Davos constituye el escenario en el que se dramatiza qué constituirá un riesgo o no durante la próxima década, marcando las agendas discursivas y de acción política.35
Durante la década en la que se vienen publicando los citados informes han sido colaboradores en la elaboración las compañías aseguradoras Marsh & McLennan y Swiss Reinsurance, junto con la Wharton Risk Management and Decision Processes Center de la Universidad de Pennsylvania. En 2006 también participó la compañía Merril Lynch (la división de gestión de la salud del Banco de América). Entre 2007 y 2010 el Citi Group (una de las mayores empresas financieras del mundo, entre las primeras en integrar los servicios financieros y de seguros). Desde 2008 se añade la contribución del Zurich Financial Services (empresa aseguradora). Por parte académica, a partir de 2014 se han incorporado la National University of Singapore y la Oxford Martin School de la Universidad de Oxford.
Básicamente el informe se realiza a partir del análisis de los resultados de la Global Risk Perception Survey (Encuesta sobre la Percepción del Riesgo Global) dirigida a un grupo de expertos seleccionados entre el mundo empresarial, político y académico —que ha oscilando entre los 400 de 2006 y los 742 en 2016—, a los que se les pregunta sobre un número determinado de riesgos globales previamente seleccionados, que definen «riesgo global» como un suceso o condición incierta que de darse puede causar impactos negativos significativos en diferentes países o sectores industriales durante la próxima década —variando entre los 25 y los 50—. Estos han sido clasificados en cinco categorías: económica, medioambiental, geopolítica, social y tecnológica, y se pide a dichos expertos que los jerarquicen, los evalúen por su probabilidad e impacto, y establezcan relaciones entre ellos a 10 años vista. Para concluir esta encuesta se contemplan dos preguntas abiertas: la primera, sobre riesgos no considerados en la encuesta; y la segunda sobre qué problema adicional podría potencialmente convertirse en una amenaza de gran preocupación global en el futuro. La información recogida es explotada en tres formas: estableciendo la jerarquía y sus interconexiones, y valorándola en términos tanto de impacto como de probabilidad, dedicando además un apartado a los fenómenos escogidos susceptibles de ser considerados bien como emergentes o como inesperados. No es nuestra intención evaluar la conveniencia de la metodología aplicada, ni la veracidad de los datos producidos por las encuestas en las que se sustentan dichos informes, ni siquiera examinar el ajuste entre los datos recogidos y su interpretación, sino analizar el discurso que modela la exposición de esos datos y que acaba produciendo una imagen concreta de la evolución de la población como riesgo o, si se quiere, convirtiendo esa evolución, su estructura y dinámica en una contingencia para la gobernabilidad.
Una atenta mirada a la utilización de los diferentes conceptos que aparecen referidos a la población puede ayudarnos a comprender mejor el desplazamiento que en el discurso neoliberal se ha dado en unos informes dedicados a la gestión del riesgo como base de la gobernabilidad mundial. De esta manera entenderemos «gobernabilidad» como el conjunto de dispositivos que aseguran la gestión de la población.36 Discurso que no se enuncia desde su posición política o desde la teoría económica, pero que se manifiesta en la propia valoración/construcción del riesgo. Asimismo, a partir de la presentación de resultados es posible detectar las coincidencias con las tesis de renombrados autores o de obras de especial impacto sobre algunas de las características demográficas apuntadas como posibles riesgos globales. A parte de su indudable influencia, este esfuerzo por aparecer dentro del campo científico y el carácter colectivo de la detección de posibles riesgos —a través de la citada encuesta a expertos— le confiere un especial interés, ya que en nuestra concepción de «discurso», siguiendo al mencionado Michel Foucault,37 el papel del «autor» como individuo no constituye en ningún caso la unidad de análisis.
Demografía como simiente distópica
Bajo la perspectiva maltusiana: el crecimiento
Aunque el crecimiento de la población a nivel planetario se haya desacelerado desde los años ochenta del siglo xx, este no desaparece como riesgo global, al contrario, continúa acaparando el protagonismo en los riesgos medioambientales y geopolíticos. La construcción del crecimiento de la población como factor de riesgo global sigue enmarcada en la ortodoxia maltusiana donde, a largo plazo, se señala el desajuste entre dicha progresión y la inversión que se estima necesaria en la agricultura para aumentar la productividad y así hacer frente a la demanda de alimentos que acompañará ese aumento; y, a corto, se descubre como una amenaza a la biodiversidad y a la sostenibilidad de los ecosistemas, aunque se matice que el peligro deriva de la conjunción entre el incremento de la población y el mantenimiento de las pautas de consumo. Además, la desaceleración global puede ocultar aceleraciones regionales correspondientes a los países pretransicionales demográficamente hablando, lo que constata la existencia de una evolución demográfica a dos velocidades, que en sí misma se metaboliza como un riesgo geopolítico. No se introduce nada nuevo respecto a los argumentos que fueron ya fijados a finales del pasado siglo xx. Lo remarcable es la relación que se establece entre la perspectiva ecológica y la de seguridad en el tratamiento del crecimiento de la población. La constante va a ser que se presenta como presión sobre los recursos, con claras repercusiones en conceptos como «la seguridad alimentaria»,38 la aceleración de emisiones relacionadas con el cambio climático,39 la desestabilización política —en concreto se cita Afganistán—, el estrés hídrico40 o el incremento del desempleo, a pesar del crecimiento económico previsto para los próximos años.41
En este punto —la construcción del crecimiento de la población como riesgo global— el discurso del Fórum Económico Mundial se aleja ostensiblemente de la heterodoxia neoliberal, por lo menos en su enunciación académica. A este respecto, vale la pena recordar que mientras Friedrich Hayek42 denunciaba el maltusianismo abrazado por el movimiento del Club de Roma y el crecimiento cero, como una especie de pseudociencia, el también economista neoliberal, Julian Simon —siguiendo los pasos de Ester Boserup—, mantuvo un pulso con el matrimonio Ehrlich y la corriente neomaltusiana para no solo desdramatizar el crecimiento de la población, sino loar sus beneficios económicos, tanto en la producción como en el consumo y la innovación, aireado en las páginas de la prestigiosa revista Science.43 En el terreno estrictamente político, estos argumentos permitieron el viraje del gobierno norteamericano bajo Ronald Reagan en materia demográfica, dado con motivo de la Conferencia Mundial de Población de México en 1984, con una significativa retirada de la aportación norteamericana a los fondos de población de Naciones Unidas (destinadas en gran parte a la planificación familiar en el Tercer Mundo). Las tesis optimistas de Simon, que defendían la capacidad de innovación tecnológica para aumentar la productividad y dejando en manos de los mercados la regulación de las poblaciones se vio relegada —dentro del argumentario neoliberal que representa el propio wef— por el uso y abuso que de ellas hicieron los primeros negacionistas del cambio climático mayoritariamente conservadores y partidarios de la desregularización, hoy completamente desprestigiados. Sin embargo, como veremos, no desaparecieron, se desplazaron al ámbito del envejecimiento como riesgo global.
Si volvemos a la actual ortodoxia neoliberal, representada por Davos, el crecimiento demográfico junto con la evolución económica son tratados como factores detonantes o multiplicadores de otros riesgos, principalmente en los países de economías emergentes.44 El punto álgido en esa percepción llegará con el informe de 2012, cuando la evolución demográfica en sí misma es presentada como Seed of Dystopia (Semilla de distopía), sin duda influido por la escenificación mediática del crecimiento de la población organizada por Naciones Unidas, al designar el 31 de octubre de 2011 como el día en que «oficialmente» se estimaba el nacimiento del habitante número 7.000 millones del planeta, llegando a «identificar» al recién nacido que establecía ese récord en la persona del ciudadano filipino Danica May Camacho. Por último, en los informes de los años ٢٠١٤ y ٢٠١٥, el crecimiento de la población urbana eclipsa al del conjunto del planeta como riesgo global, haciéndose eco de los informes de las Naciones Unidas respecto a su aceleración creciente desde que en 2008 rebasara el 50% del total de la población mundial, debido también a la reducción prevista a partir de 2014 de la rural, asumiendo que este va a contribuir a la agudización de los riesgos ecológicos, pero también al aumento de la desigualdad y la inestabilidad políticas,45 especialmente en el incremento de la urbanización en los países no desarrollados.
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