Anna Gavalda - El consuelo

Здесь есть возможность читать онлайн «Anna Gavalda - El consuelo» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

El consuelo: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «El consuelo»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Charles Balanda tiene 47 años y una vida que a muchos les parecería envidiable. Casado y arquitecto de éxito, pasa las horas entre aviones y aeropuertos. Pero un día se entera de la muerte de Anouk, una mujer a la que amó durante su infancia y adolescencia, y los cimientos sobre los que había construido su vida empiezan a resquebrajarse: pierde el sueño, el apetito y abandona planes y proyectos. Será el recuerdo de Anouk, una persona tremendamente especial que no supo ni pudo vivir como el resto del mundo, lo que le impulsará a dar un giro radical y cambiar su destino.

El consuelo — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «El consuelo», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

– ¿Por qué?

– Pero bueno… ¿todavía no ha tenido bastante? -suspiró Kate.

– Bastante ¿de qué?

– De mis novelitas rurales.

– No.

Al ver que Kate se ponía ya a trajinar junto al fregadero, Charles cogió una silla y la dejó a su lado.

– Lavar lechugas es de la cosas que sí sé hacer -le aseguró-. Tenga… Siéntese aquí… Coja su cerveza y cuénteme…

Kate vacilaba.

El maestro arquitecto frunció el ceño y blandió el dedo índice, como si tratara de amaestrarla.

– Sit!

Kate terminó por obedecer, se quitó las botas, se tiró del borde del vestido para cubrirse las piernas y se reclinó hacia atrás sobre el respaldo de la silla.

– Oh… -gimió-. Es la primera vez que me siento desde anoche. Ya no me podré levantar más…

– No alcanzo a concebir siquiera -añadió Charles- que pueda usted cocinar para tanta gente con un fregadero tan poco práctico. ¡Es que esto ya no es ni decoración rústica, es… es puro masoquismo! O esnobismo tal vez, ¿qué le parece a usted?

Kate blandió el cuello de la botella para indicarle una puerta junto a la chimenea.

– La antecocina… No hay criada, pero encontrará un gran fregadero, e incluso, si busca con atención, un lavaplatos…

Acto seguido, soltó un sonoro eructo.

Como buena Lady que era.

– Perfecto… pero… no importa, me quedo aquí con usted. Ya me las apañaré.

Charles desapareció, volvió, trajinó, abrió armarios, encontró cosillas y se apañó con ellas.

Ante una sonrisa divertida.

Mientras batallaba con las babosas, Charles añadió:

– Sigo esperando el siguiente episodio…

Kate se volvió hacia la ventana.

– Llegamos aquí en… el mes de octubre, creo… Más tarde le diré en qué circunstancias, ahora tengo demasiada hambre como para enrollarme tanto… Y al cabo de unas semanas, como cada vez anochecía más temprano, empecé a tener miedo… Era algo muy nuevo para mí, esto del miedo.

»Estaba sola con los niños y, todas las noches, a lo lejos se veían resplandores de faros… Al principio en el otro extremo del camino de robles, pero luego cada vez más cerca de la casa… No era nada, sin embargo… Sólo los faros de un coche parado… Pero lo peor era eso, precisamente: que no fuera nada. Como un par de ojos amarillos acechándonos… Se lo comenté a Rene. Me dio el fusil de caza de su padre, pero claro… no es que me sirviera de mucho… Entonces, una mañana, después de dejar a los niños en el colegio, fui a la Sociedad Protectora de Animales, que se encuentra a unos veinte kilómetros de aquí. Bueno, no es exactamente eso… Más bien una especie de refugio que es a la vez un desguace para coches. Un sitio… agradable, con un dueño bastante… pintoresco, por decirlo de alguna manera. Ahora ya somos amigos, no hay más que ver la cantidad de personajillos de cuatro patas que nos ha entregado desde entonces, pero aquel día, créame, no las tenía todas conmigo. Pensaba que iba a acabar estrangulada, violada y desguazada. -Kate se reía-. Me decía: mierda, ¿y ahora quién va a ir a recoger a los niños a la salida del colegio?

»Pero no tendría que haberme preocupado. Lo del ojo en blanco, el agujero en la cabeza, los dedos que le faltaban en las manos y los tatuajes fantasiosos era sólo… un estilo. Le comenté mi problema, se quedó un rato callado y luego me indicó que lo siguiera. "Con éste, ya nadie vendrá más a tocarle las narices, se lo digo yo…" Yo di un respingo de espanto. En una jaula apestosa, una especie de lobo trataba de mordernos tirándose como un loco contra la reja. El dueño añadió entre dos escupitajos: "¿Tiene una cadena?"

»Pues…

Charles, dejando un momento sus lechugas, se dio la vuelta riendo.

– ¿Y tenía usted cadena, Kate?

– ¡No sólo no tenía cadena sino que sobre todo me preguntaba cómo demonios iba a poder meterme en el coche con él! ¡Me iba a comer viva, estaba claro! Pero bueno… no me amilané… El dueño cogió una correa, abrió la jaula gritando, sacó a ese monstruo lleno de babas y luego me lo tendió como si se tratara de un radiador o de una llanta cromada. "Normalmente siempre cobro algo, por principio, pero con éste… bah, iba a darle matarile de todas formas… Bueno, pues nada, ahí se lo dejo y me marcho, ¿eh?, que tengo mucho curro…" Y me dejó ahí plantada. Aunque eso de "plantada" no es más que una expresión, porque en un segundo el otro macho de esta historia me arrastró con él. También hay que decir que, por aquel entonces, yo aún era un poco femenina, ¡todavía no me había transformado en Charles Ingalls, el de La casa de la pradera.

El otro Charles, el nuestro, se divertía demasiado como para pensar en llevarle la contraria.

– Por fin conseguí tirar del perro hasta el maletero del coche, y entonces…

– ¿Y entonces?

– Entonces ahí sí que me amilané…

– ¿Le devolvió el perro al tipo ese?

– No. Decidí volver andando… Bueno, el perro me siguió arrastrando unos cien metros más o menos, hasta que al final me decidí a soltar a ese chalado. Le dije: «O vienes conmigo y entonces vivirás como un pacha, y cuando seas viejo te picaré yo misma la carne y te sacaré en brazos a hacer pis todas las noches, o te vuelves allí de donde procedes y terminas de esterilla en una vieja Renault 5 destartalada. Tú eliges.» Por supuesto, se largó sin pensárselo dos veces campo atraviesa, y pensé que ya no volvería a verlo más. Pero no… Volvía a aparecer de vez en cuando… Lo veía perseguir a los cuervos, se metía en los sotobosques y daba grandes vueltas alrededor de mí. Grandes vueltas menos grandes cada vez… Y, tres horas después, tras cruzar el pueblo, me seguía ya tranquilamente, con la lengua fuera. Le di de beber y quise encerrarlo en la perrera hasta que Rene me pudiera llevar a mi coche en su moto, pero otra vez se puso como loco, así que le pedí que me esperara, y lo dejamos ahí.

Kate recuperó el aliento con un sorbito de cerveza.

– Cuando volvimos, tengo que decir que estaba un poco cagada de miedo…

– ¿De que se hubiera escapado?

– ¡No, de que se zampara a los niños! Nunca olvidaré esa escena… Por aquel entonces todavía aparcaba el coche en el patio de la granja… No sabía que el puente se estaba derrumbando… El perro estaba tumbado ante mi puerta y levantó la cabeza; yo apagué el motor y me volví hacia los niños: «Tenemos un nuevo perro, parece muy fiero, pero yo creo que no es más que pura apariencia… Ya lo veremos, ¿vale?»

»Salí la primera, cogí a Hattie en brazos y di la vuelta al coche para sacar a los otros dos. El perro acababa de levantarse, yo intenté dar un par de pasos, pero Sam y Alice se agarraban con todas sus fuerzas a mi abrigo. El perro se acercó a nosotros, gruñendo, y yo le dije: "Calla, tonto, ¿no ves que son mis niños…?", y nos fuimos de paseo. No le oculto que tenía las piernas… likejelly, y que los niños tenían aún más miedo que yo… Y bueno, al final terminaron por soltarse de mi abrigo… Llegamos hasta los columpios, y el perrazo se tumbó en el camino. Después volvimos a casa, cenamos, y él encontró su sitio delante de la chimenea… Los problemas empezaron más adelante… Mató a una oveja, luego a otra, y a otra más… A una gallina, a dos, a diez… Yo pagaba a los campesinos para reembolsarles las pérdidas, pero Rene me indicó con un gruñido caso ininteligible para mí que los cazadores hablaban mucho de mi perro en el bar del pueblo. Que se preparaba una batida… Entonces, una noche, lo advertí: "Si sigues así, te van a matar, entérate…"

Charles se peleaba con una escurridora de ensalada que debía de ser del año de la tana.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «El consuelo»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «El consuelo» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «El consuelo»

Обсуждение, отзывы о книге «El consuelo» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.