Ramiro Pinilla - La tierra convulsa

Здесь есть возможность читать онлайн «Ramiro Pinilla - La tierra convulsa» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

La tierra convulsa: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «La tierra convulsa»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Ambicioso fresco sobre la historia reciente del País Vasco, saga y la vez retrato de un microcosmos realista y mágico que es el pueblo de Getxo, Verdes valles, colinas rojas es la gran novela sobre la colisión entre un mundo que cambia y un pueblo que se resiste a todo cambio. La historia arranca a finales del siglo XIX con el enfrentamiento entre Cristina Onaindia, aristócrata casada con el rico industrial Camilo Baskardo, y Ella, una ambiciosa y astuta criada sin nombre que pone en peligro todos los valores tradicionales cuando anuncia que espera un hijo ilegítimo. Esa rivalidad prolongada durante décadas y que marca la historia de Getxo es comentada por dos figuras protagonistas: don Manuel, anciano maestro, y Asier Altube, su discípulo predilecto, que rememoran los meandros y ramificaciones de otras muchas historias derivadas de éstas, como la de Roque Altube, primogénito de un caserío enamorado de una agitadora socialista, o la de los niños Baskardo, que vivirán en su propia piel la locura aranista de la madre. Ramiro Pinilla domina como pocos la acción y los diálogos, y logra integrar, desde una perspectiva a la vez épica y lírica, la historia y los mitos de una región.

La tierra convulsa — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «La tierra convulsa», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Lo cojo. Es un libro tan pequeño que cabe en una mano. Y el hombre de la maleta me da también el retrato de ese Carlos, y otro libro, mayor.

– Es El Capital -dice-, escrito también por Marx. Edición abreviada, para tu tranquilidad y la de otros muchos. La vendemos a 2,50 pesetas, pero la agrupación te la regala. El original es un librote tan enorme y difícil, que no parece sino que Marx, al proponer el comunismo, colocaba al mismo tiempo obstáculos en el camino. Pocos revolucionarios habrán leído o leerán El Capital. La revolución se hará, ¡ja, ja!, a pesar de este mamotreto.

Cojo el segundo libro, pero estoy mirando a Isidora.

– Ahora ya puedes sentarte entre nosotros -dice el hombre de la maleta.

La única banqueta libre es la que está junto al viejo y frente a Isidora. Me siento.

– Debes conocer nuestros nombres -dice el hombre de la maleta-. Urbano e Isidora, su hija. Los jóvenes son Marcelo y José. Facundo es nuestro tesorero. Ya te dije mi nombre: Eduardo… Nuestro nuevo amigo se llama Roque…

– Roque Altube, del caserío Altubena de Getxo -digo.

– Bien, bien, no te enfades -dice Eduardo-. Facundo ha preparado un informe.

– ¿Otro? -dice Marcelo-. ¡Una vagoneta acaba de aplastar a un compañero y nosotros sentados escuchando un informe! ¡Cómo se ríen de nosotros los patronos!

Eduardo me coge de la mano el libro pequeño y lo levanta.

– ¡Para hacer la revolución importan más las ideas escritas que la violencia! -dice-. ¿Ves este libro? Pequeño, ¿no? ¡Pues está cambiando e] mundo! ¡Media docena de hojas de papel impreso! ¿Por qué no les preguntas a los patronos si les hace reír?

Isidora se frota los dedos de una mano contra los de la otra. Voy conociendo cosas de ella: lo hace siempre que está nerviosa.

– ¡Hemos perdido a uno de los nuestros y hay que preparar alguna respuesta! -dice Marcelo-. ¡Olvidémonos del maldito informe!

Eduardo hace una seña a Facundo para que empiece. Marcelo se levanta. Isidora también se levanta y va hacia él. Le coge de la manga de la blusa.

– Nunca te habías puesto así -le dice-. ¿Qué te pasa? ¿Te ha ofendido alguno de nosotros? Seamos todos uno. Nuestra fuerza está en la fe que nos une. Me moriría si, en vez de crecer, nuestro grupo disminuyera.

Es imposible no hacer lo que ella pide. Sus ojos son negros y brillan con la fuerza de un sol. A Marcelo no le queda sino golpear la mesa con una mano y sentarse. Quiero para mí esos ojos negros de Isidora.

– Adelante, secretario, adelante -dice Marcelo-. Si te gusta hablar, pues habla. Ahora entiendo por qué te va tan bien con la quincalla que carga tu mula… ¡Para vendérsela a las mujeres no tienes más que darle a la lengua! Adelante, véndenos ese informe…

Facundo se pone unas gafas, coge unos papeles y empieza a leer. Isidora se ha sentado y se encoge, supongo que para escuchar mejor. Sólo mira a la mesa, de modo que yo puedo mirar a placer su cara.

Bueno, y por fin Facundo deja de leer. No sé lo que ha dicho, no sé cuánto tiempo ha pasado. Dejo de mirar la cara de Isidora y miro a la gente de la mesa, y veo a José dormido con la cara apoyada en sus brazos cruzados sobre la mesa. Sé que Facundo ha dejado de leer cuando Isidora levanta los ojos, y pienso: «Ahora me mirará. No tiene más remedio que mirarme, porque estoy frente a ella». Pero, no. Se levantan sus ojos, sus párpados, y ni aun así mis ojos tropiezan con los suyos, que se escabullen.

Oigo ronquidos a mi izquierda: Urbano duerme con la barbilla hundida en el pecho. Marcelo sacude la cabeza de José para despertarle.

– ¡Cojonudo! -dice Marcelo-. Me has convencido, quincallero: véndeme tela para hacer almohadas para todos.

– Ha sido un buen informe -dice Eduardo-. Y no deja fuera ninguna de las quejas que circulan por las minas.

– Que opine José -dice Marcelo, riendo.

José se frota los ojos. Dice:

– Llevo días metiendo «tarea» y después jornada.

– ¡La nuestra es la revolución de los dormidos y los informes hacen de canciones de cuna! -dice Marcelo.

– Estamos en sesión. El que quiera intervenir que levante la mano -dice Eduardo. Marcelo levanta la mano.

– Te recuerdo que tus enemigos no están en esta mesa -le dice Isidora. Las palabras han salido de sus labios casi con suavidad, pero suenan como un látigo, como cuando la madre dice en la cocina de Altubena algo que deja callada a toda la familia.

– Para escuchar lo que tengo que decir no se necesitan almohadas -dice Marcelo. Pero ha dejado de reír. Su cara vuelve a ser dura. Me mira y yo le miro, mis ojos le lanzan: «¿Qué pasa?»-. Esto es lo que digo: fuera las «tareas», fuera la jornada de más de diez horas, fuera barracones y cantinas, fuera el pago mensual y las «contraseñas de latón»… Éste es mi informe. No ha dormido a nadie. Corto y claro como una maldición contra los patronos.

– El partido socialista está para algo más que para exigir mejoras inmediatas en el trabajo, en la vivienda, en la vida -dice Eduardo-. Está, también, para dar sentido a todo ello, para decirle al obrero: «Si recibes un trato de esclavo no es por simple mala suerte, sino por pertenecer a la clase de los de abajo». Hay que hablarle, pues, de las clases sociales, del enfrentamiento histórico entre ellas… -Se vuelve a Facundo-. Ha sido un informe muy rico, compañero. En nombre de todos nosotros, gracias por el esfuerzo.

– Soy un despreciable teórico -dice Facundo-. A veces pienso que no soy más que eso.

Un momento antes de que hable sé que Isidora va a hablar: sus labios se separan, respira hondo, aparecen en su frente esas tres arrugas de su genio.

– Tanto tú como Eduardo sois mensajeros de la buena nueva. ¿No es a vosotros a quienes debo agradecer las palabras que me abrieron los ojos? ¿Teórico, dices? ¿Quién se mueve más que tú, Facundo? Siempre de aquí para allá, con tu mula, tus telas y quincallería para las mujeres, adornando tus artículos con un chorro de palabras, chistes, historias…

– Mentiras, todo mentiras -dice Facundo.

– ¿Acaso es mentira el mensaje socialista con que me vendiste aquella cinta azul para mi pelo? -dice Isidora-. Fue a la puerta de esta casa: llegaste cansado, cubierto del polvo de los caminos, y te sentaste sobre una piedra y me pediste agua. Te la saqué y bebiste, y te pregunté si llevabas cintas para el pelo, y luego te negaste a cobrarme la que más me gustaba, una azul. Y entonces me llamó mi padre desde dentro y tú pudiste verle a través de la puerta abierta y me preguntaste de qué vivíamos, y hablamos, y de pronto te pusiste muy serio y quisiste saber si me gustaría ayudar a mi padre y ayudarme a mí misma. «Ya lo hago», te contesté. «Coso para fuera.» Tú me dijiste: «Salta a la vista que eres una buena hija, pero yo no te hablo de un esfuerzo en solitario sino de una suma de esfuerzos. Vivís rodeados de gentes tan pobres como vosotros. ¿Te imaginas lo que ocurriría si todos los que trabajáis os pusierais de acuerdo para no ir a trabajar mientras los patronos no os dejaran de tratar como a ganado?». Y yo protesté: «¡No se cobrarían jornales y todo el mundo se moriría de hambre!». Y tú te levantaste de la piedra y levantaste los dos brazos al cielo y gritaste: «¡Pero pararían minas y fábricas y los patronos dejarían de obtener beneficios, y, como vosotros, también perderían, y perderían mucho más que vosotros, pues es mucho más lo que ganan! Y no sólo eso…». Entonces descubrí que no parecías el mismo hombre que me pidió el vaso de agua. Repetiste: «Y no sólo eso…», y tus ojos brillaban como las estrellas en la noche, ya no parecían los de un agotado vendedor ambulante. «Recobraríais vuestra dignidad», dijiste. «Por un breve tiempo, volveríais a sentiros orgullosos de vosotros mismos…, ¡dignos y libres!» Aquella noche y las siguientes casi no dormí, sintiendo que algo nuevo acababa de nacer dentro de mí. Esperé con impaciencia tu nueva visita de quincallero, esta vez no para comprarte nada, sino para descubrir cómo era por dentro la fe que hacía que tus ojos fueran como estrellas… ¿Y te acusas de simple teórico, cuando no cesas de viajar dispersando la semilla de la esperanza?

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «La tierra convulsa»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «La tierra convulsa» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Ramiro Pinilla - Sólo un muerto más
Ramiro Pinilla
Ramiro Castillo Mancilla - Natalia
Ramiro Castillo Mancilla
Norberto Luis Romero - Tierra de bárbaros
Norberto Luis Romero
Ciro Alfonso Duarte - Tierra amarilla
Ciro Alfonso Duarte
Ramiro Castillo Mancilla - Un monje medieval
Ramiro Castillo Mancilla
Ramiro Castillo Mancilla - Ciudad del Carmen
Ramiro Castillo Mancilla
Ramiro de Dios - Resorte
Ramiro de Dios
Ramiro Castillo Mancilla - Peones de hacienda
Ramiro Castillo Mancilla
Отзывы о книге «La tierra convulsa»

Обсуждение, отзывы о книге «La tierra convulsa» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.