Existe una paradoja muy significativa que siempre interfiere con la capacidad de seguir de cerca el lenguaje emocional que estructura la “zona de sufrimiento” o el “estado traumatizado” de cualquier ser humano. Este estado es una consecuencia directa de las fijaciones traumáticas que tienen lugar durante los primeros años de la vida de cualquier ser humano, pero debido a un comienzo tan precoz, el lenguaje emocional que ensambla el “estado traumatizado” seguirá la lógica basada en el pensamiento de los niños. El “estado no-traumatizado”, por otro lado, representa el proceso normal de maduración física y mental a medida que se avanza en el tiempo, desde el nacimiento en adelante, de acuerdo con la dotación mental genética de cada individuo, influenciado adicionalmente por la edad, la cultura y la experiencia. La “paradoja” que he mencionado anteriormente, se refiere a la interacción entre los estados traumatizados y no-traumatizados dentro de la mente de cualquier adulto que conlleva y repite la misma incomprensión que una vez tuvo lugar entre el niño y sus padres. Esto significa que, de manera similar a cómo nosotros cuando niños, interactuamos con nuestros padres, ahora cuando ya no somos niños sino adultos, ambos estados, el infantil o traumatizado y el adulto o no-traumatizado, en el interior de nuestra mente, corren paralelos entre sí, dentro de su propio mundo, sin tocarse nunca. Estos estados no solo están estructurados siguiendo una epistemología diferente, sino también y muy importante, el estado traumatizado es mayormente inconsciente mientras que el no-traumatizado es mayormente consciente. En otras palabras, la protesta solitaria de un niño que alguna vez se sintió incomprendido por sus padres sigue retornando, inconsciente y eternamente al mismo malentendido, aunque intra-psíquico esta vez, entre un niño (traumatizado) y un adulto (no-traumatizado), como elementos internos, dentro de la mente de cada individuo. Volveremos sobre este asunto con más detalle en el Capítulo I.
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En El Principito, Saint-Exupéry dice, irónicamente: “Los adultos nunca pueden entender nada por sí mismos y es agotador que los niños siempre tengan que explicarles las cosas”. Sin embargo, tal vez era un poco demasiado amable en su consideración del comportamiento adulto, porque sería extremadamente difícil para un niño explicar las cosas a los adultos porque la mayoría de las veces los adultos son demasiado impacientes, demasiado ocupados o demasiado arrogantes y omnipotentes, para escuchar y comprender a los niños. Creo que podríamos medir el nivel de desarrollo cultural en cualquier sociedad, dada la capacidad de los padres de proporcionar a sus hijos la misma comprensión, paciencia y respeto que expresan a otros adultos que han catalogado como “importantes”.
Al no poder satisfacer la demanda del Principito de dibujar una oveja, Saint-Exupéry (1943) recurrió a capitalizar la capacidad de los niños de fantasear mediante simulación, ¡y decidió dibujar una caja simple que “supuestamente” contenía una oveja dentro!
“–Esa es la caja. La oveja que quieres está adentro. [Dijo Saint-Exupéry al Príncipe] “–Me sorprendió mucho”. [Continuó] “–Para ver la cara de mi joven juez [el Príncipe] iluminarse. “–¡Eso es justo lo que quería!” [Dijo el Príncipe] “¿Crees que esta oveja necesitará mucha hierba?” [p. 8] [...] Mi amigo nunca explicó nada. Quizás pensó que yo era como él. Pero, personalmente, me temo que no puedo ver ovejas dentro de las cajas. Quizás soy un poco como los adultos. He tenido que envejecer. [p. 15]
El Principito, quien representa a todos los niños, vive en un planeta muy pequeño, lo que significa la vida restringida de un niño. El mundo de los adultos está representado por el planeta del “Rey”, el “Hombre engreído”, el “Bebedor” y el “Hombre de negocios”; individuos que se sienten tan insignificantes que continuamente están dando órdenes, exigiendo respeto, intolerantes a la desobediencia, teniendo que estar siempre al mando. Hay un dicho común en español que dice lo siguiente: “Dime lo que presumes, y te diré lo que no tienes”.
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Un segundo propósito de este libro es comprender la existencia de una poderosa lucha mental entre los dos estados dialécticos: uno presente en el estado traumatizado que empuja hacia la dependencia, el miedo y el dolor mental, entre otros; y otra fuerza ejercida por el estado no-traumatizado que progresivamente avanza hacia la libertad, el coraje, la creatividad y el bienestar. Sin embargo, la verdad es que la Naturaleza ya ha decidido por nosotros, denotando que física y mentalmente estamos obligados a pasar del nacimiento a la muerte, de la dependencia a la libertad; como si estuviera implícito en nuestra propia naturaleza, por lo cual pienso sobre esto último, que en realidad existe un verdadero “impulso hacia la libertad”. Pero antes de continuar deliberando sobre estos asuntos, debería discutir la “teoría”, específicamente el instrumento básico en el que confiaré a través de todo este libro a fin de aportar un significado lógico a mis elaboraciones; algo que intentaré en el Capítulo I.
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Si naciéramos ya adultos, la psicopatología podría no existir, a excepción de los trastornos genéticos, porque hubiéramos podido defendernos y protegernos de la ignorancia y el maltrato abusivo de nuestros padres. Sin embargo, dado que esto es absolutamente imposible, todos estamos condenados a soportar las consecuencias de nuestro inevitable trauma pre-conceptual. Pero siempre tendremos una segunda oportunidad, porque una vez que nos convertimos en adultos y somos capaces de usar el razonamiento y la lógica –función alfa en el lenguaje de Bion–, somos capaces de comprender y proporcionar un significado racional a nuestro trauma pre-conceptual y a nuestro dolor mental, lo que podría abrir las puertas hacia una sensación total de libertad y bienestar.
Piaget describió tres períodos principales en el desarrollo epistemológico de los niños. El primero representa la capacidad del niño para distinguir lo conocido de lo desconocido; aproximadamente a los 8 meses de edad el niño reconoce el rostro de la madre. El segundo período corresponde a la capacidad de comprender que los padres buenos y malos son iguales, que también el objeto existe incluso si no está presente, una aptitud que tiene lugar alrededor de los 7 u 8 años de edad, que ayudará al niño a lidiar con la “ansiedad por separación”. Finalmente, la propensión a hacer uso de las condiciones presentes de un objeto o circunstancia para descubrir transformaciones futuras, una habilidad a la que Piaget se refiere como “operaciones formales”, que tienen lugar alrededor de los 12 años. A esta edad, la mente del niño puede usar lógicas deductivas e inductivas simples, muy similares a las que podría hacer cualquier adulto; pero solo con su capacidad de razonar, porque el niño carece del conocimiento y la habilidad que se adquiere con el tiempo y la experiencia.
La lógica simple o sentido común –o función alfa en el lenguaje de Bion–, podría guiar a cualquier individuo a desentrañar los enigmas emocionales –o elementos beta– resultantes de traumas pre-conceptuales, y así construir vínculos, que permitan la asociación con el dolor mental actual; después de todo, cuando alcanzamos la edad adulta podemos entender que nacemos “como una hoja de papel blanca, sin nada escrito” y que no merecíamos lo que la ignorancia de nuestros padres nos hizo. Esta idea permitirá una “segunda oportunidad” para encontrar una salida a nuestro sufrimiento mental. ¡Aunque a muchos les resulte difícil de imaginarlo, pienso que los traumas pre-conceptuales son la razón principal de la muerte prematura! Sin embargo, la posibilidad de una segunda oportunidad no es una operación simple y fácil que podríamos hacer nosotros mismos. A menos que seamos Sigmund Freud, el único individuo capaz de realizar esta operación por sí solo, ya que fue el creador de dicha metodología. En el presente, se requieren años de psicoanálisis personal para proporcionar un sentido lógico y un significado apropiado a todas las confusiones emocionales que continuamente pueblan nuestra mente. Similar a una intervención quirúrgica, el psicoanálisis y la psicoterapia requieren que alguien más lo realice. Creo firmemente que el propósito principal de la vida es el “bienestar” y para lograrlo verdaderamente, una inventiva adecuada estará totalmente justificada. La pregunta, entonces, es cómo hacer para que este procedimiento esté disponible para todos en el futuro, porque la dominación de la mente por parte del elemento infantil en la mayoría de los humanos ha dado como resultado personas que parecen adultos pero que aún actúan como niños, hasta el punto que en lugar de invertir en la vida, se dedican a la guerra y la muerte. ¡La humanidad sigue siendo demasiado primitiva!
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