Barbara Cartland - Melodía Cíngara

Здесь есть возможность читать онлайн «Barbara Cartland - Melodía Cíngara» — ознакомительный отрывок электронной книги совершенно бесплатно, а после прочтения отрывка купить полную версию. В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: unrecognised, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Melodía Cíngara: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Melodía Cíngara»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Thea, Princesa de Kostas, no estaba dispuesta a casarse por conveniencias de Estado con el anciano Rey Otho, Monarca de un país vecino y a quien su Padre pretendía imponerle. Para evitarlo, la Princesa decidió huir del Palacio y cabalgando llega a un sorprendente lugar… Ignoraba que al decidir quedarse en ese lugar, iba al encuentro de su destino y entre la realidad y el ensueño viviría una aventura que jamás podría olvidar. Todo esto y más es relatado en esta romántica novela de Barbara Cartland. *Originalmente publicada como: -Melodía Cingarapor Harlequín Española S.A. -La Princesa Apasionadapor Harmex S.A. de C.V.

Melodía Cíngara — читать онлайн ознакомительный отрывок

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Melodía Cíngara», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Lo envolvió todo en una manta de lana, lo bastante gruesa para abrigarla si tenía frío y que le serviría también como bata. Luego, en el bolso de la propia silla, metería unas zapatillas de satén, así como una bolsita con los útiles de aseo.

Lo dejó todo sobre una silla y se metió en la cama.

No tenía esperanzas de poder conciliar el sueño; pero estaba muy cansada, así que se quedó dormida casi en cuanto puso la cabeza encima de la almohada.

*

Thea se despertó sobresaltada.

Por un momento, temió haberse quedado dormida, pues esto echaría a perder sus planes de fuga.

Después recordó que había estado mirando las estrellas y al meterse en la cama olvidó correr las cortinas.

Eran las primeras luces del amanecer lo que la habían despertado. Las estrellas todavía brillaban en el cielo, mas no tardarían en desaparecer, y ella pretendía estar en camino antes de que eso ocurriera.

Consultó el reloj; eran poco mas de las cuatro de la mañana. Vestirse le llevó sólo unos minutos. Se puso uno de sus más bonitos trajes de montar, a juego con el verde de sus ojos. La chaqueta corta se ceñía sobre la blusa de muselina, la falda dejaba ver un poco las enaguas ribeteadas de encaje. Tras recogerse el cabello y sujetarlo con ganchillos, Thea echó una mirada al sombrero, con su flotante velo de gasa, y decidió no llevarlo.

Cuando cabalgaba por el parque siempre lo hacía con la cabeza descubierta.

En algunas ocasiones su madre le decía,

–Ten cuidado con el sol, Querida. Se vería muy mal que tuvieras la piel bronceada con el tono de tu cabello.

Mas Thea era afortunada, ya que tenía la piel muy blanca y, sin embargo, insensible al sol.

–Tu piel es como una magnolia– le había comentado alguien cierta vez. Así era, en efecto, y poseía también una cualidad translúcida de perla.

En aquel momento, con los ojos brillantes de emoción y toda la belleza de su radiante juventud, se hubiera dicho que era la representación de la primavera.

Guardó un pañuelo limpio en su bolsillo y se acordó de agregar dos más al pequeño equipaje.

Por un momento dudó si dejarle una carta a su padre, mas decidió que sería un error.

Lo mejor sería desaparecer simplemente y dejar que la noticia se extendiera paulatinamente por todo el palacio. Cuando Martha viese que no estaba en su habitación, creería que había salido a cabalgar, y dudaba mucho que a alguien le llamara la atención el que no hubiera regresado para el desayuno.

Sus padres estaban acostumbrados a que llegara tarde y, además, aquélla era la única comida que no servían los lacayos. Todos pensarían que había regresado para desayunar y había vuelto a marcharse.

Mucho más tarde, quizás, alguien informara a su madre de que no se encontraba en palacio.

Mas era improbable que su madre se inquietara, pues supondría que andaba con Mercurio como de costumbre. Seguramente, hasta la hora del almuerzo no se preocuparía nadie por su paradero.

"Y para entonces", pensó con satisfacción, "ya estaré muy lejos".

Cogió el bulto con sus cosas, y se asomó al corredor, que se veía desierto. De puntillas, se dirigió hacia una escalera que conducía a una de las puertas del Jardín.

Era la que Georgi y ella solían utilizar cuando no querían encontrarse con ninguno de sus progenitores, porque si los veían, lo más probable era que les encargaran algún trabajo fastidioso.

Thea llegó hasta la puerta y, al abrirla, aspiró el aire fresco, limpio e impregnado por el aroma de las flores. Rápidamente, atravesó el jardín como un fantasma. Cuando llegó a las caballerizas, descubrió que el caballerango de guardia se había dormido.

Lo despertó tocándolo en un hombro.

–¿Eh... ?– se sobresaltó el muchacho–. Lo siento mucho, Alteza, me quedé dormido...

–Está bien– le dijo Thea con una sonrisa–. He venido más temprano porque no podía dormir. Por favor, ensilla a Mercurio.

–Ahora mismo– contestó el caballerango y corrió adonde se encontraba el caballo.

Tan pronto como Mercurio vio Thea, le acercó la nariz y ella lo acarició mientras lo ensillaban. Ya dispuesto el animal, el caballerango lo sacó al patio. Antes de montar, Thea dio al muchacho el mayor de los bultos que llevaba.

–Por favor, amarra esto a la silla.

Mientras el caballerango hacía lo indicado, ella, disimuladamente, metió el paquete pequeño en la bolsa de la montura. No era infrecuente que llevara una abrigo para protegerse del frío o la lluvia, y a veces algo de comer; pero aunque aquel chico no era muy ágil de mente, podía sospechar si veía que llevaba más cosas que de costumbre.

Mientras el Caballerango cumplía la orden, Mercurio demostraba su impaciencia moviendo las orejas y sacudiendo la cabeza.

Al fin, Thea le dijo,

–Muchas gracias.

–Que Su Alteza tenga un buen paseo –respondió el chico y se llevó la mano a la gorra.

Deliberadamente, ella se alejó sin prisa. Luego, ya en el parque y segura de que nadie la veía, espoleó a Mercurio.

Todas las entradas principales de palacio estaban vigiladas por centinelas.

Pero había una puerta pequeña, utilizada solamente por los campesinos que iban con las carretas a entregar los frutos del campo en las Cocinas Reales. Dado que carecía de importancia, nadie la custodiaba, y aunque debía permanecer cerrada de noche, Thea dudaba que esto se cumpliera siempre.

Más ella no tenía intención de desmontar para averiguarlo. La puerta era baja y árido el terreno de alrededor. Mercurio saltó por encima sin el menor tropiezo... y Thea se encontró fuera de aquellos muros que la rodeaban desde la más tierna infancia.

A menudo cabalgaba hasta el valle, pero nunca se le permitía hacerlo sola.

Todo esto era una experiencia nueva.

Avanzó a buena velocidad, aunque con mucho cuidado para evitar encontrarse con alguien que pudiera reconocerla. Esto significaba que tenía que alejarse de palacio en cuanto le fuera posible, antes de que amaneciese por completo. La aurora comenzaba a dispersar la oscuridad del cielo, las estrellas se iban desvaneciendo una a una y pronto habría luz diurna.

Tenía que cruzar el río antes de que otras personas lo hicieran. Sabía que muchos campesinos acudían temprano a Gyula, la capital de Kostas. Algunos llegarían en carretas cargadas de verduras para el mercado. Otros llevarían sus mercancías a la espalda. Y también estaban las mujeres que iban diariamente a trabajar.

Thea las había visto con frecuencia y le parecía un grupo muy pintoresco.

Vestían el traje típico, parecido al de otros países de los Balcanes, que consistía en falda roja, blanca blusa bordada y corpiño negro que se abrochaba por delante.

Los habitantes de Kostas formaban un pueblo feliz, y aquellos campesinos cantaban y reían a lo largo del camino.

Al llegar al puente, la Princesa vio con alivio que aún no lo cruzaba nadie.

También era demasiado temprano para que hubiera alguien trabajando en los campos o conduciendo sus rebaños hasta las faldas de las montañas. Aquellos campos parecidos a las estepas húngaras, cubiertos de hierba y bellas flores, eran ideales para que Mercurio pudiera galopar a sus anchas.

Cuando llevaba recorrido un par de kilómetros el sol apareció en el horizonte y sus rayos, dorados y cálidos, iluminaron el paisaje. Las mariposas volaban por encima de las flores, cantaban los pájaros y la neblina se iba disipando.

Para Thea, aquél era un marco de belleza indescriptible. La noche anterior, las estrellas le habían aconsejado que debía escapar y ahora le parecía que el sol dirigiría sus pasos. "¡Soy libre! ¡Soy libre!", se decía emocionada.

Mercurio dejó de galopar y pasó a un trote regular más cómodo.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Melodía Cíngara»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Melodía Cíngara» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Barbara Cartland - Taniec serc
Barbara Cartland
Barbara Cartland - Love comes to the Castle
Barbara Cartland
Barbara Cartland - Melodie des Herzens
Barbara Cartland
Barbara Cartland - Reise im Glück
Barbara Cartland
Barbara Cartland - Geliebte Stimme
Barbara Cartland
Barbara Cartland - Melodie der Liebe
Barbara Cartland
Barbara Cartland - A Dama de Negro
Barbara Cartland
Barbara Cartland - Bleib bei mir, kleine Lady
Barbara Cartland
Barbara Cartland - A Dama Das Orquídeas
Barbara Cartland
Barbara Cartland - A Casa Encantada
Barbara Cartland
Barbara Cartland - Lektion in Sachen Liebe
Barbara Cartland
Отзывы о книге «Melodía Cíngara»

Обсуждение, отзывы о книге «Melodía Cíngara» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x