Sin embargo, el MDRM solo había exigido la aplicación de la Constitución francesa de 1946, que establecía: «Francia se propone conducir a los pueblos bajo su control a la libertad de administrarse a sí mismos».
A lo largo de los doce años siguientes, las revueltas nunca volvieron a tener tal magnitud, ya que el ala radical del movimiento patriótico quedó diezmada. Los deportados fueron considerados símbolos de la resistencia. El diputado poeta Jacques Félicien Rabemananjara escribió en la cárcel O liberté. He aquí un extracto de este célebre poema: «Fútil abrazo de horizontes. La misma bóveda del cielo estallará. ¡Madagascar! Te saludo. ¡Isla! Desde los confines de mis tormentos, ¡te adoro! ¡Tu belleza! ¡Mi mano derecha la sostiene hasta la altura de las estrellas, Madagascar!».
La vida política se estructuró utilizando los espacios de libertad existentes y apoyándose en cada reforma, como la Ley marco redactada por Gaston Defferre, ministro socialista de ultramar, en 1956. Sin embargo, a pesar de las reformas estructurales y los cambios institucionales, Madagascar no recuperó su independencia hasta que el general De Gaulle dio un impulso radical a la política francesa («Mañana volverás a ser un estado», discurso de Antanananarivo del 22 de agosto de 1958). Para el líder de la Francia libre, la colonización era un anacronismo.
El 26 de junio de 1960, la opción radical fue sellada por una declaración franco-malgache: «La República Malgache accede a la soberanía internacional y la independencia en pleno acuerdo y amistad con la República Francesa».
Consecuencias de la colonización
Los nostálgicos del colonialismo hablan de los 25.000 kilómetros de carreteras, de equipamientos como los puertos de Toamasina y Antsiranana, del desarrollo de las ciudades, de la expansión de los ferrocarriles, de la organización territorial... Sin embargo, el pueblo malgache que vivía en aquella época matiza estos hechos innegables recordándonos que estas estructuras fueron construidas por indígenas que no recibían ningún pago y que trabajaban, en la mayoría de casos, bajo coacción, o incluso bajo agresiones físicas. En cuanto a los equipamientos y las infraestructuras, su único propósito era obtener provecho del país y saquear sus materias primas para beneficio de los empresarios, colonos y especuladores franceses, es decir, en última instancia, de la potencia colonial. Por otra parte, en lo que respecta a la educación y la salud, la evaluación es unánime: la mortalidad disminuyó, la población se duplicó —de tres a seis millones de habitantes— y, en 1958, uno de cada dos niños iba a la escuela.
La Primera República (1960-1972)
El 14 de octubre de 1960 es el día de la independencia. A partir de entonces la vida política experimenta una efervescencia sin precedentes. Se crean muchos partidos. Se produce una bipolarización entre el Partido Socialdemócrata (PSD) y el Partido del Congreso de la Independencia (AKFM). A su regreso del exilio, los diputados «rebeldes» de 1947 participaron activamente en los debates.
Philibert Tsiranana, líder del PSD, fue elegido presidente de la República en 1960 (y reelegido en 1965). Las instituciones que se crearon eran muy similares a las de la Quinta República Francesa. La Gran Isla desarrolló inmediatamente una diplomacia activa, con la apertura de embajadas en todo el mundo, la creación de la Organización de la Comunidad Africana y Malgache (OCAM) y un papel activo en la Organización para la Unidad Africana (OUA).
En el plano interno, a pesar de algunas iniciativas para el desarrollo agrícola y la industrialización, el régimen se estancó. La oposición criticó esta inacción, señaló que en muchos ámbitos la independencia era solo formal y que la política del presidente Tsiranana era «neocolonialista». De hecho, las empresas francesas y los colonos de la isla de Reunión conservaron la mayoría de sus privilegios y siguieron dominando la economía. El transporte era cada vez más inadecuado y la urbanización se volvía anárquica. Además, el acceso del PSD a los poderes del estado fue acompañada de apropiaciones indebidas de bienes públicos, corrupción y privilegios.
Solo la escolarización podía incluirse en los activos del gobierno. Pero este esfuerzo sostenido contribuyó precisamente a su caída...
La oposición se centraba en el AKFM, dirigido por el pastor Andriamanjato, y en el Movimiento Nacional para la Independencia de Madagascar (MONIMA), fundado por Monja Jaona.
A principios de la década de 1970, los estudiantes cuestionaban cada vez más la sumisión del presidente a los grupos de presión empresariales de la antigua potencia colonial. Frente a los hit parade que llegaban de Francia y América, decenas de miles de jóvenes cantaban en Madagascar las canciones con trasfondo político del grupo Mahaleo. Este es el periodo en el que la malgachización, un movimiento para adaptar la educación a las realidades culturales y sociales del país, se difundió a todas las universidades del país.
En abril de 1971, la brutal represión de una revuelta impulsada por el MONIMA, en la región de Toliara, conllevó la movilización de los estudiantes. La Universidad de Antananarivo cerró en marzo de 1971. Huelgas, manifestaciones y revueltas se sucedieron durante más de un año. El 13 de mayo de 1972, la policía disparó a la multitud. El 27 de julio, el general Gabriel Ramanantsoa, jefe del Estado Mayor del Ejército, propuso un referéndum sobre un programa político para el cambio... El 8 de octubre de 1972, tres millones de votos a favor (contra 102 506 votos en contra) llevaron a la dimisión del presidente Tsiranana. Se crearon nuevas instituciones. El 7 de noviembre de 1972 se aprobó una nueva constitución.
La Segunda República (1972-1992)
El gobierno del general Ramanantsoa decidió tomar medidas radicales. De hecho, a principios de 1973, Madagascar creó su propio banco central, su moneda, y se retiró de la zona del franco. En junio de 1973, Francia y Madagascar firmaron un acuerdo para evacuar a los militares franceses con base en Ivato y Antseranana.
La independencia total, el fin del neocolonialismo; estos fueron los objetivos expresados por el equipo de gobierno. Desafortunadamente, los resultados económicos no fueron los esperados. Mientras que los precios aumentaron, la noción de malgachización (ser libres, independientes y crear un renacimiento malgache) se hizo cada vez más popular entre los jóvenes. La revolución, otra consigna, movilizó a estudiantes, obreros, campesinos y soldados. En 1973, las revueltas se multiplicaron. El 31 de diciembre de 1974, los agentes de policía iniciaron una revuelta. En 1975, Madagascar vivió bajo una inestabilidad permanente. Los enfrentamientos políticos se intensificaron. Se sucedieron cuatro jefes de Estado: el general Ramanantsoa (dimitido en febrero), el coronel Ratsimandrava (asesinado una semana después de acceder al cargo), el general Andriamahazo (destituido en junio de 1975 por la Dirección Militar, que había tomado el poder mediante la proclamación de la ley marcial) y el capitán Ratsiraka, presidente del Consejo Supremo de la Revolución a partir de junio. En agosto de 1975 se redactó la Carta de la Revolución Socialista Malgache por iniciativa de los partidos políticos cercanos al presidente. Proclamaba solemnemente: «Solo tenemos una solución: ser o perecer. ¡Hemos elegido ser! Independientes, libres, orgullosos de la justicia y la paz. Cueste lo que cueste.» En diciembre de 1975, esta Carta fue sometida a referéndum. El sí prevaleció: Madagascar pasó a ser una república democrática. El 4 de julio de 1976, Didier Ratsiraka se posesionó como presidente de la República. El estado ahora controlaba los bancos, las compañías de seguros y tres cuartas partes del comercio de importación y exportación; la centralización fue extrema. Se instituyó la autogestión de los trabajadores. Se nacionalizaron las empresas bandera de la época colonial (La Rochefortaise, La Marseillaise, La Lyonnaise). El territorio fue reestructurado con un retorno a las fokonolona , unas asociaciones comunitarias anteriores a la colonización, y a las fokontany , una agrupación de varias fokonolona . Estos entes descentralizados de administración local tenían amplias competencias: gestión del territorio, desarrollo rural, salud, seguridad... Las tierras expropiadas a las grandes empresas francesas se distribuyeron entre 17 000 familias. La lucha contra el analfabetismo fue intensa; en ella se involucraron incluso los estudiantes y el ejército. En política internacional, Madagascar se distanció de Francia y emprendió una diplomacia muy diversificada: apertura a Asia (Indonesia, India, Japón), intercambios con Estados Unidos, movilización para la unidad africana y acuerdos de cooperación con la URSS, China y Corea del Norte. Los líderes tenían la ambición de «dar a Madagascar una voz que pueda ser escuchada en la comunidad de naciones» (en sus palabras). Esta voz se pronunció en contra del apartheid y a favor de la liberación de Nelson Mandela. La lengua malgache, que se habla en todo el país desde hace dos mil años, volvió a ser reconocida en el sistema educativo y a convertirse en lengua oficial tras siete décadas de represión lingüística. Finalmente, se tuvieron en cuenta las anhelos de «malgachización». El Estado invirtió en infraestructuras, salud e industria. Sin embargo, al mismo tiempo, la democracia retrocedió. En la Asamblea Nacional Popular surgida de las elecciones de 1977, y tras una votación impugnada, Arema (el partido del presidente y vanguardia de la revolución malgache) obtuvo el 81 % de los escaños frente al 11 % del AKFM y el 8 % del resto de partidos menores. El gobierno se organizó en las mismas proporciones. El «Estado Arema» se estableció como en la década de 1960 lo había hecho el «Estado PSD». La libertad de prensa estaba cada vez más restringida. La corrupción iba en aumento y las promesas de justicia social e igualdad se olvidaban rápidamente. Además, la economía se veía afectada por la crisis del petróleo y el colapso de los precios de los productos básicos. A pesar de las reformas adoptadas a finales de la década de 1980, la crisis económica mundial completó la desestabilización de la economía de la Gran Isla. La pobreza aumentó. La decepción de la población era proporcional a las esperanzas de los años 1990. Sin embargo, Ratsiraka fue reelegido, sin oposición, en 1982 y 1989. En 1990 se creó un Consejo Nacional de Fuerzas Vivas por iniciativa de los principales partidos de la oposición y los antiguos aliados del presidente Ratsiraka. Este fue el comienzo de una reflexión sobre el futuro de la nación. En 1991, el movimiento por el cambio se intensificó. Durante el Día del Trabajo se celebraron importantes manifestaciones en Antananarivo y en varias ciudades. El enfrentamiento entre la oposición, que convocaba a una conferencia nacional, y el presidente, que se negaba a ello, adquirió una nueva dimensión; el 8 de julio, una huelga general ilimitada se extendió con una participación masiva. Los huelguistas exigían la salida del presidente y cambios en la Constitución. La huelga duró hasta enero de 1992. El 10 de agosto, una marcha pacífica de medio millón de personas hacia el palacio presidencial se volvió violenta y acabó en un drama. Hubo cincuenta muertos. Siguió un periodo confuso, durante el cual los políticos sedientos de poder intentaron romper la unidad del país proclamando estados federados en cinco regiones. Estos estados imaginarios tuvieron, afortunadamente para Madagascar, un destino efímero. El 19 de agosto, ante la movilización popular, el presidente aceptó la creación de un gobierno de consenso y de transición.
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