1Bowlby estuvo motivado en su investigación, debido a su propio trauma pre-conceptual, inducido por las prolongadas separaciones sufridas, a muy tierna edad, de su madre.
2Weiss (1973) y Peplau (1982), ambos han sido citados por Rotenberg y Hymel (1999) pp. 12 y 13.
3Ver López-Corvo 2003.
4Algo similar tiene lugar hoy día, en los actos suicidas de los terroristas, ejecutados por fanáticos islámicos.
5Una prueba de que es la naturaleza quién está a cargo y no los niños, se muestra a través del hecho probado, que todos los niños, sin importar cuál sea su cultura, siguen los mismos estadios de desarrollo, como por ejemplo, ‘el no rehusador’ a la edad de los dos años o las ‘pataletas’ a edad posterior.
6Ver López-Corvo 2013-2014.
7La personalidad “como si”, representa a alguien temeroso de ser excluido y por ello siempre será complaciente con el otro y sus demandas, al punto de convertirse “en el deseo del otro”. En el Capítulo III he citado un poema de Whitman, que describe hermosamente lo que trato de decir ahora.
CAPÍTULO I
La teoría: los traumas pre-conceptuales
La razón por la que nos preocupamos por cosas que recordamos, de nuestra historia pasada, no se debe a lo que aconteció –aunque eso podría ser bastante importante por derecho propio– sino por la marca que ha dejado en usted o en mí o en nosotros, ahora.
Bion, Domesticando Pensamientos Salvajes
Este mundo ordenado (cosmos) es mixto de nacimiento: es la descendencia de una unión de Necesidad [estado traumatizado] e Intelecto [estado no-traumatizado]. El Intelecto prevalece sobre la Necesidad persuadiéndola (por Peitho, diosa de la persuasión) para dirigir la mayoría de las cosas y que puedan llegar a ser lo mejor, y el resultado de esta subyugación de la Necesidad mediante una sabia persuasión representa la formación inicial del universo.
Platón, La República
Sufrimos más a menudo en la imaginación que en la realidad.
Séneca
En la introducción de su trabajo acerca de “Una teoría del pensamiento” (1967), Bion explicó que su contribución era:
creada con la intención de establecer que la práctica del psicoanálisis debería reafirmar la hipótesis que, está compuesto de datos empíricamente verificables (p. 110).
La intención implícita en este primer capítulo tiene una inquietud similar, porque el principal argumento que introduzco expresa: casi todas las formas posibles de patologías existentes, con las cuales hemos de lidiar en la consulta, son siempre una consecuencia inmediata de un trauma de la infancia; ello podría ser empíricamente reafirmado por una data verificable. Es una hipótesis a la cual ya Freud se había referido ligeramente en 1939, en Moisés y el monoteísmo , pocos meses antes de ser eutanizado por su médico, cuando expresó lo siguiente:
Damos el nombre de trauma a esas impresiones tempranas y más tarde olvidadas, a las que damos gran importancia en la etiología de las neurosis. Debemos dejar a un lado la pregunta de si la etiología de las neurosis en general, debe ser considerada como traumática. [Freud, 1939, p. 72]
Fue una lástima que Freud no hubiese podido entonces contestar esta pregunta y hubiese “dejado a un lado” tal presunción.
He definido el trauma como “la condición mental que resulta, cuando un hecho temporal se hace permanente, mediante la compulsión de repetición”. También he considerado la existencia de dos formas de traumas: pre-conceptual y conceptual; los pre-conceptuales son ubicuos y representan aquellos traumas que acontecen en las etapas tempranas de la vida de cada ser humano, cuando no hay una mente capaz de contenerlos y proveerles un significado y cuando el reverie materno falla en su capacidad intuitiva. Podemos ahora repetir lo dicho por Freud (1905) sobre el complejo de Edipo, pero con un ligero giro, “cada individuo al llegar a este mundo, ha de lidiar con la tarea de contener su complejo de Edipo”; a lo cual agregaría: “el cual será siempre modificado por su trauma pre-conceptual particular”.
En anteriores publicaciones he descrito a los traumas pre-conceptuales en la siguiente forma:
Están estructurados diacrónicamente, como una narrativa de presencias ausentes relacionadas, que representan “parásitos” altamente tóxicos y organizados emocionalmente, que habitan en el inconsciente; desde muy temprano, se alimentan de tiempo y espacio, inhiben los procesos de simbolización, se proyectan en todas direcciones y se reproducen incesantemente, determinando, no sólo toda forma de patología sino también la idiosincrasia de cada individuo . (López-Corvo, 2014, p. xxi)
El trauma pre-conceptual representa “conjunciones constantes” 1o hechos que, ocurriendo por casualidad, se repiten por compulsión y siempre determinarán la idiosincrasia particular en todos los individuos. Los traumas conceptuales son accidentales, tienen lugar en un tiempo donde ya existe una mente capaz de contenerlos pero, por alguna razón, falla en hacerlo. Debido a la intensidad del evento, pero también y muy importante, porque el trauma conceptual siempre, inconscientemente, elicita los traumas pre-conceptuales; este es un concepto al cual previamente me he referido como el “entramado del trauma”. (López-Corvo, 2013, 2014)
Los traumas pre-conceptuales dividen la mente en dos estados: el traumatizado y el no-traumatizado. El primero representa la repetición inconsciente compulsiva del trauma pre-conceptual, estructurado por emociones reprimidas, a las que Bion se ha referido como elementos beta. El estado no-traumatizado se caracteriza por el desarrollo natural de la mente desde el nacimiento hasta la adultez y está regido –de acuerdo a Bion– por la función alpha, la cual puede ser definida como la capacidad, en cada ser humano, de pensar pensamientos; en otras palabras, estar capacitado para “digerir mentalmente” los traumas pre-conceptuales y contener las experiencias dolorosas, mediante la transformación de emociones primitivas, en pensamientos lógicos, creativos o elementos alpha.
Estado traumatizado y no-traumatizado de la personalidad
Varios años atrás, en una conferencia sobre Psicoanálisis de Niños, en Bello Horizonte, Brasil, recuerdo haber dialogado sobre la necesidad de hacer una “boda” entre Jean Piaget (psicología cognitiva) y Melanie Klein (psicología de las emociones), a fin de integrar el lado cognitivo y el lado emocional de la mente. Era una idea, presente en Freud hacia 1922, luego de escuchar a Piaget durante el Congreso Psicoanalítico en Berlín. En ese entonces, Freud comenzó a interesarse en las disertaciones de Piaget sobre pensamiento simbólico, dada la similitud que encontraba con su propio trabajo acerca del inconsciente (Piaget, 1961, p. 234). Anthony (1956, 1957) publicó dos artículos sobre el mismo tema, aunque resultaron más críticos que integradores, refiriéndose al trabajo de Piaget como una “psicología sin emociones”. Las contribuciones de Bion han sido determinantes en la aportación de un puente entre cognición y emoción, algo que podemos observar en su trabajo original sobre grupos sin líderes, donde establece la existencia de dos diferentes formas de grupos: grupo de trabajo (cognitivo) y grupo de supuestos básicos (emocional); esta consideración sirvió de base para su trabajo posterior sobre la parte psicótica y no-psicótica de la personalidad. He hecho uso de este artículo (López-Corvo, 2014) para la conceptualización de los traumas pre-conceptuales y la presencia de los dos estados que fragmentan la mente: traumatizado y no-traumatizado. En relación a este tema, he considerado también lo siguiente:
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