«Tita, no puedes estar así, ese tío era un gilipollas. ¿No veías cómo le miraba las tetas a mi madre? Debería darte igual que te dejara, hay más hombres y más guapos. Estás muy gorda, con lo guapa que eras. ¿Por qué no llamas a tus amigas? No sales nunca. Además, a veces es mejor estar sola. Mira, mi madre no quiere a mi padre ni él la quiere a ella, eso es peor que que te dejen. Cuando sea mayor, si me caso, no quiero estar con una persona que no me quiera, prefiero que me deje, como te pasó a ti. ¿Para qué estar con un hombre que no te quiere? Eso es engañar al otro aunque no le pongas los cuernos. Mis padres no hacen nada juntos, no se quieren ni se soportan. A mí tampoco me quieren. —Suspiró y esperó un poco antes de seguir hablando—. Les da igual lo que haga, no se preocupan si me voy a casa de una amiga el fin de semana y no los llamo, ellos no me llaman para nada, no saben si estoy bien o si me ha pasado algo. Alguna vez he llegado a casa borracha después de una noche de fiesta y ni siquiera me han reñido, han hecho como que no han visto nada. A ti la abuela te quiere y se preocupa por ti, qué suerte, y tú llorando por ese imbécil. ¿Por qué no te descargas una app para buscar pareja? —Ahí le cambió la voz, estaba emocionada con su ocurrencia y noté cómo se incorporó en la cama—. Ponemos una foto falsa por si te encuentras a algún conocido, a lo mejor conoces a alguien interesante, aunque sea para hablar, puede ser divertido. Esta noche te lo piensas y me dices algo. Tita, te quiero. Mucho. Buenas noches».
Me dio mucha pena por ella y por mí. Pensar que tus padres no te quieren debe de ser horrible, aunque no fui capaz de decirle que yo también la quiero. Estuve esperando a que apagara la luz de la lamparita, pero ni quedándonos a oscuras me salió decírselo. Me senté en la cama y me quedé un rato así, esperando a ver si era capaz de decirle que no estaba sola y que la quería. Me hubiera gustado meterme en su cama y abrazarla, pero pensé que no cabríamos las dos, porque estoy muy gorda, y que yo igual le daba asco. Solo un abrazo, eso me hubiera gustado, acompasar mi respiración a la suya. ¿En qué me estoy convirtiendo? Quiero a esta niña como si fuera mía, a veces pienso que la quiero más que su propia madre. Cuando era pequeña pasaba muchas temporadas en casa; sus padres viajaban mucho, es lo que tiene ser rico. Mi hermana está ciega. ¿No se da cuenta de que toda esa rebeldía es para llamar la atención? Ella está feliz de la vida solo con que Agustina le diga «señora esto, señora lo otro». ¡Qué ridícula! No la envidio para nada, hay cosas que el dinero no puede comprar.
Saco un paquete de dónuts de chocolate y me siento con la caja en el regazo. Paseo la vista por la cocina y veo todo perfectamente ordenado, no hay nada fuera de su sitio: los botes de las especias con la etiqueta hacia delante; los paños de cocina doblados todos igual, perfectos; las bolsas de plástico dentro de un tarro de cristal, meticulosamente dobladas. Me chupo los dedos antes de coger otro dónut. A mi hermana le ponen enferma las manías de mi madre; a mí me dan igual, la mujer no hace daño a nadie. Se cree mejor que nosotras. No viene casi nunca y, cuando lo hace, me mira con cara de asco, debe de odiar a los gordos; ella luce cuerpazo de gimnasio y tetas operadas.
Si hubiera algo que me devolviera las ganas de vivir… Necesito un empujón, yo sola no puedo. Al principio estaba hundida, algo después hice un esfuerzo, pero ya me fue imposible. Sé que por mucho tiempo que pase y, aunque me recupere, nunca volveré a ser la misma: algo se rompió dentro de mí el día que me dejó. El pasado no deja de venir a visitarme, me lleva de paseo, me monta en el tren de los recuerdos, un tren del que no me quiero bajar, y poco importa que abandonara esa maleta en el camino, la tristeza viaja ligera de equipaje.
Soñar con pestañas: Es de mal augurio. Si sueña que se le caen significa que algo va a ir mal. Soñar que tiene las pestañas cortas quiere decir que va a llorar mucho por una desgracia.
Como si necesitase un recordatorio de lo que está pasando, la pantalla del ordenador se encarga de advertirme para que no me olvide. ¿Para qué habré mirado el significado del sueño? ¡Qué tontería! ¿Cómo va a saber nadie lo que significa un sueño? Es mejor no hacer caso, creerse estas cosas es de gente inculta, como dice Elena.
Hoy es sábado, el día de la cena con la familia del socio de mi yerno. Muriel se ha empeñado en que no va y su madre en que vaya. Ahora es cuestión de ver quién puede más. Esta noche la llamaré, ayer la llevé a su casa para que se sentara a la mesa en esa dichosa cena. Después, si quiere, puede mudarse conmigo. Nunca se lo he permitido, aunque me lo ha pedido montones de veces. Tenía la absurda esperanza de que las cosas se arreglarían entre ellas, pero me temo que eso no va a pasar. Solo espero que, con el paso del tiempo, mi hija se dé cuenta de lo mal que lo está haciendo. Muriel no se merece pasar la adolescencia en esa casa, tan falta de amor y tan llena de mentiras y engaños.
Salgo a comprar y no puedo quitarme de la cabeza lo absurdo que es buscar el significado de los sueños. Me siento en un banco porque no me encuentro bien. Desde hace años tengo unas manías que no logro dejar atrás. Estoy convencida de que si dejo de hacer determinadas cosas, sucederá algo malo. Como si que las mujeres de mi casa seamos unas infelices no fuera ya suficiente catástrofe. Todas somos desgraciadas. Estamos dejando escapar la vida, como se escapa la arena de la playa entre los dedos cuando quieres retenerla en tus manos.
Cuando el padre de mis hijas me abandonó no tuve tiempo para lamentarme. Claro que lloraba, cada día, pero seguí viviendo. Tuve que criarlas yo sola, sin ayuda y sin dinero; pero no recuerdo esa época como una etapa gris. A nuestra manera, lo pasábamos bien. Les escondí mi pena, o eso pensaba yo. Quizá no lo hice tan bien y ahora repiten un patrón aprendido. ¿Cuándo empezaron a torcerse las cosas? No lo sé, pero sí sé que no se arreglarán porque doble las toallas de una manera determinada o ponga los libros ordenados de más gruesos a más finos, ni por tener que poner la lavadora siempre en el número tres. Nunca he puesto otro programa, da igual si hay mucha ropa o poca. Me da pavor hacer las cosas de otra manera. Lo he intentado y soy incapaz.
Hoy presiento que me van a dar una mala noticia, parece que llame al mal tiempo, así que decido dejar de hacer todas esas cosas irracionales y disparatadas propias de una mente enferma.
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