Claudia Amengual - Mas Que Una Sombra

Здесь есть возможность читать онлайн «Claudia Amengual - Mas Que Una Sombra» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Mas Que Una Sombra: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Mas Que Una Sombra»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

"Era martes, las ocho y veinte de la mañana del día de su muerte. Tadeo se debatía entre un ánimo ambiguo que lo llevaba de una nostalgia prematura a un entusiasmo juvenil. No era alegría, más bien se sentía triste, pero al menos lo alentaba saber que sería un día distinto, con un propósito que lo conduciría a algo, y le daría un estatus definitivo por el cual ya no tendría que pelear más, ni probarse, ni medirse, ni temer otras codicias."
"Sería un muerto a partir de las diez de la noche y lo sería para siempre. Pensar en eso le produciría una cierta paz, como la vecindad de unas vacaciones largamente añoradas. Tadeo sólo quería descansar".

Mas Que Una Sombra — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Mas Que Una Sombra», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

– Está depre -dijo Víctor y le puso la mano en el hombro.

– ¿Te pasa algo?

Víctor sonrió.

– Dice que va a matarse.

– Dejate de pavadas, Tadeo. Con eso no se juega -protestó Moura más molesto que preocupado, como si un ladrón se hubiera metido en el jardín vecino y no fuera ese jardín lo importante, sino la eventualidad de que saltara la tapia y entrara al suyo.

– Ya le dije -siguió Víctor con su insoportable paternalismo-, ya le dije que no embromara. Por eso me lo traje, a ver si se despeja un poco. ¿Vos no tenés a alguien para presentarle? ¿Alguna clienta? De las de Lubak, por ejemplo.

Tadeo dejó el hielo y empezó a delinear su mano izquierda con una lapicera verde sobre el mantelito de papel. Una y mil veces iba y venía por encima del mismo trazo y la silueta de su mano se transformó en una autopista, un camino por el que se evadía de aquel lugar. Debieron darse cuenta de que la cosa venía en serio y que estaban empezando a molestarlo. Tadeo no era un tipo violento, pero tampoco se dejaba tomar el pelo. Otro día, con más fuerza en el cuerpo, no hubiera aguantado tanta burla a costa de su padecimiento. Los miró con una mezcla de rabia y apatía, que fue lo máximo que logró reunir de su interior maltrecho. Pero ellos seguían en su mundo y ya se habían enfrascado en una discusión acerca del derecho a quitarse la vida y otras cuestiones que a él le sonaban tan ajenas al estado de desesperanza que estaba viviendo. En ese momento, le hubiera gustado que estuviera Horacio para entenderse sin necesidad de hablar.

Lubak irrumpió cerca de las siete. Estaba excitadísimo y no quería que a nadie se le escapara el dato de que venía de una tarde de buen sexo. Tampoco quería caer en la vulgaridad de andar contando detalles, así que su cuerpo hablaba por él, rojo a rabiar, con unas gotitas finas de sudor empozadas en el hueco de las ojeras y una cara de satisfacción que se traslucía detrás de la sonrisa. Víctor le palmeó la espalda y carraspeó con una complicidad adolescente.

– ¿Qué se cuenta, che?

– Lubak se acomodó en su silla y le hizo señas a Ramiro para que le trajera su cerveza con la picada especial de la que todos terminaban comiendo.

– ¿Qué contás vos? Se te ve contento -contestó Víctor.

– ¿Pasaste por el quiosco? -preguntó a Moura.

– Pasé más temprano. Todo en orden. Nada más una cuenta que después quiero que veas, algo de impuestos con una multa o algo así.

– ¡Pero si yo pagué todo en fecha!

Eran los cuatro o cinco minutos de cada martes en los que Lubak y Moura se encerraban en su pequeño mundo de diarios y revistas y los demás quedaban fuera. Pero Lubak estaba demasiado pleno como para permitir que una multita de más o de menos le arruinara el placer que todavía tintineaba en cada gesto, en la languidez de la mirada. Tadeo recordó la deuda que mantenía con él, vestigio del delirio de escritor que alguna vez había tenido. Ramiro trajo unos platitos de colores, con maníes, aceitunas, longaniza y cubitos de queso.

– ¿De qué hablaban? -preguntó Lubak e inauguró la picada, un gesto que los demás observaban por respeto antes de lanzarse a comer como si fueran a pagar aquello entre todos. Ramiro se acercó con la cerveza y Lubak aprovechó para pedirle que trajera pan.

– ¿Vos qué opinás de la gente que se mata?

– Depende… -contestó Lubak con la seriedad de las declaraciones sesudas-… del punto de vista desde donde se mire. Por ejemplo, religioso. Recuerden que el cristianismo impuso la noción del sufrimiento casi como algo deseable, las autoflagelaciones para expiar culpas. De ahí a la muerte había un paso. Sin embargo…

– Catolicismo, querrás decir -precisó Moura.

– Digamos catolicismo, está bien, tenés razón, dejemos al cristianismo de lado porque convengamos en que el mensaje cristiano es pro vida en todo sentido, seas o no creyente. En cambio, con la Iglesia ya aparecen otros mecanismos de control. Pero, volviendo a lo otro, no hay forma de que un católico acepte el suicidio como medio para poner fin al sufrimiento si ese sufrimiento no puede ser sino la consecuencia de la lucha entre el bien y el mal, y eso está bien visto.

– Yo lo veo desde otro punto de vista, y vos sabés que soy agnóstico, pero me parece que es más una cuestión del origen de la vida, del Dios Padre que te la da y es el único que te la puede quitar, bla, bla, bla… -completó Moura, casi con ánimo de corregir en aquella mínima competencia que mantenían.

– Pero, ¿cómo me explicás el martirio de Cristo, entonces? -terció Víctor que siempre era el más pragmático y que compensaba su carencia de conocimientos con intentos de transgresión, bombazos que estallaban en la mesa y de los cuales se derivaba una nueva discusión o se traía la anterior a carriles donde él podía manejarse con algo de solvencia.

– Como una entrega por algo superior, el prójimo en este caso.

– A mí me parece que Cristo predicó la vida ante todo. No me cierra que eligiera la muerte para salvar a otros. Es como si se hubiera suicidado.

– Lo que pasa -dijo Lubak con aires de catequista rebelde- es que tampoco hay que tomar esa historia al pie de la letra. ¡Me extraña, muchachos!

– ¿Qué? ¿No hubo crucifixión?

– Crucifixión, sí. Y también miedo del hombre que sabía que iba a morir, y a morir con dolor físico. “Padre, por qué me has abandonado”. No se olviden de eso. Pero lo más importante no está ahí, sino que luego viene la etapa de la resurrección.

– ¡Ah! ¿Y eso sí hay que tomarlo al pie de la letra? -ironizó Moura.

– Eso tampoco. Es para que la gente entienda el mensaje. Y el mensaje es: para resucitar, morir primero. ¿Me seguís? -y se metió en la boca un puñadito de maníes que se desgranaron mientras hablaba-. Morir, abandonar el útero, la seguridad, la casa de tus padres -Lubak se limpió los dientes con la lengua-. Pero de ahí a comparar la muerte de Cristo con un suicidio, hay un largo trecho.

– Kierkegaard -terció Moura y Víctor empezó a ponerse nervioso- se preguntaba si el hombre tiene derecho a hacerse matar por la verdad, a elegir su muerte por defender la verdad.

– Sería el caso de Cristo -acotó Víctor por decir algo.

– La respuesta que da es que Cristo no puede tomarse como modelo porque fue un ser excepcional y su muerte se vincula con lo sagrado.

– No estoy de acuerdo, Moura, de ninguna manera. Cristo fue un hombre, con unas ideas magníficas, pero un hombre.

– ¡¿Y qué me decís a mí, justo a mí?! ¡Ya sé que fue un hombre! Nada más quería citar a Kierkegaard.

– Bueno, pero citalo con fundamento.

– ¿Leíste a Kierkegaard?

– No, ¿y vos?

– No directamente, pero sé que decía eso.

Víctor se vio venir una horda de Nietzsches, Shopenhauers y Heideggers a caballo y entendió que era el momento de acomodar el nivel de la discusión.

– Pero, al final de cuentas, ¿por qué terminamos en esto?

Moura y Lubak lo miraron; Víctor miró a Tadeo y los tres le clavaron los ojos sin que él pudiera levantar los suyos del hielo que ya se iba derritiendo. Víctor lo abrazó y lo atrajo hacia sí.

– Es que este ñato -le dijo a Lubak- anda diciendo que se va a matar esta noche.

– ¡Ah! Con razón ni hablabas. ¿Y qué te pasa?

Tadeo apuró su bebida y dijo que se iba, que tenía cosas que hacer, pero Víctor lo tomó del brazo y lo sentó sin esfuerzo.

– Quedate acá. Para eso estamos los amigos, ¿no? -después, se dirigió a los otros como si Tadeo no estuviera ahí o fuera un retardado-. Lo que pasa es que anda solo, ¿entienden? Y yo le digo que tiene que buscarse una mujer.

– No sé -dijo Moura-, a veces son para problemas. Yo estoy mejor así.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Mas Que Una Sombra»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Mas Que Una Sombra» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Mas Que Una Sombra»

Обсуждение, отзывы о книге «Mas Que Una Sombra» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x