“Y Jonás se levantó para huir… a Tarsis.” ¿¿Cómo?? ¿Cómo es posible que Jonás huya a la dirección opuesta, a la ciudad más lejana de Nínive? ¿Cómo se atreve a desobedecer tan descaradamente a su Señor, su Rey, su Creador? ¿Qué justificación tiene el renuncio de una carga puesta por el que tiene toda autoridad y poder?
Inmediatamente el libro de Jonás nos presenta la tensión principal que va a motivar toda su historia: la gran profundidad de la gracia de Jehová sobreabunda e inunda la soberbia y exclusividad que Jonás la quiere imponer. Esta tensión nos llevará por momentos irónicos y sorprendentes. Y si su Espíritu permite, también nos llevará a discernir los momentos en nuestras vidas cuando nuestros prejuicios, inatenciones y amarguras luchan contra la gran profundidad del llamamiento y la gracia de nuestro Señor.
El Avivamiento Israelita
Tal vez entendamos mejor esta tensión entre la gracia de Jehová y la exclusividad de Jonás si nos informamos primero del fondo histórico en que se ocurre. La palabra de Jehová viene a Jonás hijo de Amitai en una época significativa en la historia de su pueblo escogido. La gloria de Israel se había perdido unos 140 años antes, cuando el rey Salomón murió y luego su reino se dividió en dos: el reino de Israel en el norte y el reino de Judá en el sur. Ese evento inició una larga época de debilidad nacional, pero ahora en los tiempos de Jonás, Israel empieza a recuperarse. Primero, Eliseo profetiza que Joás, el nuevo rey de Israel, va a traer la salvación contra su país vecino, Siria (2 Reyes 13:14-21). Cerca del año 798 aC. la profecía se cumple: por la gracia de Jehová, Joás derrota a los sirios tres veces y restablece el reino de Israel sobre tres ciudades que les habían quitado en la generación de su padre (2 Reyes 13:22-25). Empieza a brotar una nueva generación y una nueva esperanza en Israel.
Segundo , el éxito militar de Joás se extiende hacia el sur cuando vence a Amasías, el rey de Judá. Éste encendió la ira de Jehová por su idolatría, y Jehová lo castiga por el renacimiento militar de Joás e Israel (2 Crónicas 25:14-20). Joás saquea a Jerusalén y rompe una larga sección del muro de la ciudad para descubrir la impotencia de Judá contra el poder militar superior de sus tribus hermanas (2 Reyes 14:11-14; 2 Crónicas 25:21-24).
Tercero , la recuperación nacional bajo Joás continúa en marcha durante el largo reinado de su hijo Jeroboam, aproximadamente del 793 al 753 a.C. A pesar de que Jeroboam “hizo lo malo ante los ojos de Jehová” (2 Reyes 14:24), Jehová extiende las fronteras del país: restauró los límites de Israel desde la entrada de Hamat hasta el mar de Arabá (2 Reyes 14:25), a límites que no había conocido Israel desde cuando reinó Salomón en toda su gloria.
Por los reinados de Joás y su hijo Jeroboam, la gloria pasada renace en Israel. El ser llamado “israelita” ya no significa el menosprecio y la vergüenza militar. Los israelitas pueden levantarse la cabeza y caminar con integridad entre las naciones vecinas otra vez. Jehová se ha acordado de ellos. No tienen que consolarse de ningún desamparo presente por refugiarse sólo en las historias de su gloria pasada; todo el presente brilla con el poder de Jehová. Esta generación va a ser de renombre… ¡y la portavoz de este avivamiento nacional es el profeta Jonás! Según 2 Reyes 14:25:
Jeroboam hijo de Joás] restauró los límites de Israel desde la entrada de Hamat hasta el mar del Arabá, conforme a la palabra de Jehová Dios de Israel, la cual él había hablado por su siervo Jonás hijo de Amitai, profeta que fue de Gat-hefer. ¡Jonás es el bienaventurado que proclama la palabra de Jehová en una época de avivamiento nacional!1
El Terror Asirio
Pero el avivamiento militar de Israel depende de otro factor internacional no mencionado hasta ahora. Mucho más al nordeste que el país vecino Siria y su capital de Damasco, subiendo muy lejos, pasando el río Éufrates y continuando hasta la región del norte del río Tigris, pegado a lo que hoy es la ciudad de Mosul en el norte de Irak, está el imperio de Asiria. Específicamente, llegamos a una de sus ciudades principales y su capital futuro, Nínive. 2Y aunque está lejos, la ciudad y el reino que representa tienen un papel muy importante en la prosperidad que disfruta Israel.
Antes de la generación bendita de Joás, Jeroboam y Jonás, los israelitas sintieron escalofríos por el acercamiento militar de los asirios. En 876 a.C., unos 120 años antes del reinado de Jeroboam hijo de Joás, el rey asirio Asurnasirpal había salido a atemorizar y saquear los pueblos al oeste y sudoeste de Nínive, en dirección a Israel. Cuando los pueblos lo resistieron, Asurnasirpal los trató así: Los destruí, deshice los muros y quemé los pueblos con fuego. Capturé a los sobrevivientes y los empalé en palos enfrente de sus pueblos. En esa época agarré toda la extensión de la montaña de Líbano y alcancé al Gran Mar… Limpié mis armas en el mar profundo y ofrecí sacrificios de ovejas a todos los dioses. El tributo de la costa – de los habitantes de Tiro, Sidón, Biblos… su tributo recibí y abrazaron mis pies. 3
La violencia de este imperio era abominable. Cuenta Asurnasirpal II: Construí una columna al lado de la puerta de la ciudad, y despellejé a todos los principales que se habían rebelado y cubrí la columna con sus pieles. Algunos encerré dentro de la columna, algunos empalé en la columna en palos y a otros até a palos alrededor de la columna… Desmembré a los oficiales, a los oficiales reales que se habían rebelado… Muchos de los cautivos entre ellos quemé en hoguera, y muchos tomé vivos. De algunos se les corté las manos y de otros las narices, las orejas y los dedos, de muchos les quité los ojos. Hice una columna de los vivos, y otra de cabezas, y até las cabezas a los troncos de árboles por toda la ciudad. Sus jóvenes y muchachas quemé en hoguera… A veinte hombres tomé vivos y los empalé en palos… A los demás los hice ser consumidos por sed en el desierto del Éufrates. 4
Este escándalo de violencia en extremo, de idolatría y de humillación se acercaba más y más a Israel. Veintitrés años después de la campaña de Asurnasirpal descrita arriba, el rey Acab de Israel formó parte importante de una junta de 12 reyes que intentaron a parar el avance del rey asirio Salmanasar III. Lo enfrentaron en Qarqar en el norte de Siria, y aunque la junta fue derrotada, paró el avance de los asirios. Fue la primera batalla entre israelitas y asirios. 5
Doce años después Salmanasar III vuelve y sin ninguna batalla como Qarqar para pararlo, pone a Damasco en sitio, destruye el resto de Siria y saca tributo de varios reyes incluyendo a Jehú de Israel. 6Y sólo cinco años antes del reinado de Joás, Adad-nirari III de Asiria humilla y despoja a Damasco, los vecinos de Israel. El poder militar asirio ahora alcanza las fronteras de Israel. 7
Cuando el avivamiento en Israel empieza a brotar al comienzo del reinado de Joás, Asiria tiene que prestar su atención militar hacia el norte de Nínive en la región de Armenia. La situación internacional alrededor de Israel por fin está más tranquila. No hay amenazas de Asiria; Damasco se queda muy débil por su humillación cinco años antes. Por fin Israel tiene la oportunidad de crecer y prosperar sin molestia. 8Jehová, en cuya mano están todos estos acontecimientos, visita a su pueblo y empieza la nueva época dorada.
Pero ahora la palabra de Jehová interrumpe el sueño siempre creciente de la prosperidad nacional. ¿Jehová me manda a Nínive para predicar? ¿Qué pasa si Jehová tiene compasión y perdona a los asirios? ¿Si vuelven a ser un imperio poderoso? ¿Si amenazan a Israel otra vez? ¿Si demandan una tras otra entrega de tributo para debilitar y empobrecer al país? ¿Si nos atacan y luego empalan a los gobernantes y los jóvenes frente a las ciudades santas de Israel? ¿No sería mejor que sean consumidos por la ira de Jehová y que dejen de molestar al pueblo de Dios?
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