La relación naturalizada entre población y recursos naturales es extrapolada al mercado, de modo que acaba concluyendo que: «Ocurre con la especie humana lo que ocurre con todos los otros artículos de comercio sin una prima; es la demanda la que regulará el mercado». Por lo tanto, su propuesta sobre la Ley de asistencia a los pobres es doble: en primer lugar animar la industria y la economía, significativamente junto con la subordinación; en segundo, regular la población en referencia a la demanda de trabajo. El alivio ofrecido a los pobres, argumenta, debe ser limitado y siempre precario. En otras palabras, mantenerlos a nivel de subsistencia. Mientras, la asistencia debería dejarse a la libre voluntad de los particulares, aunque en su frase final deja claro que: «Cuando el pobre es obligado a cultivar la amistad del rico, el rico nunca mostrará inclinación a aliviar las angustias de los pobres».
La fábula de Townsend dejaría una profunda huella en la obra de Malthus, Ensayo sobre el principio de la población, publicada en 1798,95 hasta el punto de ser acusado de plagio, entre otros por el propio Karl Marx, tanto por la correspondencia establecida entre población y recursos como por la mención del matrimonio como freno a la fecundidad. También se deja sentir en Charles Darwin (a través de la referencia de Malthus), en la gestación de la teoría sobre selección de las especies, incluida en El origen de las especies (1859).96 La primera alusión directa que aparece a la obra de Malthus en el tercer capítulo del libro contextualiza la lucha por la supervivencia en el incremento geométrico de la población y la subsiguiente carestía de alimentos. Un poco más adelante hace de esa regla la ley de la naturaleza por excelencia, y a partir de ella deduce la sobreproducción —la creación de excedencia o redundancia— como estrategia de supervivencia. Como ya advirtió Polanyi, ese pensamiento naturalizador puede considerarse una ruptura respecto a la economía derivada de la sociedad política, tal y como Adam Smith la estableciera una década antes del texto de Townsend en La riqueza de las naciones (1776). Según el texto del reverendo británico, es la naturaleza biológica de los humanos, su «animalidad», lo que instaura un orden en la sociedad que no tiene su origen en la política. En términos maltusianos la relación entre población y territorio, tomado como recurso, es la que explica el funcionamiento de la sociedad en su vertiente económica. La lucha por la supervivencia constituye el motor de ese equilibrio que la naturaleza se encarga de establecer, y que servirá también como máxima para el funcionamiento del mercado. No lo olvidemos: el objetivo último tanto de Townsend como de Malthus era defender la supresión de subsidios a los pobres, aportando al debate político un razonamiento «científico». De hecho, se ha señalado que la originalidad de Townsend, reafirmada por Malthus posteriormente, fue precisamente la argumentación «científica» de la autorregulación como una premisa natural que explicaba el funcionamiento de los mercados, en la que, por tanto, la intrusión reguladora del Estado devenía contraproducente.97
Naturaleza, equilibrio y excedente ocupan un lugar central en el maltusianismo, que a su vez influirá en el pensamiento liberal posterior. El tema del equilibrio es planteado desde las primeras páginas del Ensayo sobre el principio de la población: la naturaleza actúa para mantener constantemente niveladas la natural desigualdad entre la fuerza de la población, que crece geométricamente, y la producción de alimentos, que lo hace aritméticamente. El exceso de población, como veremos, constituye a la vez el desequilibrio inicial que la naturaleza debe compensar, y un elemento más de ese mecanismo de balance natural que influirá en la alternancia de períodos de crecimiento y de contracción. Para regular ese posible exceso, la naturaleza se vale de lo que Malthus llama «frenos positivos», de carácter catastrófico: la enfermedad, la guerra, las hambrunas. Estos frenos pueden (deberían) complementarse con la adopción de los llamados «frenos preventivos» como, por ejemplo: la continencia, el retraso a la edad de matrimonio o la anticoncepción. Resulta necesario rastrear el legado de la obra de Robert Malthus para entender tanto el fundamentalismo neoliberal y su fe en la autorregulación de los mercados como la deriva del concepto de excedencia al concepto de redundancia. Tampoco este es un camino fácil ni evidente.
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