Casi todos mis estudiantes que llevaron a cabo el ejercicio admiten que lograron realizar una buena cantidad de trabajo en quince minutos y no tuvieron problema en recordar dónde estaban y qué estaban haciendo cuando lo retoman al día siguiente. Escribir cada día mantiene el artículo en nuestra mente, lo que lleva a pensar en éste mientras conducen el auto o lavan los platos, en lugar de olvidarlo. Además, si escribes en la mañana te sientes tan productivo, que el resto del día parece más manejable.
Para muchos de nosotros es preferible escribir durante más de quince minutos y, si depende de nosotros, dedicaremos de una a cuatro horas para hacerlo. Si cuentas con apoyo financiero y no tienes ninguna otra obligación, dedica tantas horas de trabajo como puedas aguantar. Pero, ¿si no es ésa tu situación?, ¿eres un profesor nuevo que impartes tres cursos nuevos?, o ¿recientemente te convertiste en padre y no puedes dormir mucho? En esos casos, es imposible contar con largos periodos para escribir. La buena noticia es que puede resultar eficaz escribir durante los pocos minutos que se te abran en el día. Esto significa que si de pronto puedes trabajar media hora en tu texto te sentirás bien y no estarás decepcionado porque no lo hiciste todo el día. Puedes reorganizar tu forma de pensar y apreciar cualquier oportunidad que tengas para escribir.
Escribir en breves ráfagas diariamente es especialmente útil si tienes sólo un bloque más largo de tiempo a la semana. O sea que escribir durante la tarde del sábado será mucho más productivo si escribiste durante quince minutos cada uno de los días anteriores. Tus “motores están listos”, por lo que no necesitarás mucho tiempo de calentamiento. Algunos descubren que las sesiones cortas son mejores para revisar y las largas para redactar —decide qué funciona mejor para ti—. Otros consideran que la sesión de escritura incluye repasar sus notas sobre las lecturas. Cualquier cosa que funcione para ti me parece bien.
¿Cuál es la moraleja? Escribir diariamente es eficaz, mientras que hacerlo en largas y desgarradoras sesiones no lo es. El problema de escribir en atracones —cuando no has escrito nada varias semanas y luego lo haces durante toda la noche (o todo el fin de semana)— es que mientras menos escribes, más difícil es hacerlo. Parte de la razón por la cual los estudiantes sienten la necesidad de periodos largos para trabajar en un texto es el tiempo que les toma silenciar su crítica interior. En la ausencia de los pequeños éxitos satisfactorios que se dan con la escritura diaria, esa crítica se vuelve más dura y fuerte. Si has estado escribiendo todos los días, no experimentarás este problema. A medida que escribir se convierta en un hábito, tendrás mejores probabilidades de completar tu proyecto de escritura y de disfrutar el proceso.
Por lo tanto, te garantizo que mejorarás drásticamente como escritor, si te comprometes a estar en tu lugar para escribir y hacerlo cinco días a la semana, durante quince a sesenta minutos cada vez. La clave está en establecer un horario regular y razonable, así como tener la disciplina para mantenerlo.
Según mi experiencia, pocos estudiantes de posgrado los tienen. En este aspecto no son muy diferentes a la mayoría de los profesores, como se menciona al principio de este capítulo. Un estudio les dio seguimiento a profesores nuevos durante los dos primeros años después de haber sido contratados con miras a obtener la definitividad laboral. Ellos habían estimado que dedicarían por lo menos diez horas a la semana a escribir y producirían por lo menos dos artículos. Sin embargo, en ese periodo escribieron sólo durante treinta minutos a la semana en promedio y produjeron únicamente una tercera parte de un manuscrito, en lugar de dos enteros (Boice, 1997: 24). Claramente, encontrar tiempo para escribir es un problema generalizado. Así que enfoquémonos en establecer un horario razonable. La siguiente sección es larga, así que asegúrate de dedicarle suficiente tiempo para realizar todas las tareas.
Establecer una fecha límite definitiva
He diseñado este manual para ayudarte a enviar un artículo a una revista académica en doce semanas. Te recomiendo considerar ésta como la semana 1 y fijar la fecha límite para enviar tu artículo once semanas después. De manera alternativa, identifica otras fechas límites que te mantendrán en forma, como el día de una conferencia en la que deberás presentar una ponencia basada en este artículo. Una vez establecida la fecha final, podrás planificar tu tiempo con ese punto de partida.
Si piensas que ésta no es una buena semana para comenzar, elige la próxima. Podrías incluso decidirte por la semana siguiente, o el verano próximo, pero no lo recomiendo. De esa manera estarías cayendo en la trampa de pensar que puedes escribir únicamente si encuentras periodos largos e ininterrumpidos para hacerlo. Si piensas así, te la pasarás esperando a las vacaciones entre semestres, o al verano, luego a un año sabático, y más tarde a tu jubilación. Después de eso, para ser francos, ¡estarás muerto(a)!
No hay como el presente para empezar. Si has leído este manual hasta aquí, definitivamente estás preparado(a) para emprender esta tarea. Como lo he diseñado para estructurar la actividad de escribir de acuerdo a tu forma y ritmo de vida, en vez de lo contrario, puedes alcanzar la meta de enviar tu artículo incluso si estás pasando por un periodo muy atareado. En la próxima sección me referiré a las ansiedades que pudieran impedirte empezar ahora mismo pero, antes de eso, por favor fija tu fecha límite usando el calendario de doce semanas*que aparece abajo.
Semanas. En cada cuadro de las doce semanas, anota las fechas exactas entre hoy y la fecha final que fijaste para completar el trabajo.
Establecer metas realistas
Esta guía fija el objetivo de escribir y enviar un artículo a una revista académica en doce semanas. Para lograrlo, debes escribir de quince minutos a una hora diario, cinco días a la semana. Es poco probable que necesites más (de quince a sesenta horas) para completar tu artículo. Si actualmente escribes muy poco, es mejor empezar con moderación y fijar la meta de escribir quince minutos al día. Si ya has desarrollado algunos buenos hábitos de escritura, deberías establecer la meta de trabajar en tu texto de una a tres horas diarias. Si gozas de una beca o de un año sabático, sin ninguna otra responsabilidad, puedes dedicarle periodos más largos, pero toma en cuenta que frecuentemente el rendimiento disminuye después de tres o cuatro horas. Sesiones cortas y regulares también te ayudarán a ganar la carrera.
Asegúrate que tu meta sea realista, más que ambiciosa. Por ejemplo, un estudio reciente sugiere que el hecho de que una persona funcione mejor de mañana o de noche tiene profundas raíces psicológicas, y hacer caso omiso de esto te perjudicará (Diaz-Morales, 2007). Si no eres una persona que funciona mejor en la mañana, no decidas levantarte a las 5:00 am para escribir, porque no sería realista. Elige una hora del día en la que estás más alerta y tienes más energía. Si tu trabajo es de tiempo completo de lunes a viernes, no determines escribir cada noche durante cuatro horas o apartar el fin de semana entero. Ésa no es una meta realista y sólo te desanimará. En su lugar, decide escribir quince minutos cada día de la semana y varias horas el domingo por la tarde, por ejemplo. De esta manera, tus ideas estarán frescas durante la semana y tu sesión del fin de semana será más productiva. Si tu horario es escribir una hora los lunes, miércoles y viernes, intenta hacerlo también durante quince minutos los martes y jueves, para no desgastarte o desanimarte en los días con sesiones más largas.
El cronograma menos realista para escribir es no tener ninguno. No creas que de alguna manera milagrosa tu artículo se escribirá en los próximos dos meses simplemente porque necesitas entregarlo.
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