Los costos y los beneficios de las decisiones no siempre afectan de manera simétrica a las personas. En la vida real, es usual que las decisiones generen (i) beneficios para unas personas y (ii) costos para otras personas. Si es que B toma la decisión de demoler su casa de dos pisos para construir un edificio de departamentos de veinte pisos, es claro que B asumirá costos y obtendrá beneficios. Sus vecinos C, D y E, sin embargo, solamente asumirán costos. En efecto, B asumirá los costos monetarios de la demolición de la casa y de la construcción del edificio, y obtendrá las ganancias monetarias de la venta de los departamentos. Presumiblemente, las referidas ganancias excederán a los costos en cuestión. Sus vecinos C, D y E, empero, solamente asumirán costos no monetarios: contaminación sonora, contaminación ambiental, etc.
Existen, en teoría, dos criterios para determinar si una decisión que afecta a más de una persona es o no eficiente.
El primer criterio, creado por Vilfredo Pareto23, postula dos estándares para determinar si una decisión es eficiente: “Pareto Superior” y “Pareto Óptimo”. El primer estándar indica que una decisión es eficiente si genera beneficios a B sin afectar a C, D, E, F, etc. El segundo estándar indica que una decisión es eficiente si genera beneficios a B y dichos beneficios no pueden ser incrementados por ninguna otra decisión. Mientras el primer estándar se aplica a una decisión que compara una asignación inicial de recursos (Ai) con una asignación subsecuente de recursos (As) 24, el segundo estándar se aplica a una decisión que compara una asignación inicial de recursos (Ai) con todas las posibles asignaciones subsecuentes de recursos (Asa, Asb, ... Asn)25.
El segundo criterio, creado por Nicholas Kaldor26 y John Richard Hicks27, postula que una decisión es eficiente si genera beneficios a B y esos beneficios exceden a las pérdidas de C, D, E, etc. 28. Este criterio, sin embargo, no exige que las referidas pérdidas sean efectivamente compensadas29 a C, D, E, etc.
Imaginemos que la autoridad de transporte planea construir un puente que conecte a los poblados X y Z. Imaginemos, además, que ese puente beneficiará a las personas que habitan los poblados en cuestión. Imaginemos, finalmente, que para construir el puente, B y C deberán perder sus terrenos sin recibir compensación alguna. Bajo el criterio Pareto, la decisión de construir el puente no será eficiente, pues si bien incrementará el bienestar de las personas que habitan los poblados X y Z, disminuirá el bienestar de B y C. Bajo el criterio Kaldor-Hicks, la decisión de construir el puente será eficiente si (i) los beneficios obtenidos por las personas que habitan los poblados indicados ascienden a $100 y (ii) las pérdidas sufridas por B y C ascienden a $100 – N.
IV. CONTRATOS
Los contratos son los elementos del sistema económico que permiten el desarrollo de los mercados. Así como un invento incentiva la creación de una cadena de inventos subsecuentes que posibilitan el desarrollo constante de las industrias30, un contrato incentiva la celebración de una cadena de contratos subsecuentes que posibilitan el desarrollo continuo de los mercados.
Imaginemos que B recibe, a título de herencia, la propiedad de un terreno ubicado en el Valle Sagrado de los Incas (Cuzco). Imaginemos, además, que existen tres interesados en adquirir la propiedad en cuestión: C, D y E. C pretende construir una casa de campo y está dispuesto a pagar $100,000. D pretende cultivar trigo y está dispuesto a pagar $150,000. E pretende construir un hotel y está dispuesto a pagar $200,00031. Imaginemos, finalmente, que B opta por transferir la propiedad del terreno a E, pues, por distintas razones, valora más el dinero que la propiedad en cuestión.
¿Cuáles son los efectos que el contrato celebrado entre B y E produce en el mercado?
En primer lugar, el contrato permite que B obtenga $200,000. Con esta suma, B estará en condiciones de adquirir un bien que pueda usar de forma inmediata (por ejemplo, un departamento o un automóvil), realizar una inversión en un negocio o efectuar un viaje de turismo. En todos estos casos, B generará oportunidades para que terceros incorporen sus recursos (bienes, servicios) al mercado y, por tanto, obtengan ganancias.
En segundo lugar, el contrato permite que E obtenga la propiedad del terreno. Con este bien E estará en condiciones de empezar a contratar arquitectos, ingenieros y decoradores para el diseño, construcción y decoración del hotel. Posteriormente, E estará en condiciones de contratar a todo el personal necesario para la atención de los huéspedes del hotel. En todos estos casos, E generará oportunidades para que terceros incorporen sus recursos (bienes, servicios) al mercado y, por ende, obtengan ganancias.
Cada contrato celebrado genera, sino la necesidad, la oportunidad para que se incorporen recursos adicionales a los diferentes mercados.
Cuando los terceros incorporan sus recursos a la cadena de intercambios, los mercados se expanden. Este hecho es beneficioso por dos razones. Primera: porque permite que las personas que incorporan sus recursos a la cadena en cuestión obtengan ganancias e incrementen sus niveles de bienestar. Segunda: porque permite que el Estado reciba impuestos por esas ganancias.
Un contrato, en consecuencia, no solo beneficia a las partes, en la medida que permite que obtengan los recursos que desean; también beneficia a la organización social, en la medida que genera las condiciones para que las partes realicen intercambios subsecuentes con terceros. Esos intercambios permiten que los terceros agreguen sus recursos a los mercados y fomenten el incremento de la producción en general.
Tanto los terceros como el Estado se benefician con los intercambios antes indicados, en la medida que obtienen ingresos (ganancias e impuestos).
Los mercados requieren que los contratos sean legalmente exigibles, pues solamente bajo ese estado de cosas las personas tendrán incentivos para generar excedentes. B produce más trigo del que necesita para su consumo solamente porque C, D y E asumen el compromiso de adquirir ese producto. B sabe ex ante que si C, D y E no cumplen ese compromiso, B puede demandar la ejecución forzada o el pago de una indemnización. El riesgo de incumplimiento de C, D y E se encuentra, por tanto, controlado. Pero si, por alguna extraña razón, el sistema legal establece que el incumplimiento de compromisos de adquirir trigo no habilita a demandar la ejecución forzada ni el pago de una indemnización, B no tendrá incentivos para generar excedentes: ¿por qué incurrir en costos de producción si C, D y E pueden incumplir su compromiso de adquisición con toda impunidad?
Generalmente, los contratos que se celebran en los mercados contemplan pagos diferidos o, en otras palabras, “financiamiento” (directo o indirecto). Las personas que adquieren acceso a energía eléctrica, agua, Internet o televisión por cable, pagan en el futuro lo que consumen en el presente. Las personas que prestan sus servicios reciben en el futuro lo que aportan en el presente. En el primer caso, los proveedores financian a los consumidores. En el segundo caso, los locadores financian a los comitentes.
La contratación con pagos diferidos es socialmente valiosa porque permite maximizar la producción. Si los mercados solo operan con contratos con pagos inmediatos, (i) los compradores solo demandan activos que puedan adquirir al contado (X); y, (ii) los vendedores solo producen esos activos (X). Pero si los mercados operan tanto con contratos con pagos inmediatos como con contratos con pagos diferidos, (i) los compradores demandan tanto activos que puedan adquirir al contado (X), como activos que no puedan adquirir al contado (Y); y, (ii) los vendedores producen ambos activos (X+Y). Por tal razón, el consumo y la producción se expanden de forma constante (Harari, 2015, pp. 309 y 310).
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