Me refiero al paradigma conceptual denominado subjetividad, entendido como ese campo de representaciones del mundo propias del mundo contemporáneo, en el que los seres humanos se han instalado a vivir la vida y a relacionarse con los demás, pues lo que define, a mi entender, a las nuevas generaciones denominadas hipermodernas, es precisamente ese nuevo campo psíquico y cultural de representaciones del mundo que ha surgido con posterioridad a la mitad del siglo XX, y que se ha venido agudizando hasta nuestros días. Un paralelo con la subjetividad moderna podría en este momento ser útil, por lo tanto, se presenta a continuación.
Para el sujeto moderno posrenacentista la dimensión del tiempo más importante es el futuro, el cual es representado como horizonte de salida del progreso humano, para dirigirse hacia él y darle sentido secular a la existencia. Esto hace al sujeto humano moderno previsivo y ahorrativo de vida y de dinero. La vida queda futurizada.
En cambio, para el sujeto hipermoderno contemporáneo la dimensión del tiempo más importante es el presente. Para él, el futuro no existe aún, es por demás incierto e inasible y el pasado ya se fue. El presente es representado mentalmente como la dimensión temporal del goce de la vida, ya mismo y ahora mismo. La vida no debe ahorrarse ni diferirse, sino, por el contrario, gastarse ahora mismo en el advenimiento y provocación de sucesivos instantes veloces e intensos.
Para el sujeto moderno, su Yo psíquico deviene como una construcción profundamente derivada de la relación con la otredad. Dany-Robert Dufourdefine este Yo moderno como esencialmente binario.En tanto que el Yo propio de la subjetividad hiper-moderna es sustancialmente unario,en cuanto se configura a partir de una relación de desapego respecto del Otro, que sigue siendo necesario pero cada vez menos. Esa otredad es cada vez más virtual, ya que el sujeto contemporáneo quiere ser cada vez más autónomo y libre respecto de los límites, apegos y deberes que la presencia real del Otro impone. El Otro queda convertido, de esta manera, en una especie de espejo donde mirarse sin comprometerse.
Lo anterior conduce a la siguiente consideración adicional:
El sujeto moderno vive un relativo equilibrio entre los derechos que reclama y los deberes a los que se siente vinculado y obligado respecto de la alteridad. En cambio, en el sistema de representaciones del sujeto hipermoderno, hedonista y presentista, en el que el peso de la otredad ha palidecido, se observa un claro desequilibrio de la balanza entre derechos y deberes, de tal manera que pesan más para él los derechos que exige y espera, que los deberes que lo limitan.
La ética del sujeto hipermoderno no es pues “sacrificial”, como la define Lipovetski, puesto que no está dispuesto a sacrificarse por nada ni por nadie, en cuanto ha devenido como sujeto en extremo narciso e hiperindividualista.
El sociólogo norteamericano Richard Sennett, en su libro La corrosión del carácter , lleva a cabo un paralelo comparativo entre los obreros y empleados de una generación a la siguiente, para concluir en una radical diferencia generacional entre los padres y los hijos. La pregunta que uno se hace es a qué podría deberse esta radical diferencia de apenas una generación a la siguiente, habida cuenta de que en épocas anteriores el tiempo era más lento y las generaciones de hijos eran tan similares a las de sus padres.
¿Qué es lo que hace, entonces, que una generación termine siendo tan diferente a la que inmediatamente la precede en el tiempo?
¿Esto lo produce, automáticamente, el simple paso del tiempo? Veamos:
Por supuesto que todo proceso histórico de la humanidad, mental y material, así como todo proceso de la naturaleza y de la materia en sí misma, están instalados en el tiempo. Pero, hay algo más en el mundo humano, diferente del simple paso del tiempo en cuanto medición humana del movimiento, capaz de producir tan profundas mutaciones y casi abismos entre una generación y la siguiente, como ocurre en el caso del sujeto hipermoderno contemporáneo.
Este algo más es, sin lugar a dudas, la emergencia de un nuevo sistema de representaciones del mundo en el que los “jóvenes”, desde mediados del siglo XX, se instalaron para vivir la vida y desde allí actuar, comportarse y entrar en relaciones con la alteridad.
1.4 LA FÁBRICA SOCIAL DE UN NUEVO CAMPO DE REPRESENTACIONES
Todo indica que estas nuevas representaciones del mundo parecen haber sido fabricadas intencionalmente. Algunos autores sostienen que estamos en presencia de una actual producción industrial de representaciones del mundo a las que las “nuevas generaciones” son inducidas y donde ellas se instalan. Una de estas representaciones, quizás la más fuerte, aunque no la única, es la que surge de la ideología que lleva al consumo como escenario de realización feliz y lograda de la vida. Consumir en vivir. La intensa experienciade la vida es casi imposible por fuera del consumo. Consumir permite gozar ya mismo. El consumo tiene el poder de producir psíquicamente sensaciones ciertas de vida ahora mismo. Sensaciones de inclusión social, además, para sentirse in y no out . El poder simbólico de las marcas suma a este mundo de representaciones y el cuerpo se convierte en el representante del Yo. Es decir, el cuerpo es el lugar donde el Yo psíquico se traslada a vivir. Templo y objeto de culto estético inducido y provocado, el cuerpo ha devenido en el lugar del goce de la vida y de la individualidad extrema narcisista.
Esta constelación de representaciones, que constituye un campo psíquico y cultural en el que se instala a vivir y a relacionarse con el mundo la subjetividad hipermoderna, nada tiene de ingenua ni de espontánea. Parece ser un campo de representaciones mentales inducido, provocado y auspiciado desde las fábricas de producción de subjetividad.
1.5 SUBJETIVIDAD HIPER-MODERNA Y TRABAJO
Instalados en este nuevo campo psíquico y cultural, los sujetos hipermodernos devienen especialmente difíciles para la vida organizacional y del trabajo disciplinado y esforzado. Estos sujetos contemporáneos son ideales, es cierto, para el consumo ansioso y el uso y abuso del dinero plástico, pero apenas funcionales para el trabajo disciplinado.
En consecuencia, el abismo generacional en nuestro tiempo es demasiado profundo y se muestra casi intempestivo. Hay autores que, incluso, hablan de una “mutación” en la subjetividad contemporánea, siempre en el entendido de que no se trata de una mutación en términos genéticos o biológicos, sino del campo o constelación del mundo de las representaciones mentales al que las nuevas generaciones se vinieron a vivir y desde las cuales no solo ven el mundo, sino que actúan en él y se relacionan con los demás.
Lo que me he propuesto es, entonces, situar el tema de las generaciones actuales y el mundo del trabajo, en coordenadas diferentes del simple paso natural del tiempo. Los cambios en la subjetividad actual, que permiten hablar de la hipermodernidad, han sido al parecer inducidos y provocados por la ideología del consumo, principalmente. Ideología instalada en un mundo “mass mediático” y en una tecnología que ha triturado las dimensiones tradicionales del tiempo y el espacio. Esta ideología ha provocado una mutación cultural narcisista y hedonista, unaria y presentista, que se interiorizó como un nuevo tipo de subjetividad diferente de la moderna, sin desprenderse por completo de la matriz moderna. Y la tecnología ha permitido la conversión de la realidad objetiva y real en virtual, de tal manera que los apegos y compromisos con la alteridad se debilitan y los seres humanos con los que se entra en relación terminan convertidos apenas en imágenes de pantalla, en lejanos receptores de mensajes que no incomodan ni limitan, es decir en apenas medios útiles para el goce y afirmación del Yo narciso. En los “perfiles” y en el facebook los sujetos hipermodernos gritan y dicen al mundo quienes son a partir de sí mismos y desde su propio ensimismamiento, sin que en la generación de esta imagen apenas autoconstruida haya participado la alteridad. Dicho de otro modo, la tecnología ha profundizado el camino del ensimismamiento y de la casi eliminación del peso de la alteridad.
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