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Bion describe la mente como constituida por la interacción de tres mundos: el mundo Beta, el cual representa lo que adquirido a través del sensorio se mantiene inconsciente, olvidado, reprimido y desconocido. Son elementos que permanecen a la espera de un pensador que los digiera y les dé un sentido, que sólo sirven para ser proyectados y así perennemente reproducir en el afuera un mundo pasado e invisible, que en esta forma continuamente se hace presente. El segundo sería el mundo Alpha, o de la función alfa, la cual es capaz de digerir a los elementos beta y transformarlos en elementos alfa, o sea, pensamientos útiles y creativos. Por último, estaría el mundo de Sigma, o de la intuición, representando una forma de comunicación más allá del pensamiento lógico. Es muy factible que el interés de Bion sobre la intuición hubiese sido consecuencia a una influencia budista, del prajna o iluminación, como le llaman ellos. En este sentido, Suzuki, 1981, ha expresado lo siguiente:
El prajna no es un estado de la mente, sino que produce actividad; es conciencia despierta pero no es la conciencia ordinaria de los psicólogos. Es la experiencia que surge de un estado tranquilizado de conciencia. [p. 132]
Por muchos años intenté encontrar un sentido lógico al Zen Budismo, y encontré una gran ayuda en el libro de Bion sobre transformaciones, así como demás, en su investigación sobre “O”. La civilización oriental, diferente de la occidental, tiende a aligerar el peso del razonamiento consciente, con el propósito de hacer que la intuición se haga presente. El Zen Budismo, ha establecido Watts (1957), no es una religión sino:
… Un camino y una vista de la vida que no pertenece a ninguna de las categorías formales del pensamiento moderno occidental. No es una religión o una filosofía; no es una psicología o un tipo de ciencia. Es […] “una forma de liberación” [p. 3]
Suzuki (1949) intenta explicar las diferencias entre el Oeste y el Este, utilizando dos poemas, uno de Tennyson y otro a forma de haiku escrito por Basho, un poeta japonés del siglo XVII. Basho escribió:
Cuando miro con cuidado
veo la nazuna floreciendo
hacia el borde!
Mientras que Tennyson dijo:
la flor en la grieta de la pared,
te arranco de la grieta:
te mantengo aquí, raíz y todo, en mi mano
pequeña flor –pero si pudiese entender
que tú eres, raíz y todo, y todo en todo,
sabría qué es Dios y qué es el hombre.
Suzuki explica:
… Tennyson arranca la flor y la sostiene en su mano, “raíz y todo” y la mira posiblemente intensamente. Es muy posible que él tuviese un sentimiento en alguna forma parecido al de Basho quien descubrió la flor de nazuna a la orilla del camino. Pero la diferencia entre estos dos poetas es el hecho de que Basho no arranca la flor. Él sólo la observa. Está absorto en sus pensamientos. Y deja que una exclamación [!] diga todo lo que él desea decir. Por cuanto no tiene palabras que expresar, su sentimiento está demasiado lleno, demasiado profundo, y no tiene deseo de conceptualizarlo. Mientras Tennyson es activo y analítico. Primero arranca la flor del lugar donde ella crece. La separa de la tierra a la cual ella pertenece, diferente del poeta oriental, él no dejar a la flor tranquila. Tiene que arrancarla de la grieta en la pared, “raíz y todo”, lo cual significa que la planta morirá […] Al igual que un médico científico, vivisecciona la flor. Basho ni siquiera toca la nazuna, sólo la mira, “cuidadosamente” la mira –es todo lo que hace. Es totalmente inactivo en contraste con el dinamismo de Tennyson. [pp. 11-12].
Pienso que Bion intenta establecer diferencias parecidas cuando se refiere al concepto de “transformaciones en O”, como una relación afectuosa con el Otro, con el inconsciente del analizando, lo cual permitiría una comunicación con el inconsciente del paciente, así como una concientización de la “fantasía inconsciente” como una especie de iluminación, similar a lo que San Juan de la Cruz experimentó en Subida al Monte Carmelo . Pienso que la noción de “O” surgió en Bion como una fórmula para lidiar con el abismo imperceptible de la incomunicación con el paciente, para saber si lo que el analista está pensando cuando escucha está en conjunción con lo que el paciente está diciendo.
“O” representa un signo que podría ser finalmente logrado mediante un “acto de fe”, una reverencia por lo inefable, o una exclamación, que al percibir la obscura iluminación de la intuición, nos lleva a decir “Oh”. “O”, dijo Grotstein (1996) con gran precisión:
es como la descripción de Samarkanda por Tamburlaine: siempre en el horizonte, por siempre distante, siempre replegándose. Bion nos introdujo a un dominio cósmico, que en forma espacial, temporal, filosófica y existencial, existe más allá de nuestra capacidad sensual para entender; aunque los psicóticos y los místicos, siempre han tenido conocimiento de su existencia. [p. 147]
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Es de todos conocido que Bion no es un autor fácil, y Eigen (1995) con gran precisión nos ha dicho que, “para intentar leer a Bion con fidelidad uno debe leerlo muy de cerca, y en parte, en sus propios términos. Representa uno de los más precisos, aunque esquivo, de todos los escritores psicoanalistas”. Podríamos bien recordar lo que alguien, en algún momento, dijo sobre Heráclito, cuando éste consignó un libro que había escrito al templo de Diana, por su difícil lectura:
No te apures cuando hojees el libro de Heráclito; es un camino difícil, porque allí está la bruma y tendrás que penetrar la oscuridad.
Sin embargo, lo que Bion nos aporta es como una semilla, ¡que una vez sembrada, florece en cualquier momento por sí sola!
Conclusiones diferentes podrían con frecuencia representar perspectivas disímiles, o el uso de múltiples vértices para alcanzar la misma verdad. Tomemos, por ejemplo, algunos aspectos presentes en todos los seres humanos, aparentemente no relacionados entre sí y a los cuales no se les ha adjudicado un gran interés, a pesar de la extraordinaria importancia que ellos parecen tener. Me estoy refiriendo, por ejemplo, a aspectos como la existencia del himen en las mujeres o la ignorancia universal que existe sobre el inconsciente.
La presencia del himen ha constituido por siglos una excusa utilizada por el hombre para ejercer control sobre la mujer. No tiene un sentido lógico pensar que el himen pueda representar una restricción al acto sexual en la mujer, cuando al mismo tiempo la naturaleza hace del orgasmo el mayor placer que el ser humano pueda experimentar. Por cuanto si así fuese, implicaría un “doble mensaje”, un verdadero dilema que obviamente no se corresponde con la lógica infinita siempre presente en la naturaleza, o en Dios, o como quisiéramos llamarle. He pensado más bien que la “cultura del dolor” asociada a la virginidad y a la penetración a la edad de 11 o 12 años, cuando el embarazo es ya factible, induce a una adolescente a posponer la relación sexual a una edad posterior, unos cuatro o cinco años más adelante, cuando entonces sería capaz de lidiar mejor con la “violencia” del coito, así como el embarazo y el parto, lo cual permitiría la posibilidad de proporcionar a su hijo “una madre más madura” .
Nacemos siendo incapaces de comprender el complejo lenguaje del inconsciente, tal y como lo observamos en los sueños, requiriendo por lo tanto la necesidad de un traductor, como lo es el psicoanalista, para así lograr desandar el contenido críptico de lo inconsciente. Pienso que tal analfabetismo representa una protección natural frente a la violencia implícita en la verdad, la cual es continuamente expresada por el inconsciente y solamente comprendida por la consciencia, una vez que exista una verdadera inclinación de lidiar propiamente con tales revelaciones; después de todo, la mente consciente miente, algo que los latinos intuyeron hace mucho tiempo, por cuanto mente y mentir tienen la misma raíz. Bion ha sugerido que la insistencia de Edipo en conocer la verdad a cualquier costo por parte del adivino Tiresias, cuando aún no estaba preparado para lidiar con ello, representaba la presencia en su carácter de una trilogía consistente en “curiosidad, arrogancia y estupidez”. El mito de Edipo es una narrativa que lidia con mentiras y ocultamiento de la verdad; la Esfinge, por ejemplo, presentaba a todo visitante un acertijo, y si fallaban en proveer la respuesta correcta eran asesinados por el monstruo. Edipo, sin embargo, después de matar al rey en el cruce de caminos ignorando que era su padre, dio la respuesta correcta a la Esfinge, la cual, no pudiendo lidiar con el poder de la verdad, se suicidó. Agradecida por este logro, la ciudad presentó a Edipo la verdadera substancia de la tragedia: “la corona vacante de Tebas perteneciente a su padre, y la recientemente viuda, la reina Yocasta, su madre.”
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