Por tanto, la vigilancia aparece a veces como un mecanismo que sirve para la dominación y el control social, pero en otras ocasiones opera como un dispositivo de resistencia que crea espacios de autonomía social. Un referente tecnológico que está sujeto a la acción y la agencia de actores, y que también se interpreta como una herramienta al mismo tiempo de opresión y salvación humana. La vigilancia puede ser usada con fines civiles y no civiles. Estos rostros de la vigilancia permiten entender cómo esta se desarrolla en sociedades democráticas y diferenciadas, al contrario de lo que sucede en las novelas distópicas escritas, como sugiere Booker (1994), desde el periodo de entre guerras y hasta finales de los años sesenta, cuando imperó de alguna manera la metáfora opresiva y omnipresente del “Gran Hermano”.[14]
En el siguiente capítulo se analiza cómo en el conjunto de películas de Blade Runner se proyecta el temor a la pérdida de la libertad, la individualidad y la autonomía, ya sea frente al poder estatal o las grandes corporaciones privadas. En ambas películas se delinean ambientes donde humanos y androides despliegan juegos de control, poder y dominación a través de distintos dispositivos de vigilancia biométrica con el fin de garantizar no solo la supervisión aventajada de otros, sino el mantenimiento de las fronteras identitarias que dan sentido a lo humano y lo inhumano. Gracias a los dispositivos de vigilancia biométrica los protagonistas recogen y procesan información que viene de fluidos, músculos, reacciones faciales, piel, pigmentos, uñas, así como códigos genéticos insertos en sus cuerpos. Con dicha información se clasifican a sí mismos y a otros grupos y con ello se valora su estatus como potenciales “nosotros” o “ellos”, amigos o enemigos o, finalmente, como otredades contaminadas.
Estos dispositivos de vigilancia biométrica permiten, por un lado, procesos de segregación espacial y social —cuando son operados desde corporativos privados e instancias gubernamentales— particularmente de grupos no anglosajones: latinos y asiáticos. Por otro lado, permiten, también, la creación de mundos de cohesión y solidaridad social entre estos grupos. Así, Blade Runner (1982) y Blade Runner x (2017) dan soporte visual a una mitología de lo apocalíptico que parece ocupar un lugar cada vez más relevante en el imaginario de la sociedad norteamericana.
En el tercer capítulo se analiza la serie televisiva El hombre en el castillo (2015), una producción inspirada en la novela ucrónica del mismo nombre. La serie suscribe el peso fundamental que tiene la fuerza militar colonial para sostener cualquier proyecto de modernización y colonización, al dibujar un mundo dominado por Alemania y Japón después de la Segunda Guerra Mundial. Visibiliza el hecho de que el bienestar industrial de las sociedades colonizadoras solo es posible mediante la expansión imperial y acumulación violenta de recursos, así como la extracción de valor de las sociedades colonizadas. Para ello se requieren de mecanismos de vigilancia que favorezcan, por un lado, dicha explotación y, por otro, el control de amplios grupos de población con el fin de compelerlos a la producción del bienestar de las metrópolis o destinarlos a procesos de exterminio.
El análisis de estos mundos nos permite sopesar la relevancia de la vigilancia en las sociedades modernas. Los personajes están sumergidos en dinámicas paranoicas porque estas últimas resultan la versión moderna de una sensación antigua —por no decir arcaica— que cualquier animal tiene, incluido el ser humano, por el hecho de sentirse observado. Si el hombre había llegado a construir la sociedad de hoy era gracias a que había incorporado en su estructura antropológica el sentir cuando se posa sobre él la mirada de los otros. La paranoia, apuntaba Dick, es un sentido atávico, permanente, que se adquirió cuando los humanos eran una especie vulnerable a los predadores. Un sentido que aún se mantiene, ya que pone en alerta a quien se encuentra vigilado por alguien o por algo. Regularmente quién vigila quiere alguna cosa de una persona —sus recursos económicos, políticos o culturales, por ejemplo— o, quizás, a la persona misma —con el fin de esclavizarla, de decodificar su genética o de explotarla—. En este sentido, la atracción que generan las novelas o dramas fílmicos distópicos —donde la vigilancia juega un papel central— se debe en parte al hecho de que actualizan ese instinto atávico de sentirse vulnerable frente a los predadores, así como la necesidad de ponerse a salvo de ellos.
Reconstruyendo un trayecto
Este trabajo es el resultado de un proyecto de investigación que arrancó en 2012 en la Universidad de Queen’s en Canadá, gracias a la amable invitación que me hizo David Lyon, director del Surveillance Center Studies. En esa estancia las pláticas con David Wood sobre la relevancia de la ciencia ficción para la comprensión de la vigilancia fueron claves para mí. Fue precisamente ahí cuando comencé a desarrollar el trabajo que sentó las bases para redactar el artículo “Metamorfosis de la vigilancia: literatura y sociedad de 1984 a Neuromante”, el cual fue posteriormente publicado en la revista Culturales (Arteaga, 2014). Ese texto sirvió, sin duda, como plataforma para conectar mi interés en los estudios de la vigilancia que había desarrollado tiempo atrás —a partir de trabajos de crítica literaria sobre la obra de Kafka— con el mundo de la literatura distópica que desarrollé posteriormente en mis investigaciones más recientes sobre sociología cultural. En este sentido cabe destacar el análisis sobre la creación de íconos en las protestas colectivas a escala global que emergen de los filmes cinematográficos —particularmente de la película V de Vendetta (dir. James McTeigue, 2005)—, escrito en coautoría con Javier Arzuaga y publicado en la revista Desacatos (Arteaga y Arzuaga, 2015), así como los trabajos sobre el impacto y tratamiento del personaje del comic Harley Quinn en la cultura popular global, escritos en coautoría con Michelle Romero y que aparecieron en la revista Culturales (Romero y Arteaga, 2017) y en el libro The Ascendance of Harley Quinn: Essays on DC’s Enigmatic Villain. Desde entonces se han publicado un conjunto de textos que adquieren una forma concreta en este libro. Una parte de la discusión que se presenta en el primer capítulo de este libro fue publicada en “La vigilancia en la obra de Philip K. Dick: Identidades, deseos y conflictos sociales” (Arteaga, 2018). Algunos fragmentos del capítulo dos aparecen en el texto “Latinoamérica y el Apocalipsis: íconos visuales en Blade Runner y Elysium” (Arteaga, 2015). La respuesta que han tenido estos trabajos entre diversos lectores ha sido de dos tipos. Por un lado, están las referencias que se han hecho a algunos de estos textos en artículos o capítulos de libro que abordan el tema de la vigilancia, la distopía, la ucronía y las ciencias sociales.
Por otro lado están, por supuesto, las críticas. Estas últimas se han orientado a señalar la necesidad de reforzar los marcos metodológicos y teóricos, cuestión que se pretende resolver en este libro. La teoría de la esfera civil y de la sociología de la cultura ha tenido en América Latina un recibimiento un poco frío, por decir lo menos. La idea de que la cultura tiene una relativa autonomía con respecto a otras esferas de la vida social —como la economía y el poder— resulta difícil de procesar en un ambiente académico donde apelar a las condiciones determinantes de las estructuras materiales de vida se ha convertido en la forma de pensamiento hegemónico que subordina la posibilidad de comprensión de las dinámicas culturales en la región latinoamericana. Así que en este libro se hace un esfuerzo por clarificar el alcance teórico de mi trabajo.
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