La pandemia nos ha dejado ver la necesidad de las prácticas virtuales, de salas y aplicaciones que permitan a los estudiantes de enfermería poder profundizar en las técnicas y procedimientos, parece ser que eso es algo que los estudiantes refieren bastante y que será parte de la reflexión de uno de los apartados de este libro; la pandemia nos ha enseñado que la virtualidad es y será parte de la cotidianidad, lo que nos lleva a repensar y replantear el concepto de presencia para convertirlo en presencialidad virtual.
La enfermería, si bien se caracteriza por estas acciones técnicas que necesitamos repetir y repetir, también lo es que no es el único fin, es apenas un porcentaje mínimo, aunque esto parezca lo contrario. Lo que envuelve a la ciencia de la enfermería es la comprensión del cuidado y el impacto que este tiene en el ser humano a través de las relaciones y la interacción, el unirse con el otro para crear vínculos de acciones de cuidado que permitan transformar al ser humano en una persona nueva (esto es parte de otra de mis reflexiones en el cuidado trascendental que replantearé a profundidad, pero que he traído a esta para visualizarlo desde la pedagogía del cuidado). Esta pandemia nos ha mostrado que las prácticas en esos procedimientos y técnicas se pueden adaptar de forma virtual, pero lo que quizá hemos descuidado es la forma en cómo cuidamos del estudiante para hacerlo reflexionar a él mismo sobre las nociones esenciales del cuidado como fundamento de las experiencias de la salud humana.
Si no cuidamos de nuestros estudiantes, no podríamos decir que estamos enseñando enfermería, la enfermería no se enseña con discursos y teorías sin sentido, la enfermería se enseña cuidando, se enseña ayudando al otro a vivir su propio cuidado, para que se cuide a sí mismo, a su vez me cuide a mí como profesor y podamos crear un vínculo transpersonal de relaciones de cuidado que nos permitan transformarnos. Mucho hablamos de que estamos adaptándonos, la verdad es que el concepto de adaptación —y aun sabiendo que tenemos teorías sobre adaptación—, me parece sumamente reducido. La virtualidad nos ha venido a enseñar que la relación pedagógica requiere de cuidado para transmitir el propio cuidado, es por eso que lo abordo como cuidado pedagógico cuyo fundamento nos ha permitido profundizar en la esencia de este, modificando la interacción presencial para ahora hablar de presencialidad virtual, modificando nuestras intenciones hacia los estudiantes para ahora volcarnos en ver más allá de lo que veíamos como barrera en las aulas.
Muchos profesores seguirán haciendo lo mismo, seguirán manteniéndose distantes, seguirán buscando solo cumplir con la entrega de productos académicos, buscarán solo usar al mínimo las plataformas y aplicaciones que día con día siguen emergiendo para ayudarnos, muchos dirán que lo que se trata en este libro es sumamente romantizado y pintando la pedagogía como un acto de color rosa, simple y sin disciplina.
Para quienes piensan así es mejor detenerse aquí, pues en efecto, lo que muchos vemos como disciplina dista mucho de lo que se concibe muchas veces en la formación de la enfermera. Puedo decir que a la fecha no veo el objetivo de aquellas prácticas pedagógicas de hace algunos años donde eras expuesto para cumplir con tu uniforme, en el caso de las mujeres el portar la cofia, no veo hasta dónde hemos avanzado gracias a no desayunar en las prácticas en las instituciones porque debías permanecer sin comer y “acostumbrarte” a estar en ayuno porque así era el cuidado de la enfermera, seguíamos en las formas del cuidado de la era sí romantizada de la enfermería, en donde dabas todo por el paciente, en donde eras abnegado, eras sumiso, en exceso disciplinado, en donde un uniforme portado con gallardía era más valioso que la persona que lo portaba, era el cuidar al otro pero descuidándote tú como enfermero, como ser humano.
Esto sin duda ha ido cambiando, tenemos influencias de diferentes corrientes teóricas que abordan el cuidado desde un enfoque humanizado y existencialista, sin reducir el concepto de humanizado, porque al ser ejercido por seres humanos nunca ha dejado de serlo, más bien era poco sensible, poco empático, enfocado en las tareas mecánicas que envolvían a la enfermería.
En este pequeño libro he plasmado algunas enseñanzas que nos ha dejado la pandemia. ¿Un virus que ha puesto en riesgo nuestra vida y gracias al cual han muerto muchas personas pudo dejarnos algo de enseñanza?
La respuesta es sí, ante la adversidad honramos el espíritu de los que han partido, honramos las vidas de los profesionales de salud que se han adelantado, quienes no merecían solo llamarse héroes, merecían mejores condiciones para hacer frente a la pandemia, merecían más que reconocimientos, merecían mejores espacios para laborar y para cuidar, pero ese es un tema que podríamos tocar en otro momento.
Nos concentraremos en lo que la pandemia nos ha enseñado en el cuidado pedagógico y lo que debemos comenzar a plantearnos en nuestra enseñanza cotidiana del cuidado, nos remitiremos a reflexionar sobre si en verdad hemos aprendido algo de ello o hemos quedado estáticos haciendo lo mismo o intentando hacer lo mismo en nuestra dinámica de enseñanza del cuidar en enfermería, veremos que más que adaptarnos, nos estamos transformando y que muchos necesitamos transformarnos incluso más que como profesores, como seres humanos.
La virtualidad y la distancia humana
El concepto de espacialidad en el ámbito educativo pareció sufrir modificaciones. Al inicio de la pandemia se hablaba de “distanciamiento social”; cuando la modalidad virtual hizo su aparición triunfal en la educación, todos los contextos y niveles educativos comenzaron a entrar en caos, al parecer nadie estaba preparado para hacer frente a la nueva dimensión de la virtualidad. Parecería que solo las universidades o escuelas que ya tenían programas a distancia y virtuales estaban con cierta tranquilidad, aun así, se cuestionaba bastante las formas en las que algunas carreras como en el caso de la enfermería podrían cumplir los objetivos o competencias, pues se sigue considerando la parte práctica como una parte dominante en la formación de los enfermeros.
Entonces, lo que venía ahora era reconfigurar las formas de enseñanza y las estrategias de aprendizaje para hacerlo de alguna forma más autónomo, es un error pensar que la autonomía en el aprendizaje se limite a buscar información por cuenta propia o bien, elaborar productos y enviarlos al profesor, muchos de ellos sin ser retroalimentados. La autonomía y el constructivismo han tenido un vicio enorme en su interpretación porque parece entonces que, como mi modelo educativo es constructivista, el estudiante es el que debe aprender por su cuenta, elaborar prácticamente hasta las planeaciones de los docentes por su cuenta. De alguna forma ese vicio lo veía yo desde la educación presencial, no faltaban los profesores que basados en un modelo constructivista distribuían los contenidos de una materia a todos los estudiantes para que ellos elaboraran en modo de seminario alguna presentación del tema, prácticamente el estudiante debía ser experto en el tema que iba a presentar, o en los temas, porque al ser algunas veces un contenido muy extenso, los estudiantes terminaban autoimpartiéndose las clases con cuatro o cinco temas; si el estudiante no dominaba el tema, el profesor tenía toda la libertad de evaluar como le complaciera, pues “es el estudiante quien debe construir su conocimiento”. Eso es una deformación del modelo constructivista, lamentablemente mal intencionado por parte de algunos profesores.
Así, cuando la pandemia llegó, los profesores no hacían uso más que de las herramientas tecnológicas que tenían, parecería que al hablar de virtualidad nos centramos en que ahora solo estamos a distancia y, por lo tanto, el objetivo es hacer llegar el conocimiento con los mismos métodos y estrategias, pero ayudados de una cámara o un dispositivo móvil con video. Nuevamente, la deformación de la virtualidad. Es aquí donde se concentra el interés de la primera reflexión, el concepto de espacialidad pasó a ser solamente más abierto, pero manteniendo los mismos métodos como mencioné ya, la presencialidad ahora era vista como una forma de distancia física nada más, pero poco se ha hecho por verdaderamente transformar los ambientes de aprendizaje para hacer entrar en la reflexión del cuidado que estamos enseñando.
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