempre hablaste –dijeron Nahuel y Nehuen a coro. Pehuen asentía con su cabecita.

–Vos dijiste que a ustedes les gustaba mucho cazar, y que se reunían grandes grupos de gente para prepararse mucho tiempo antes –comentó Nahuel.

–Bueno, trataré de contarles lo que recuerdo de aquellos tiempos en que salíamos a bolear guanacos, gamas y ñandúes. Era una de las cosas que más nos gustaba hacer, además de conseguir carne fresca para el invierno y cueros y plumas para cambiar en la frontera por ropa y vicios.

Era muy distinta, según lo que me contaron los viejos, la forma de cazar antes que llegaran los cristianos. No teníamos caballos y todo lo hacíamos a pie, recorriendo grandes distancias con nuestras armas. Nuestros antepasados además de boleadoras y lanzas usaron arco y flecha. Cuentan que eran muy buenos arqueros y podían flechar animales a gran distancia. Más al sur, los tehuelches y otros pueblos siguen usando el arco, pero nosotros lo dejamos cuando aprendimos a amansar al caballo.

–¿De qué hacían los arcos abuelo? –preguntó Nehuen.

–Los arcos los hacían con cañas colihue, lo mismo que las flechas. El arco era una caña más gruesa y flexible o a veces se partían y se ataban superpuestas con tientos finos de cuero de guanaco para hacerlos más resistentes. En los lugares donde no había cañas se hacían con una rama flexible de árboles de la zona. Las cuerdas estaban hechas con tendones y tientos bien retorcidos y engrasados para protegerlos de la humedad. De eso casi siempre se encargaban las mujeres, que eran más habilidosas. Se sujetaban bien en las puntas del arco por medio de un nudo y así se armaba el arco, con la cuerda bien tirante. Medía un metro y medio más o menos y era fácil de llevar. Las flechas eran cañas más delgadas y bien rectas. Se les sacaban las hojas con una piedra afilada y se pulían con arena gruesa. Después se ataban todas juntas para mantenerlas bien derechas y se dejaban secar en la ruca o en el toldo. Si eran torcidas se enderezaban con fuego y un cuero húmedo. Las puntas las hacía algún artesano muy diestro, que conocía las piedras y las sabía golpear para sacar los mejores trozos y darles filo y punta. Tenían lugares especiales donde hacían las puntas, que se llamaban picaderos. Cuando encontraban vidrio cerca de los volcanes hacían flechas muy buenas y filosas, aunque usaban muchos tipos de piedra, según la zona de la tribu. También hacían puntas de hueso de los animales que cazaban y algunas de madera dura para animales más chicos. La cuestión era cazar algo para comer. Nuestros vecinos, los Tehuelches usaron más el arco y cuentan que bien al sur lo siguen usando.

–¿Vos usaste arco, abuelo? –preguntó el más chico.

–Muy poco. Aprendí a usarlo en los toldos de los manzaneros, porque había unos guerreros tehuelches que llevaban arco y me enseñaron, pero lo mío eran las boleadoras y la lanza. Es muy difícil con una flecha pegarle a un choique a la carrera, en cambio bolearlas es más fácil.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «El abuelo pampa»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «El abuelo pampa» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «El abuelo pampa»

Обсуждение, отзывы о книге «El abuelo pampa» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x