Álvaro Pombo - Donde las mujeres

Здесь есть возможность читать онлайн «Álvaro Pombo - Donde las mujeres» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Donde las mujeres: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Donde las mujeres»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Premio Nacional De Narrativa 1997
En esta magnífica novela, Álvaro Pombo describe el esplendor y la decadencia de lo que parecía una unidad familiar que se imagina perfecta. La narradora, la hija mayor de la familia, había pensado que todos -su excéntrica madre, sus hermanos, su aún más excéntrica tía Lucía y su enamorado alemán- eran seres superiores que brillaban con luz propia en medio del paisaje romántico de la península, una isla casi, en la que vivían, aislados y orgullosamente desdeñosos de la chata realidad de su época. Pero una serie de sucesos y el desvelamiento de un secreto familiar que la afecta decisivamente, descubre a la narradora el verdadero rostro de los mitificados habitantes de aquel reducto. Una revelación que cambiará irremisiblemente el sentido de la vida…

Donde las mujeres — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Donde las mujeres», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

– Puede que hoy no suba, ayer creí que iba a quedarse a comer como otras veces, pero se marchó enfadado después de reñirte a ti bastante tiempo.

– No me reñía -dije yo, sorprendida por la observación de Violeta y también inquieta por descubrir que Violeta había observado nuestra conversación-, ¿cómo sabes tú que me reñía?, ¿tú dónde estabas?

– Yo estaba sentada en la terraza de delante y os veía a los dos sentados en el banco del mirador hablar. Como quedabais un poco más abajo, no me visteis, por eso dije: «¡schhh!, ¡schhh!» varias veces. Me extrañó que hablase tanto de seguido, como mamá cuando nos riñe.

– Pues no me reñía.

– Pues si no te reñía… ¿de qué hablabais?

– ¿De qué vamos a hablar? De lo que se habla, de eso hablábamos, de lo que se habla casi siempre.

– Casi siempre sí. Excepto alguna vez que no. Por ejemplo ayer mañana, vosotros dos.

– No sé de qué te extrañas tanto tú, Violeta, contigo también ha estado hablando mucho.

– Pero conmigo no se enfada ni habla tan seguido. Hablo más yo -dijo Violeta.

– Si quieres te digo de qué hablábamos, o sea él, si quieres te digo lo que dijo, no es ningún secreto.

– Me da igual… de qué hablabais, ¡a ver!

– Pues mira, de ti. De eso hablábamos. Él dice que le has dicho que estás harta de esta casa, y que te quieres ir con él a recorrer el mundo. Eso decía que le has estado tú diciendo.

– Pues como es mentira, que no le he estado eso diciendo, lo que no sé es tú de qué lo sacas.

– No lo saco yo, lo sacó él. Él dijo que tú decías que te aburrías aquí metida con Fernandito, con mamá y conmigo todo el año. Y yo le dije que, desde luego, que mucho me extrañaba a mí que tú lo hubieses eso dicho. Me extraña pero que mucho, eso le dije.

Violeta dijo:

– Es que eso no lo he dicho.

– Pues entonces eso es él, que miente más que habla, cosa que no me extraña lo más mínimo.

– A lo mejor lo dijo como quien por ejemplo coge y dice una indirecta, para que vieras tú lo que me quiere él y yo a él.

– Pues eso desde luego no lo vi. Y si eso es lo que quiso que yo viera, lo que se equivocó es de medio a medio, me parece. Porque ni creo, lo primero, que él te quiera a ti como te quiero por ejemplo yo. Pero es que ni la quinta parte, ni la décima parte, fíjate. Y lo segundo, que tú a él no es que no le quieras ni le quieras. Es que le quieres como a todo el mundo. Excepto Fernandito, mamá y yo, a nosotros nos quieres más que a nadie, y a todos los demás, más o menos, los quieres por igual, o sea, no mucho.

– Pues que sepas que me ha dicho la madre María En-gracia, ayer que me diga, el día que fui, que fue a principio de semana, el lunes fue, que una hija a un padre que le quiera es lógico. «Lo natural es que le quieras», dijo, porque, caso de que no, dice la madre María Engracia (y si quieres bajas tú y se lo preguntas), que a mi padre es natural que yo le quiera, y que una hija que a su padre no le quiere, más vale que no vaya a comulgar porque peca contra el cuarto mandamiento. Y yo le dije: «Pues, madre María Engracia, eso no es, porque a mi padre no lo conocí hasta hace un mes.» Y la madre María Engracia dijo: «¡Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar, qué cosas dices, niña! Eso me lo vas a ir a contar al director espiritual. A ver don Luis la penitencia que te pone.» Y yo dije: «Pues me da igual la penitencia que me ponga, como si es todo el rosario entero.» «¡Pero si es que no es eso!», dijo la madre María Engracia (que cuando ve que no pasa por un sitio coge y entra por el otro, que así es). Dijo que era imposible por completo, aunque no le hubiese visto más que un mes, únicamente el pasado mes de julio y unos pocos días más o menos («unos veinte de este mes en que ahora estamos», yo le dije). «Lo único», la madre dijo, «eso es lo único que me choca, lo que dices de que en tu casa no se le haya mencionado tan siquiera, eso me extraña. Me estás diciendo una mentira.» Y yo le dije: «Pues si quiere se lo juro, me da igual.» Y con las mismas cogí y dije: «Juro que no hablamos de mi padre jamás nunca hasta el pasado mes de julio y lo que llevamos de este mes. Y juro que en este mes y medio incluso ahora, de él, lo que no hacemos es hablar apenas. Igual es porque como ahora ya le vemos, no hace falta que lo hablemos o no sé.» Y la madre María Engracia, con la mano blanca derecha, que la tenía dentro de la manga intercalada en la otra mano, la que tiene con anillos de sus esponsales con Dios Nuestro Señor, de repente la sacó y dio en el brazo de su silla un manotazo que retumbó en la sala de visitas, menos mal que no había nadie. Eso fue lo que pasó y me da igual que no me creas, y si me crees, entonces lo que la madre dijo, ¿eso a ver, qué?…

Recuerdo que la carita compungida de Violeta iba cambiando de colores acuarelas como los escenarios del guiñol se suceden uno y otro y otro, siempre el jardín igual y la torre y el palacio, pero cambiando un poco los colores según van pasando a la carrera hora tras hora hasta el anaranjado del atardecer y luego azul oscuro, que es el cielo con la luna y las estrellas. Así Violeta fue cambiando, sin cambiar apenas ella misma de color, según hablaba, y reposando como los colores al atardecer se van posando al irse, la naranja anaranjada del sol, que se va metiendo poco a poco y ahí se apoyan todos los colores, en la luz del sol que es la imagen del amor, cosa que empezamos a pensar Violeta y yo de niñas y yo lo creo todavía, cada vez que veo la anaranjada naranja del astro rey, pienso en la gran luz del poderoso amor por todo el cielo de nuestras tenues vidas, desde que empiezan hasta que terminan, como esta historia terminará, como yo terminaré, como lo que cuento ahora se acabó y cerró y ahora lo reabro, así Violeta lució y relució hasta llegar a la última frase que dijo aquella mañana:

– Dijo la madre María Engracia que, quererle, por fuerza tenía que quererle. O si no que pecaría mortalmente además de contra natura contra Dios. Dijo que sería un contradiós. Y contra los valores de la familia y de la patria, es lo que dijo. Que si yo a mi padre, una vez teniéndole ya en casa, cogía y después no le quería, que pecaría mortalmente. Y yo le dije: «Pues le quiero, así que, pecar, no creo yo que haya pecado ni siquiera venialmente.» Y la madre dijo: «Bueno, pues si es así, pues entonces no tienes que ir a confesar, pero lo principal es que le quieras y que escuches tu corazón lo que te dice, espontáneamente. Y como tú eres una niña buena, aunque muy estudiosa no es que seas, pero buena sí, oigas lo que oigas, lo diga quien lo diga, da lo mismo. A tu padre le querrás por ser tu padre.» Le besé la mano y salí, que te acordarás que quedamos tú con Óscar y los otros a la puerta del colegio a esperarme a que saliera, y luego nos quedamos por el pueblo hasta la hora de cenar, que te acordarás que acababan ya de dar las diez cuando entrábamos en casa y mamá y Fräulein Hannah nos estaban esperando ya en la puerta, porque no eran horas: y a Fräulein Hannah todo se le volvía decir: «Was für eine Uhr für die Kleine Madchen!» Porque machacona es machacona, Dios bendito.

Violeta hablaba y yo la oía a la vez que oía a mi madre hablando con Manuela y en la sartén freírse un diente de ajo. Oía la voz crecientemente infantil de Violeta, enmarcada en el cacareo de media mañana de las gallinas ponedoras y del gallo. Recuerdo que un par de veces por lo menos, entró mi madre y preguntó, según pasaba: «Qué hacéis que no salís, con la mañana que hace hoy para salir.» Pero no insistió. Y nosotras seguimos hablando toda la mañana. La conclusión que yo saqué era que Violeta, sirviéndose de su conversación con la madre María Engracia, para disimular un poco sus auténticos sentimientos, nos reprochaba a mi madre y a mí el haber dado a mi padre tan poca importancia cuando estaba ausente y sólo prestarle una cortés atención aquel verano. Y es que Violeta había xdescubierto algo que yo sabía de sobra y que me negaba a traducir a sentimientos apropiados: mi padre era un hombre encantador a quien ni mi madre ni yo hacíamos caso por motivos que -decidí yo de pronto- ni siquiera a mí misma me constaban. ¿Por qué me disgustaba tanto la presencia de mi padre?

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Donde las mujeres»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Donde las mujeres» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Donde las mujeres»

Обсуждение, отзывы о книге «Donde las mujeres» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x