»-Ustedes hablan hoy de lo que ocurrió aquí en mil ochocientos noventa -digo.
»-Usted no había nacido, don Manuel -dice Eduardo Varela.
»-Fue el año en que nació la hija de Isidora, según creo -digo.
»-Ah, sí, ella -dice Marcelo.
»-Pareció predestinada -dice Eduardo Varela.
»- ¿Predestinada? -digo.
»-Sí, Isidora la tuvo en la calle, en plena manifestación masiva, en el momento culminante de la huelga. Resultó muy emocionante cuando Manolo alzó a la niña por encima de las cabezas y las miles de gargantas gritaron: "¡Viva la hija de la huelga!". Fue como si todos los trabajadores celebráramos el nacimiento de una nueva esperanza, un símbolo profético o algo parecido, una promesa de tiempos mejores para nosotros -dice Eduardo Varela.
»- ¡La predestinada…! Ahí está, hecha una puta, tan jodida como todos nosotros -dice Marcelo.
»- ¿Y el padre? -digo.
»- ¿El padre? ¡Bueno! -dice Marcelo.
»-Roque era de Getxo… ¿Lo conoce usted? -dice Eduardo Varela.
»Asiento con la cabeza.
»- ¿Qué ha sido de él?
»-Se casó con quien no debía y sufre una situación infortunada.
»-Así pues, usted no aprueba que no se casara con la minera…
»-No se trata de eso. Me refería a una especie de maldición con la que hemos de convivir los de Getxo. Al menos, algunos de nosotros…
»Me miran.
»-Pero sí, Roque no debió comportarse tan mal con esa muchacha digo.
»-Fue una canallada. Destruyó a Isidora -dice Marcelo.
»-Pero ella tampoco puso nada de su parte, tampoco le ayudó, tampoco le comprendió…
»- ¿Qué había de comprender?
»Marcelo se levanta y sale del cuarto con las mandíbulas apretadas.
»-Pasó hace un cuarto de siglo, pero sigue fresco en su recuerdo. Roque y él se disputaban a Isidora -dice Eduardo Varela.
»-No debí decirlo.
»- ¿Qué había de comprender? ¿Que a Roque la familia no le dejó casarse con una maketa?
»-No, no, no es eso… Bueno, es algo mucho más que eso, algo que desplaza hacia ella el cincuenta por ciento de la responsabilidad…
»Hago una seña a Eduardo Varela y bajamos a la plaza.
»- ¿Cómo se comportó él aquí en aquellos meses? -digo.
»- ¿Cómo le diría yo, don Manuel? Impermeable… ¡Eso, impermeable! Vivió entre nosotros, nos oyó hablar, incluso nos acompañó en las manifestaciones, parecía un luchador más…, pero sólo veía a Isidora, nada más que a Isidora -dice Eduardo Varela.
»Paseamos.
»-Dios mío, no se enteró de nada -digo.
»- ¿Eh? ¡Ah, sí!, de nada, no se enteró de nada.
»-El problema no es la diferencia de ideología. Es más hondo, más irreconciliable. Roque no pudo hacer más que lo que hizo. Ninguno de nosotros puede o podrá hacer otra cosa.
»- ¿Nosotros? ¿Usted se refiere… a ustedes?
»- ¿Y el estar condenados a no tener opción significa que somos inocentes?
»- ¿Inocentes? ¿De qué? No le entiendo. Me paso la vida no entendiéndole.
»Eduardo Varela se ha parado. Yo no. Echa a andar para seguirme.
»-Hubo dos decisiones: una, de ella otra, de él. Esto debe quedar claro. Y también que la separación de la pareja no sólo llevó la desgracia a Isidora: hoy Roque es un hombre destruido. Es como si ni a ella ni a él les hubieran bastado sus respectivas fes. Lo que parece señalar que estas fes no eran tan importantes en sus vidas, que no son tan importantes, en general… Sin embargo, sus casos no son idénticos… Dígame: ¿puede ser una fe el socialismo? -digo.
»-Sí.
»-Pero la adhesión al socialismo se produce a través de un razonamiento, son unos hombres quienes deben revelárselo a otros. Por el contrario, Roque nació siendo ya una misma cosa con la tierra… Son dos clases de fe, la de Roque absolutamente irreemplazable.
»-El socialismo no es sólo una manera de pensar o una fe en la justicia social, sino un modo distinto de ser hombre. Hoy, todavía, sólo unos pocos son de esa nueva raza, pero cuando el socialismo se halle tan presente en las sociedades nuevas como la tierra en las viejas, los niños nacerán siendo una misma cosa con el socialismo, el socialismo será una fe absolutamente irreemplazable.
»- ¿Y poseía Isidora esa fe?
»-Sí.
»-Pero no le bastó.
»-Tampoco a Roque la suya, según cuenta usted.
»-No, tampoco a él… ¡Ah, no!, su caso no es el mismo, ¡de ninguna manera! A él, la tierra le habría salvado…, pero se la arrebató esa maldición con la que hemos de convivir los de Getxo. Le privaron de la tierra, de la fe. ¿Puede decirse de Isidora algo semejante? ¿Quién le arrebató su socialismo?
»Eduardo Varela mueve la cabeza y sonríe.
»-Curiosa y tremenda discusión la nuestra… ¡Un forcejeo entre fes!
»-Pasemos a otra cosa, si es que no tiene que regresar…
»-Ya seguiré hablando con ellos más tarde de las condiciones objetivas que deben darse para hacer la revolución…
»-Y yo, pendiente de lo que ocurrió hace un cuarto de siglo…
»-Su condición de madre soltera transformó a Isidora. No es fácil para una muchacha…
»-Pero se quedó en la fe que había elegido…
»-Esta fe también se volvió contra ella.
»- ¿Quiere decirme que tampoco en el socialismo encontró refugio? ¿Quiere decir que la moral socialista no se diferencia de la moral que tenemos en Getxo?
»-No es lo mismo moral de los socialistas que moral socialista. Le advertí, don Manuel, que el socialismo aún no está presente en la mayoría de los socialistas. La moral burguesa no sólo manda sino que impregna. Hace falta tiempo, tiempo… Escuche: ni siquiera Marcelo quiso unirse a ella y correr su suerte, y eso que quería de verdad a la chica. Pero aquella hija no era suya. ¿Le habría aceptado Isidora? Es lo de menos: Marcelo no dio un solo paso. Todo el mundo volvió la espalda a Isidora. Bueno, yo sí permanecí a su lado…, porque el socialismo llevaba en mí más tiempo que en los otros, era, ya, mi moral, era como la tierra para ustedes, los de Getxo.
»-Dios mío…
»- ¿Decía usted algo?
»Silencio. Damos una vuelta entera a la plaza sin hablar.
»-Teresa se ha puesto a trabajar de interina. Limpia mis dos horas de escuela a los mineros. ¿Se necesita en la Casa del Pueblo…?
»Eduardo Varela me observa fijamente.
»-Usted, don Manuel, nos está dando una buena lección a los socialistas -dice.
«-Te quiero, Manuel -dice Teresa.
»-Calle, calle… -digo.
»-Te juro que te quiero.
»-No complique su vida más de lo que ya está.
»- ¡Me crees! ¡Me crees!
»-No, no le creo. Usted sólo está un poco agradecida. No debe confundir las cosas.
»- ¡Te quiero! ¡Te quiero! Nadie como una puta para saber cuándo está enamorada.
»-Calle, calle…
»Abro la puerta de la escuela.
»- ¿Por qué te marchas, como siempre?
»-Este empleo suyo está en el aire, y si la gente ve que yo me quedo aquí mucho tiempo…
»- ¿A quién le tienes miedo, a ellos o a mí?
»-Me marcho, nadie debe echarle nada en cara. ¿Es que no le importa volver a su vida de antes?
»-Antes no esperaba nada y era más feliz…
»Barre con movimientos muertos. Doy varios pasos más hacia fuera y de pronto Teresa suelta la escoba y se me acerca corriendo y sus dedos agarran mi ropa.
»- ¿Por qué me elegiste a mí?, ¿por qué viniste con tu paquete a mi puerta y no a otra?, ¿cuándo me habías conocido?, ¿cuándo me habías visto? ¡Necesito oírte que fueron mis ojos o mi pelo o mi cuello o mis piernas o mis labios lo que te trajo a mí!
»-Por favor, tengo que irme.
»- ¿Para qué me quieres santa y buena?
»-Lo bueno siempre es mejor que lo malo.
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