Ramiro Pinilla - La tierra convulsa

Здесь есть возможность читать онлайн «Ramiro Pinilla - La tierra convulsa» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

La tierra convulsa: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «La tierra convulsa»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Ambicioso fresco sobre la historia reciente del País Vasco, saga y la vez retrato de un microcosmos realista y mágico que es el pueblo de Getxo, Verdes valles, colinas rojas es la gran novela sobre la colisión entre un mundo que cambia y un pueblo que se resiste a todo cambio. La historia arranca a finales del siglo XIX con el enfrentamiento entre Cristina Onaindia, aristócrata casada con el rico industrial Camilo Baskardo, y Ella, una ambiciosa y astuta criada sin nombre que pone en peligro todos los valores tradicionales cuando anuncia que espera un hijo ilegítimo. Esa rivalidad prolongada durante décadas y que marca la historia de Getxo es comentada por dos figuras protagonistas: don Manuel, anciano maestro, y Asier Altube, su discípulo predilecto, que rememoran los meandros y ramificaciones de otras muchas historias derivadas de éstas, como la de Roque Altube, primogénito de un caserío enamorado de una agitadora socialista, o la de los niños Baskardo, que vivirán en su propia piel la locura aranista de la madre. Ramiro Pinilla domina como pocos la acción y los diálogos, y logra integrar, desde una perspectiva a la vez épica y lírica, la historia y los mitos de una región.

La tierra convulsa — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «La tierra convulsa», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Nuestra comunidad se preguntó qué habría acumulado contra Efrén en aquellos tres años. Pero como, por otra parte, se reconocía la libertad que le otorgaba el patrón, incluso en materia de iniciativas, la confusión de la gente era grande. Sólo cuando mi tío abuelo le abrió la frutería se conoció su fervor por la frutología.

– Hasta entonces, yo mismo tuve olvidado que procedía de la tierra de las llamas -decía don Manuel-. Se trataba de la fruta, el alimento más identificable con la libertad.

Efrén reanudó los servicios de la funeraria con otro empleado, pero ya no fue lo mismo. La mayoría de los clientes regresó al Ermo de Algorta -aunque no para siempre- y el resto permaneció fiel por pura comodidad. Nada mejoró Efrén incorporando a un segundo empleado y reemplazando el coche y el animal del tiempo del indio por un auténtico carruaje fúnebre con colgaduras y dos flamantes caballos, sin contar con que, ahora, el féretro era transportado de la casa al coche por sus empleados y no por la familia, como antes. La gente tardó mucho en olvidarse de Ángelo; en realidad, nunca lo olvidaron del todo, no en balde ya había entrado en la leyenda. Efrén tardó dos años en recuperar a los desertores, pero en adelante su funeraria no pasó de ser una más.

Aunque únicamente fuera por el qué dirán, una tarde de sol mi tío abuelo Saturnino se dio una vuelta por Belarrane a ver cómo se las arreglaba su hijo. «Ha nacido para esto», le informó Pelente con entusiasmo. Dormía en el desván y contaría su padre que jamás había visto una expresión tan feliz. «Así que era un indio frutero», sentenció, retirándose con la conciencia tranquila. En los tres años anteriores también le había visitado cuatro veces en los otros dos negocios. «Sólo para vigilar que ésos no me lo coman», explicaba. La verdad es que no sabía qué hacer con él, qué acomodo encontrarle. Suya era la responsabilidad de haberlo trasplantado a Getxo y ahora no podía abandonarlo a su suerte. Se debatía entre su propia conciencia, el juicio de la gente y el orgullo herido de Abeliñe, su esposa. El único inconveniente de que trabajara para Efrén se reducía a que la funeraria estaba en Getxo; no quería a su indio tan cerca. Con el tiempo, Abeliñe se fue acostumbrando a todo y dejó de hacerle la vida imposible a mi tío abuelo.

Otra persona que acudió a ver a Ángelo en el edificio de Blasa fue, sí, Ella. Una sola vez en tres años, sin tener obligación de hacerlo; incluso sobró aquella única visita. No fue una inspección comercial sino una necesidad de conocer a la personita que se encontraba detrás del pequeño doble milagro.

– Al hacerlo nos demostró su sensibilidad a fenómenos semejantes -decía don Manuel-. Me refiero a cuanto supone medro, negocio, habilidad comercial, beneficios económicos y cosas así. Otro mérito de Ángelo fue mostrarse fenicio sin perder su inocencia.

Alguien vio llegar el birlocho del palacio estrafalario -existían en el barrio otros dos birlochos- y detenerse ante la funeraria, y primero descendió Efrén y luego el cochero ayudó a hacerlo a Ella. Desde hacía unos quince años Ella había empezado a vestir como una señora -incluso con joyas y sombrero de flores-; es decir, desde 1895, cuando no sólo abandonó La Venta para instalarse en su palacio sino que dejó atrás la época más desesperada de su ascensión. Getxo la recordaba sirviendo tras el mostrador con un tosco vestido de franela y pañuelo en la cabeza, ambos negros. El vestido que lucía al descender del birlocho ante la funeraria también era negro. El color negro es el único que se le conoció hasta su muerte. No había, en verdad, muchas ocasiones de verla, ni siquiera en el birlocho y en verano, pues en otoño, invierno y parte de la primavera viajaba bajo una capota cerrada por los costados, lo que alimentó la idea de que procedía de una región muy soleada. De pie en la carretera, junto al coche, su mirada recorrió la fachada de la funeraria y de la oficina de seguros, y allí, a un lado de la puerta abierta de la lonja, estaba Ángelo, formando parte de dicha fachada -por lo que se sabía, la mujer tampoco había visto al empleado hasta entonces, como no fuera de pasada, cuando se desplazó a Laparkobaso a recoger el caballo y, en otra ocasión, el carro, ambos adquiridos por Efrén Dios sabe dónde.

Los escasos curiosos que desde La Venta no se perdían uno solo de sus gestos vieron cómo centraba su atención en el indio y salvaba los dos pasos que le separaban de él y se detenía y llevaba su mano abierta a lo alto de su cabeza y la movía imperceptiblemente en algo que algunos jurarían después que fueron caricias. Ella y su hijo permanecieron un par de minutos ante Ángelo, hablando, y algunos también jurarían que sonriendo (¿por qué no?), y enseguida entraron los tres en la lonja.

– Sí, nuestra dama negra necesitaba ver y estudiar por sí misma al prójimo que, a pesar de su edad, apuntaba ya condiciones para prosperar tan eficaces como las de ella misma. ¿Le rozó una brisa de celos? Para ello habría requerido estar construida de una pasta más permeable al molesto fenómeno de la existencia de los demás. ¿Por qué Ángelo tuvo el gran mérito de recabar su atención? Imagino que por tratarse de un mocoso metido en berenjenales de adulto y haciéndolo mejor que la mayoría, mejor, incluso, que su propio hijo. Su asombro no arrancaba del tino y buena mano con que el niño atendía la oficina de seguros y la funeraria; otros, por ejemplo, los Ermo, demostraban con creces sus tretas mercantiles. Lo que la induciría a confusión sería que la prosperidad de esos dos negocios de su hijo proced í a de la ingenuidad. Por eso quiso o necesitó conocerlo. Una vez comprobados el orden y la limpieza que imperaban en la lonja, las horas de trabajo que representaron la reconversión del carro y del caballo y la construcción de un establo para éste, y las que necesitaba para atender, al tiempo, la oficina de seguros y la funeraria, se centraría en él, le penetraría hasta el fondo de los ojos y se convencería de que no estaban criando ningún cuervo. «Tenías razón», quizá reconoció ante su hijo. Y Efrén: «Es lo más increíble que he visto en mi vida». Pero quedaba lo otro, la ingenuidad. Es lo que nunca podría desentrañar. Ella, no -decía don Manuel.

Aunque para el gran asombro aún faltaba lo del barco vendido por Josafat Baskardo a Ángelo y regalado por éste a Efrén. Posiblemente, nunca en la historia de barcos se habrá conocido una relación comercial entre uno de 11.000 toneladas y un niño de trece años. Un txo cobrando su pequeño jornal sí que establece una relación comercial con el barco en cuya cocina trabaja pelando patatas y recibiendo coscorrones del cocinero, pero hablo de una gran relación comercial, algo así como la que se establece entre una naviera y sus barcos. Ángelo, aunque por pocos días, llegó a poseer el C é sar, fue su dueño, tuvo en sus manos el documento notarial acreditativo de que era tan suyo que podía hacer con él lo que se le antojase, tal que venderlo o regalarlo. El único impedimento para poder denominar relación comercial a lo que existió entre ese barco y él fue el propio Ángelo, quien en ningún momento gozó de la posesión del C é sar, no lo había conseguido para él sino para Efrén. Una meta tan ingenua quedaba tan lejos de toda lógica que ni siquiera Getxo lo pudo entender, por no mencionar a Ella ni al propio Efrén, tan escéptico al recibir el regalo, que en varias semanas no se decidió a rescatarlo de las peñas de La Galea, dando lugar a que casi lo partieran en dos los primeros temporales del invierno, convencido de que, de un momento a otro, se presentarían los remolcadores de Camilo Baskardo. Para tranquilidad de todos -Getxo, Ella, Efrén y, especialmente, el propio Camilo Baskardo-, el recuerdo de la ingenuidad fue desplazado por la inolvidable concatenación de circunstancias irrepetibles que llevaron al niño a poseer un barco de 11.000 toneladas.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «La tierra convulsa»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «La tierra convulsa» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Ramiro Pinilla - Sólo un muerto más
Ramiro Pinilla
Ramiro Castillo Mancilla - Natalia
Ramiro Castillo Mancilla
Norberto Luis Romero - Tierra de bárbaros
Norberto Luis Romero
Ciro Alfonso Duarte - Tierra amarilla
Ciro Alfonso Duarte
Ramiro Castillo Mancilla - Un monje medieval
Ramiro Castillo Mancilla
Ramiro Castillo Mancilla - Ciudad del Carmen
Ramiro Castillo Mancilla
Ramiro de Dios - Resorte
Ramiro de Dios
Ramiro Castillo Mancilla - Peones de hacienda
Ramiro Castillo Mancilla
Отзывы о книге «La tierra convulsa»

Обсуждение, отзывы о книге «La tierra convulsa» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.