En la seva excel·lent història de Madrid, Santos Juliá va explicar les dificultats de Madrid per convertir-se en una capital. Descriu la transformació en una ciutat capital, gràcies a quatre intervencions (la més important fou la de Franco) que es van produir durant el segle XX. Aquesta transformació ha superat un obstacle històric: «Madrid artificio, Madrid culpable, deviene Madrid capital históricamente frustrada en el doble sentido de no haber podido cumplir su función de capitalidad y de crecer ella misma frustrada como ciudad». Molts intel·lectuals van fomenter l’opinió «de un Madrid que, por ser corte y no capital, ha carecido de una idea que guiara su crecimiento y que se encuentra, tras la pérdida del Imperio, desorientado, sin saber qué camino tomar, encerrado en su cerca, sin medios para elevarse al rango de capital europea» (Juliá, 256). Algunes opinions de Manuel Azaña sobre Madrid reflecteixen una incomoditat col·lectiva. Les preocupacions sobre la identitat de Madrid es poden il·lustrar amb algunes de les diatribes de Manuel Azaña sobre la manca de les característiques que farien reconèixer Madrid com una capital:
Si no existe una idea de Madrid es porque la villa ha sido corte y no capital. La función de la propia capital consiste en elaborar una cultura radiante. Madrid no lo hace. Es una capital frustrada como idea política a que debe su rango. La destinaron a ciudad federal de las Españas, y en lugar de presidir la integración de un imperio no hizo sino registrar hundimientos de escuadras y pérdidas de reinos. (Azaña, 219)
En altres textos del mateix període fa referència al menyspreu que sent per les imperfeccions de la ciutat:
Madrid no me inspira una afición violenta. Si el amor propio de los madrileños no se irrita, añadiré que Madrid me parece incómodo, desapacible y, en la mayor parte de sus lugares, chabacano y feo. Es un poblachón mal construido, en el que se esboza una gran capital. (…) Su gran coso (Prado-Castellana) es como una plaza de pueblo a la que baja Madrid a verse, a contemplarse; no le sirve para ir a parte alguna.
Azaña considera de manera positiva un aspecte relacionat amb la lluminositat: «En Madrid lo único es el sol. La luz implacable descubre toda lacra y miseria, se abate sobre las cosas con tal furia, que las incendia, las funde, las aniquila. (…) Madrid no me parece alegre, sino estruendoso». I conclou amb una consideració sobre el que queda de la imatge de Madrid en la ment dels visitants: «Madrid cambia menos de lo que se piensa. Cierra los ojos, lector: ¿qué ves al acordarte de la villa? La mole blanca de Palacio y unas torres y cúpulas bajas perfilándose en el azul, sobre las barrancadas amarillas que bajan al río y dominan el Paseo de Melancólicos» (Azaña, 215).
Joan Maragall, un dels més destacats escriptors de la Barcelona del tombant de segle, plantejà en molts dels seus articles una reflexió sobre el doble caràcter de la ciutat, que amplià en algun dels seus poemes més coneguts, com ara l’«Oda nova a Barcelona». En un article, «La ciudad del ensueño» (IV-1908), per exemple, imaginava un futur millor per a la ciutat desagradable del present:
Hoy puedo decir que he sido ciudadano del ensueño, porque a mi ciudad la he visto entre su pasado y su porvenir. Y tanto he hundido en ellos mis ojos que, al volverlos al presente, estaban tan bañados de ensueño, que el presente mismo lo he visto como ensueño, como lo verán los ojos de los futuros ciudadanos y como lo verían los de los pasados; y ya no ha habido presente, ni pasado, ni futuro, sino que todo se me ha hecho presente en una niebla de eternidad que me ha envuelto y desvanecido. Por esto puedo decir que hoy he sido ciudadano del ensueño.
Com és habitual en ell, veu la ciutat sota la perspectiva de l’«amor» i defensava el doble sentit, contradictori, de la ciutat de Barcelona. Maragall es fixa en la relació entre passat i present i com va fer en tantes altres ocasions subratlla la necessita de l’amor que resol tots els defectes:
¿Y es ésta la ciudad mía? ¿Cómo pudo parecerme alguna vez hermosa y grande? Pero así y todo, como ahora la veo, no puedo sino amarla. La amo como a un sueño, como al del porvenir monstruoso en que pudieron verla mis antepasados desde el fondo obscuro de sus callejones; como el sueño de un pasado heroico en que la verán tal vez las futuras generaciones, cuando la contemplen como yo he contemplado hoy sus barrios moribundos.
Igual que Azaña, escriu dures crítiques a la seva pròpia ciutat ridiculitzant els elements odiosos que percep en el paisatge urbà:
Mira cómo, entre ese confuso barroquismo tuyo y suyo, florece un espíritu, un estilo nace. He visto hoy un quiosco estrambótico inaugurar su fealdad en medio de las Ramblas, y me he dicho: He aquí una fealdad bien barcelonesa; ese mal gusto, venga su modelo de donde venga, no puede confundirse con el mal gusto de ninguna otra parte del mundo; eso es bien nuestro. ¡ Ah! ¿Luego hay una cosa nuestra? Pues estamos en lo vivo.
Maragall utilitza un concepte clau, el de la «vida», que és crucial per a la seva teoria poètica de defensar una posició veritable i pura. A diferència d’Azaña, els ulls d’un poeta poden entendre la necessària convivència de la foscor i la bellesa en el paisatge urbà:
Me alegro de que haya en nosotros algo que nos estorbe el buen gusto. Algo se agita dentro de nosotros; algo se agita dentro de la ciudad, que le da mareos y extravíos del sentido y gustos perversos. Hay un ser vivo dentro. No maldigas los hastíos ni la deformidad de la que ha de ser madre. (Maragall, 744-746)
Maragall feia de l’espai urbà una penyora de futur, un símbol esperançat des del qual podia emmirallar-se el present. I és justament aquest doble signe allò que sintetitzà de manera excel·lent en l’«Oda nova Barcelona» (Bou, «Amor redemptor», 240).
Diversos escriptors espanyols han reflexionat sobre la ciutat de Madrid, i s’han referit, en particular, al seu simbolisme, al caràcter espiritual de representació, més enllà d’una mera llista (o delimitació) de les cases i carrers. Corpus Barga, per exemple, es va referir el 1922 a l’arquitectura com a llenguatge. I es queixava de la imitació sense sentit de models alemanys:
El fondo de la plazuela es una casona verde y emocionante, mucho más moderna decorativamente que esa germanofilia de la construcción mal traducida al castellano y adulterada con un neoclasicimo mal traducido al cemento, con que los arquitectos modernos están apabullando a Madrid.
Quan va arribar la Segona República, Corpus Barga va opinar amb força sobre el sentit del plànol de Madrid. Lamentava el feudalisme municipal, o el fet que Madrid seguia sent una feu de la monarquia desapareguda:
El plano de Madrid es una indecencia para sonrojar al madrileño que no haya perdido toda dignidad ciudadana. Madrid ha dejado intacta su parte hospitalaria acaparada por la Monarquía y se ha ido desarrollando por la parte más inhóspita. En lugar de tenderse barrios agradables hacia la Moncloa y el Pardo (como en París y en Berlín se han desarrollado los barrios ricos hacia los bosques), la burguesía madrileña ha constituido ese barrio de Salamanca tan cursilito.
Corpus Barga va escriure molts articles sobre Madrid, molts dels quals han estat recollits en el volum Paseos por Madrid . L’any 1926, en un article titulat «Teoría de la esquina», presentava una varietat de tipus de ciutats segons la mida, amb referències concretes a les dimensions físiques del cos humà:
Hay ciudades gordas y ciudades flacas, como hay ciudades bajas y ciudades altas. Hay, en todos los sentidos, la variación de las ciudades. Madrid, por ejemplo, está creciendo más que engordando. La ciudad más alta es, sin duda, Nueva York. París es la más esbelta. Viena es, quizá, más elegante, pero está más entrada en carnes. Ciudades gordas son las del Mediterráneo: Barcelona, Marsella, Génova, Nápoles. ¡Qué curvas en las plazas y, sobre todo, en las afueras!
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