Anna Gavalda - El consuelo

Здесь есть возможность читать онлайн «Anna Gavalda - El consuelo» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

El consuelo: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «El consuelo»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Charles Balanda tiene 47 años y una vida que a muchos les parecería envidiable. Casado y arquitecto de éxito, pasa las horas entre aviones y aeropuertos. Pero un día se entera de la muerte de Anouk, una mujer a la que amó durante su infancia y adolescencia, y los cimientos sobre los que había construido su vida empiezan a resquebrajarse: pierde el sueño, el apetito y abandona planes y proyectos. Será el recuerdo de Anouk, una persona tremendamente especial que no supo ni pudo vivir como el resto del mundo, lo que le impulsará a dar un giro radical y cambiar su destino.

El consuelo — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «El consuelo», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Kate se inclinó hacia delante. Su nuca… Cogió al bichito y lo dejó en un cubo junto a la tapia.

– Antes, Rene las aplastaba a todas, pero Yacine le ha dado tanto la vara que ya ni se atreve a ponerles un dedo encima. Ahora las tira todas en la huerta del vecino…

– ¿Por qué del vecino?

– Porque le mató su gallo…

– ¿Y por qué a Yacine le interesan las babosas?

– Sólo estas tan gordas… Porque leyó no sé dónde que pueden vivir entre ocho y diez años…

– ¿Y qué?

My goodness! ¡Es usted tan pesado como él! Yo qué sé… Piensa que si la naturaleza, o Dios, o lo que usted quiera ha creado a propósito un animal tan pequeño, tan repulsivo y, sin embargo, tan robusto, alguna razón tendrá que haber, y que librarse de él aplastándolo con la azada es un insulto a toda la creación. Tiene muchas teorías como ésta, de hecho… Observa a Rene trabajar en la huerta y le da conversación durante horas, contándole los orígenes del mundo, desde la primera patata hasta nuestros días.

»El niño, feliz, porque tiene quien lo escuche, y el viejo está encantado. Un día me confesó que antes de morir se sacaría el graduado escolar gracias a Yacine, y las babosas gordas están felices de la vida. Las sacan de esta huerta y ven mundo… Vamos, que todo el mundo sale ganando de alguna manera… Sígame, vamos a volver por un sitio especial para que admire las vistas, y luego veremos qué travesuras nos están preparando… Siempre es preocupante cuando los niños están demasiado silenciosos.

Bordearon lo que quedaba de tapia y tomaron por un sendero de tierra que los llevó hasta lo alto de una colina.

Prados ondulados y delimitados por setos hasta donde alcanzaba la vista, gavillas de heno, bosques, un cielo inmenso y, abajo, un grupo de chiquillos, algunos en bañador, otros a lomos de animales de pelo, riendo, gritando, chillando y corriendo por la orilla de un río de aguas muy oscuras que fluían hasta perderse detrás de otros bosquecillos…

– Bueno… Está todo en orden -suspiró Kate-. Vamos a poder descansar un poco nosotros también…

Charles no se movía.

– ¿Viene?

– ¿Se acostumbra uno?

– ¿A qué?

– A esto…

– No… Todos los días son diferentes…

– Ayer -pensó Charles en voz alta-, el cielo era rosa, y las nubes, azules; y esta noche es al contrario, las nubes son… ¿Hace… hace mucho que vive usted aquí?

– Nueve años. Venga conmigo, Charles… Estoy cansada… He madrugado mucho hoy, tengo hambre y un poco de frío…

Charles se quitó la chaqueta.

Era un truco muy viejo. Ya lo había hecho miles de veces por lo menos.

Sí, era un truco muy viejo eso de cubrir con una chaqueta los hombros de una mujer bonita en el camino de vuelta, pero la gran novedad es que el día anterior Charles llevaba una sierra mecánica, y hoy, un cesto lleno de babosas…

¿Y mañana?

– Usted también parece cansado -le dijo ella.

– Trabajo mucho…

– Me lo imagino. ¿Y qué construye, pues?

Nada.

Charles apartó el brazo.

Acababa de entrarle de repente un bajón tremendo.

No había contestado a su pregunta…

Kate inclinó la cabeza. Pensó que tampoco ella llevaba calcetines bajo las botas…

Que tenía el vestido manchado, las uñas, rotas, y las manos, horribles. Que ya no tenía veinticinco años. Que se había pasado toda la tarde vendiendo bizcochos caseros en el patio de un pequeño colegio en vacaciones. Que había mentido. Que había un restaurante a quince kilómetros. Que le había debido de parecer ridícula enseñándole su puñado de ruinas como si se hubiera tratado de un magnífico palacio. A él, encima… A ese hombre que seguramente los habría visitado todos… Y que lo había aburrido con sus historias de jamelgos, de gallinas y de niños medio salvajes…

Sí, pero… ¿de qué otra cosa habría podido hablarle?

¿Qué otras cosas había en su vida?

Empezó por esconderse las manos en los bolsillos.

Lo demás sería más difícil de disimular.

Bajaban la colina, hombro contra hombro, silenciosos y muy lejos el uno del otro.

El sol se ponía detrás de ellos, y sus sombras eran inmensas.

I -murmuró Kate muy despacio-.

I will show you something different from either

Your shadow at morning striding before you

Or your shadow at evening rising to meet you

I will show you your fear in a handful of dust*

Como Charles se había quedado parado mirándola de un modo que le hacía sentir incómoda, Kate se sintió obligada a precisar:

– T. S. Eliot…

Pero a Charles le traía sin cuidado el nombre del poeta, era todo lo demás lo que… lo que… ¿cómo lo había adivinado Kate?

Esa mujer… que reinaba sobre un mundo lleno de fantasmas y de niños, que tenía unas manos tan hermosas y recitaba versos transparentes al atardecer, ¿quién era?

Te enseñaré algo que no es

Ni tu sombra por la mañana extendida delante de ti,

Ni tu sombra por la tarde saliendo a tu encuentro,

Te ensenaré tu miedo en un puñado de polvo.

– ¿Kate?

– Mmm…

– ¿Quién es usted?

– Tiene gracia, es justo lo que me estaba preguntando yo en este preciso momento… Pues bien… así, viéndome desde lejos, se diría que soy una gruesa granjera con botas que trata de hacerse la interesante recitándole retazos de un poema deprimente a un hombre cubierto de esparadrapos…

Su risa sacudió las sombras de ambos.

¡ Come along, Charles! ¡Vamos a ponernos hasta arriba de salchichón! Nos lo hemos ganado…

7

Los recibieron los gemidos del viejo perro tumbado en su camastro. Kate se acuclilló en el suelo, apoyó la cabeza del animal en su regazo y le rascó las orejas diciéndole palabras cariñosas. Luego, y ahí Charles flipó, para emplear la expresión preferida de Mathilde, extendió los brazos, lo cogió por debajo y lo aupó en volandas (mordiéndose el labio) para sacarlo a hacer pis al patio.

Flipó tanto que ni siquiera se atrevió a seguirla.

¿Cuánto pesaría un animalote como ése? ¿Treinta kilos? ¿Cuarenta?

Esa chica no terminaría nunca de… ¿de qué? De anonadarlo. De alucinarlo, como también gustaba de decir su pequeño diccionario de argot de catorce años y medio. Sí, de alucinarlo mazo.

Su sonrisa, su nuca, su coleta, su vestidito años setenta, sus caderas, sus bailarinas, su bandada de chiquillos en los campos, sus proyectos de limpiar y arreglarlo todo, su capacidad de réplica, sus lágrimas cuando menos se las esperaba uno y, ahora, el levantamiento a pulso del perrazo en cuatro segundos y medio, era…

Era demasiado para él.

Kate volvió con las manos vacías.

– ¿Qué le pasa? -preguntó, sacudiéndose el polvo de los muslos-. Ni que acabara de ver a la Virgen en bikini. Esto lo dicen los niños de por aquí… Me encanta esta expresión… «¡Eh, Michael! ¿Qué pasa, tronco, has visto a la Virgen en bikini, o qué?»… ¿Le apetece una cerveza?

Estaba inspeccionando la puerta de su nevera.

Charles debía de estar poniendo de verdad cara de tonto, porque Kate extendió el brazo para enseñarle qué era aquello de «una cerveza».

– ¿Sigue usted en este planeta?

Y, perpleja ante su desconcierto por algo tan banal como una cerveza, Kate encontró otra explicación más racional:

– Tiene las patas traseras paralizadas… Es el único perro que no tiene nombre… Lo llamamos el Gran Perro, y es el último caballero de esta casa… Sin él probablemente no estaríamos aquí esta noche… Bueno, yo por lo menos desde luego no estaría aquí…

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «El consuelo»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «El consuelo» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «El consuelo»

Обсуждение, отзывы о книге «El consuelo» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.