— En general — agregó —, puede decirse que desde el momento en que la nave U.R.S.S.-LS2 espantó a las fieras, hasta el aterrizaje, tuve mucha suerte. Parece que aún no es tiempo de que quede viuda mi esposa — añadió, pasando cariñosamente su mano sobre la de Serafina Petrovna —. La nave estaba en la estratosfera. Abajo estaba Siberia. Bajando paulatinamente pasó los Urales y bajé cerca de la ciudad de Saransk. El golpe fue muy fuerte, pero como ven, no he sufrido, aunque no así la nave. Luego, no hay nada más que contar. Mandé un telegrama y me llevaron a Moscú en avión. ¡Así pude presenciar la triunfal llegada de nuestra astronave!
Tendió su mano a Belopolski.
— Hay que agradecer a Evguenievich por su pericia. Nuestra nave aterrizó a horario. ¡El primer gran raid cósmico pudo efectuarse a horario! ¡Es un gran triunfo!
— ¿Adónde se propone efectuar su próximo viaje? — preguntó Voloshin.
— A Marte, por supuesto. Los enigmas de ese planeta tienen que dilucidarse. Sólo que este vuelo ya no lo podré realizar yo mismo!
— ¿Por qué?
— Temo que este vuelo haya sido el último para mí — dijo Kamov con tristeza en la voz —. La supercarga que tuve que soportar al despegar de Marte tuvo sus consecuencias en mi organismo.
Nos miramos con espanto.
— ¿No es posible que te equivoques? — preguntó Paichadze.
— Temo que no.
— Lo curaremos — interpuso Voloshin —. Esto no puede ser. Los mejores médicos del país le asistirán.
Hubo un doloroso silencio.
— ¡No se aflijan, amigos! — dijo Kamov —. En Belopolski tenemos un buen capitán para el próximo vuelo en la astronave que le voy a construir. Espero que mis otros compañeros quieran seguir también. Para mí, basta. Entre nuestra juventud habrá centenares de nuevos capitanes siderales. Los vuelos cósmicos continuarán.
— Uno de esos capitanes está a mi lado — dijo la señora de Paichadze —. Nuestra Marina no habla más que de estrellas.
— ¡Claro que sí — exclamó la chiquita.
Todos rieron.
— ¡Bueno, está decidido! — dijo alegremente Kamov.
— ¿Cuándo ha de realizarse ese segundo vuelo a Marte? — preguntó Belopolski.
— Dentro de un par de años — contestó Kamov —. Hay que construir una nueva astronave, perfeccionada. Además la velocidad de veintiocho y medio es escasa.
— ¿Y Venus? — preguntó Voloshin.
— Venus es hermoso. Es un planeta lleno de vida y de fuerzas, pero no tiene enigmas. Sigue el camino de la Tierra. Sólo empieza a vivir. La ciencia terráquea, como la de una hermana mayor, tiene que ayudarle en sus primeros pasos. Pero ello no ha de ocurrir tan pronto. Es asunto de las generaciones venideras. Hay que ayudar a la naturaleza, pero no hay que forzarla en su trabajo.
— Así será — respondió el viejo académico.
El raid cósmico ha terminado.
El primer experimento de comunicaciones interplanetarias ha sido coronado por el más completo éxito. En siete meses y medio, la astronave U.R.S.S.-LS2 visitó dos planetas del sistema solar y, habiendo efectuado un vuelo de más de quinientos millones de kilómetros, regresó a la Tierra. Ha sido un gran aporte a la ciencia.
Nos prepararemos para los próximos vuelos. Habrá muchos. Las astronaves soviéticas cubrirán los espacios interplanetarios con decenas de vuelos. Descifrarán todos los enigmas tan celosamente ocultados por la naturaleza. El ojo sagaz del hombre penetrará en los más recónditos y lejanos límites de nuestro sistema solar. Alguna vez también este espacio les ha de resultar pequeño. Entonces lo trascenderán, pues no hay límites ni fronteras que no sepa franquear la audacia de la libre inteligencia humana.
¡No hay límites para el conocimiento humano!
FIN