4. La gran conquista de Ultramar o las futuras conquistas
Poco más de dos décadas después de la primera impresión de la Crónica de España de mosén Diego de Valera, aparecía La gran conquista de Ultramar (Salamanca, Hans Giesser, 1503). Dividida en dos volúmenes que ocupan 220 y 18+220, folios respectivamente (Norton, 1978, it. 540), en la portada de cada uno de ellos figura un escudo regio xilográfico, debajo del cual se lee el nombre de la obra. Arbitrariamente, la tabla de todo el conjunto antecede al segundo volumen y ocupa los 18 folios indicados; en el prólogo del primero atribuye el libro a Alfonso X (González, 1992), asunto debatido en el que no me detendré, aceptando como fecha final de su redacción entre 1293 y 1295 (Domínguez, 2005-2006: 201).
Su composición se entiende mejor a partir de las estorias unadas empleadas con preferencia en la General Estoria alfonsí (Benito-Vessels, 1998, y Bautista, 2005), «unidades narrativas autónomas que, superando la fragmentación analística, concentran en un punto histórico todo el saber vinculado a un suceso o a un personaje para realzar estructuralmente su relevancia» (Fernández-Ordóñez, 1992: 32). Su empleo propicia una ágil andadura narrativa, sin que la utilización del recurso implique necesariamente que la obra se iniciara en época alfonsí. A su vez, en la versión actualmente conocida se han producido nuevas interpolaciones, algunas muy importantes como las de la materia carolingia, que Bautista sitúa a fines del siglo XIV (2005 y 2008). La obra podría considerarse como «el paradigma totalizador por excelencia de la historiografía ultramarina durante la Edad Media» (Domínguez, 2005-2006: 191). Su base histórica inicial corresponde al relato de Guillermo de Tiro, la Historia rerum in partibus transmarinis gestarum (1170-1183), cuya traducción, ampliación y reelaboración francesa, L’Estoire de Eracles empereur et de la conqueste de la terre d’Outremer , constituye el cañamazo a través del cual se articula el texto español, con materiales adicionales del ciclo épico de la cruzada: la Chanson d’Antioche , Les Chétifs y la Chanson de Jérusalem , complementado con los antecedentes de Godofredo de Bouillon, La Chevalier au Cigne y las Enfances Godefroi (Bautista, 2005: 35-36).
De los cinco testimonios conservados, la edición de 1503 es el único que transmite el texto completo, en el que se ha actualizado su lengua, se han transformado sus materiales, se han organizado en una nueva dispositio y se ha acomodado el texto a la imprenta (Domínguez, 2000). En la compilación se entremezclan un transfondo histórico, refundido y ampliado, sustratos de cantares de gesta y relatos genealógicos, en una combinación no bien conocida, que no puede analizarse a partir de nuestras concepciones históricas, pero sí desde las transformaciones de los talleres postalfonsíes. La decadencia del rigor científico permitió a la historiografía castellana de las últimas décadas del siglo XIII y primeras del XIV ensayar nuevas formas de historiar, en las que el retoricismo, la oratoria, la novelización, el anecdotismo, tuvieron creciente cabida (Catalán: 1992, 140). Especialmente, los poemas épicos y los temas legendarios constituyeron una de las grietas a través de las cual comenzó el resquebrajamiento de la Estoria de España y la General Estoria (Fernández Ordóñez, 1997: 89).
En el taller de Giesser distribuyeron sus materiales en dos diferentes volúmenes, cada uno de ellos numerados independientemente, del mismo modo que sus cuatro libros tienen su capitulación correspondiente: (1) CCXXXI; (2) CCLXIV; (3) CCCXCVII y (4) CCCLXXVII. Además, los títulos de las cabeceras de las planas de los vueltos indican el libro, «Libro I» «Libro II», etc., centradas la palabra y el número en cada una de las dos columnas, y los rectos, los folios. De la arbitrariedad de su segmentación (Domínguez, 2000: 224) da buena muestra el final del volumen I y el inicio del II, cuyo tamaño es muy similar, aspecto más importante que las subdivisiones internas en libros. Su partición es la habitual de un cambio de capítulo, no del final de la sección. El tránsito se realiza tras el transcurso temporal de la noche en la que descansan después de la batalla, con un comienzo prototípico de transición oral y escrita, «otro día mañana», característico del estilo formulario:
E después descavalgaron en sus tiendas, e holgaron, que venían cansados. E aquella noche guardó la hueste el duque Gudufre con los suyos (Cooper, ed. 1979: II, cap. CCLXIV, 396)
Capítulo I. De cómo fue la hueste de los cristianos para Hierusalem . Otro día de mañana, después que ovieron oýdo missa, el conde de San Gil e Tranquer hizieron partir la presa e la ganancia (Cooper, ed. 1979: II, cap. I, 400).
Con independencia del discutido colofón, el prólogo de 1503 depende de los Bocados de oro , según señaló Gayangos (1858: VI, nota 1), un texto de compleja transmisión (Haro, 2015: 205-206), en el que podemos diferenciar cuatro diferentes estratos: 1) una versión originaria árabe compuesta por el sirio-egipcio Abu l-Wafa’ al-Mubashshir b. Fatik en 1048-49 titulada Mukhtar al-hilam wamahasin al-kalim ( Máximas selectas y los dichos mejores ); 2) una traducción realizada «entre 1260 y 1280» (Haro, 2003: 25); 3) el añadido posterior de unos preámbulos con el viaje en busca del saber, lo que le confiere un sentido diferente al libro; 4) la actualización lingüística de sus copias, que llega a sus ediciones. De los 17 manuscritos conservados, cuatro añaden siete capítulos introductorios del tercer estrato, tradición que pasa a sus ediciones: 1) Sevilla: Meinardo Ungut y Estanislao Polono, 1495, 16 de mayo; 2) Toledo: sucesor de Pedro Hagenbach, 1510, 11 de diciembre; 3) Valladolid: Lázaro Salvaggio, 1527, 23 de diciembre.
Para matizar las deudas entre el Bonium y La gran conquista de Ultramar copiaré el prólogo del primero para facilitar la comparación:
En el nombre de Dios, e de la Virgen sancta María, comiença el libro que es llamado Bocados de oro, el qual fizo el Bonium, rey de Persia. E contiene en sí muchas doctrinas e buenas para la vida de los hombres.
El nuestro maestro e redemptor Jhesu Christo, después de formado el ome a su semejança, primeramente puso en él entendimiento para saber e conoscer todas las cosas. E porque esto pudiese saber más complidamente diole cinco sentidos: ver, oír, oler, gustar e tentar. Estos cinco sentidos se ayudan unos a otros, ca el oír torna en ver, así como las cosas que ome oye después veelas que son assí. E el veer en oír, ca muchas cosas vee el ome que las conosce porque las oyó dezir, que de otra guisa non sabría qué eran. E assí es de los otros sentidos, que, comoquier que cada uno sea por sí, todos se tienen unos con otros e ayudan al ome a bivir e a entender con la razón que Dios puso en él, que pudiesse departir las cosas. E comoquier que estos cinco sentidos sean todos buenos, e los sabios antiguos fablassen en ellos e departiesen de cada uno las bondades que en él havía, el oír tovieron que se llegava más al saber e al entendimiento del ome. E maguer el veer es muy noble sentido e muy noble cosa a grand maravilla, muchos fueron que nacieron ciegos, e muchos que perdieron la lumbre después que nascieron, que aprendieron muchas buenas cosas e hovieron sus sentidos complidamente. E esto les viene por el oír, ca oyendo las cosas e faziéndolas entender las aprendieron tam bien e mejor que otros que hovieron sus sentidos. E por el oír que les falleció perdieron el entendimiento, e algunos dellos el fablar, e non supieron ninguna cosa e fueron assí como mudos. E demás el hombre por el oír conosce a Dios e a los sanctos e otras cosas muchas que no vio assí como si las viesse. E pues que tamaño bien puso Dios en este sentido mucho deven los omes usar bien con él e pugnar siempre en oír buenas cosas de buenos omnes, e señaladamente de aquellos que las sepan bien dezir, e pugnar siempre en oír buenos libros antiguos, e las historias de los grandes fechos e los consejos, e los castigos e los proverbios, e los castigos que los filósofos dieron e muchos dexaron escriptos, de los quales verá e oirá muchas e muy buenas razones. E en este libro todo hombre cuerdo e de buen entendimiento que aya sabor de oír bien e de sacar alguna pro deste sentido que es oír, e con que se acordaron todos los sabios más que con ninguno de los otros sentidos. E de aquí adelante los buenos e los entendidos abran los ojos de los coraçones para oír, e oirán fechos de reyes e dichos de sabios mucho maravillosos (Sevilla, 1495, fol. II r).
Читать дальше