Se puede encontrar información fiable, tanto cuantitativa como cualitativa, sobre el cambio climático y sus efectos en las localidades, además de datos poblacionales que proporcionan las agencias estatales de cada país.
Fotografía 1. El nevado Huaytapallana
Fotografía: Teófilo Altamirano, julio de 2013.
La localidad es el espacio donde se recogen los datos primarios que proporciona la población sobre sus percepciones, imaginarios, grados de participación o no, así como sobre los efectos del cambio climático sobre sus vidas, sus familias, sus organizaciones locales y sus actividades económicas, principalmente la agricultura y la ganadería. También puede encontrarse información sobre el control, el manejo y las respuestas individuales y colectivas ante el cambio climático, así como sobre su articulación con las esferas supralocales; además, se encuentran datos de las migraciones climáticas y no climáticas, dos tipos de migración que las poblaciones están empezando a diferenciar.
Metodológicamente, la elección de la localidad para los estudios sobre el tema de la investigación implica la selección de indicadores ecológicos, geográficos, poblacionales y políticos. Esta no es una tarea fácil, porque la validez del estudio en muchos casos depende de dicha selección. Cuando esta ha sido mal identificada, ni los datos ni su posterior análisis e interpretación tendrán la consistencia y la rigurosidad científica necesaria; en consecuencia, cualquier decisión que se tome se basará en errores que afectarán de manera negativa a la población local. La participación de los pobladores en el diseño y en el proyecto sobre cambio climático o migración forzada y en la toma de decisiones será necesaria por dos razones: porque se debe cumplir el principio ético de incluir a la población —requisito que exigen los organismos internacionales y los propios Estados— y porque los beneficios del proyecto —o la falta de ellos— serán para los pobladores locales. En general, tanto los organismos internacionales como las instituciones del Estado tienen una presencia corta, aunque en algunos casos esta se puede prolongar, como sucede cuando es necesario monitorear el comportamiento climático, la disminución o aumento del agua, los cambios en las estaciones o los ciclos de migración forzada, así como cuando se miden los retrocesos glaciares y su relación con el agua.
Las capacidades de adaptación y resiliencia o la migración forzada tienen lugar en las localidades, al igual que los procesos de capacitación, la toma de conciencia y la experiencia previa. Los resultados de las experiencias sobre implementación de políticas ambientales en las localidades son de enorme importancia, porque pueden ser ejemplos concretos replicables en otros lugares del mundo. También los errores y la falta de incorporación de la población local en el proceso de la aplicación del proyecto sirven de lección, tanto para quienes hacen las políticas como para la población local. En muchos lugares se aprende más de aquellos proyectos fallidos.
Para ilustrar el nivel local, seleccionamos el nevado de Huaytapallana, la cuenca del Shullcas y la ciudad de Huancayo, en la sierra central del Perú; adicionalmente, incluimos la cuenca del Perené en la selva central del Perú. En el capítulo 5, se analiza este caso y se pone mayor énfasis al aspecto mágico-religioso, simbólico y ritual, aspectos ausentes en estudios ambientales y de cambio climático.
2.2. El factor humano
La ecología no debe prescindir del factor humano, pues la interacción entre el hombre y la naturaleza hace posible la dinámica ambiental. La presencia humana y de sus organizaciones define las condiciones que hacen posible una convivencia en equilibrio con el ambiente.
Fotografía 2. Actores sociales y culturales
Fotografía: Teófilo Altamirano, julio de 2013.
La población ejerce presión sobre el medio ambiente y sus recursos renovables y no renovables. En general, el factor humano es responsable de su propia reproducción biológica y social. Cuando las necesidades de la población exceden los recursos, se produce un desequilibrio ambiental. La redistribución equitativa de los recursos, en general escasos, puede ser una manera de reducir el riesgo de deterioro en el medio ambiente.
La dimensión humana también se refiere a los patrones culturales que condicionan la manera como se usan los recursos. Ciertas sociedades y culturas no requieren de abundancia de recursos para su propia reproducción, pero otras sí. La diferencia, en general, estriba en la producción, así como en su uso y distribución. Esta puede ser agropecuaria, extractiva, artesanal, etc., resultado de la combinación del trabajo, el capital, el manejo de la información y la experiencia que se transmite de generación en generación. Los sistemas de herencia son propios de cada sociedad. Además, la herencia, que en parte reproduce la igualdad o desigualdad social, es de dos tipos:
1 La herencia física: cada individuo y familia cuenta con recursos financieros o capital monetario, además de patrimonio, como tierra, agua, bosques, minas, animales domésticos, instrumentos de producción agropecuaria o artesanal, vivienda, etc. El capital monetario está representado por los ahorros, ingresos por trabajo, venta de productos, etc. En sociedades campesinas e indígenas, estos recursos son muy escasos.
2 La herencia cultural: cada familia, sociedad y cultura tiene un estilo de vida, una forma de ser y un comportamiento que se manifiestan dentro del proceso cultural. Así, una persona que pertenece a un grupo, clase social o grupo étnico heredará sus bienes físicos y culturales a la siguiente generación, la cual los transmitirá de igual manera a la generación que viene. Esto sucede en sociedades y culturas que mantienen una continuidad. En aquellas donde prima la desigualdad, la herencia cultural puede alterarse con la migración voluntaria o forzada y con la movilidad social y económica.
Los cambios climáticos se producen en este contexto humano. Los procesos no actúan en el vacío, sino dentro de una determinada población y demografía. Generalmente, el impacto del cambio climático es mayor en poblaciones rurales campesinas e indígenas o en centros urbanos populares marginalizados ecológica y económicamente, que no cuentan con recursos para la mitigación. Es cierto que el mayor capital con el que cuenta esta población es social y cultural, en tanto el financiero está ausente o casi siempre proviene de afuera, sea del Estado o de instituciones privadas nacionales o internacionales.
Un aspecto común a estas poblaciones es que no son las principales causantes del cambio climático. Los causantes son los países ricos, que además cuentan con recursos financieros y técnicos y son los que sufren menos los impactos del cambio climático. Algunos de estos países ya se están beneficiando del calentamiento global porque: el cambio climático hará posible una mayor producción agropecuaria; la desglaciación permitirá la apertura a nuevas fuentes agrícolas; y los casquetes de hielo, al derretirse, permitirán nuevas rutas de navegabilidad, transporte y comercio marítimo. En consecuencia, los países ricos recibirán oportunidades de prosperidad económica, mientras que los migrantes climáticos en países pobres buscarán cómo sobrevivir al cambio climático. Las capacidades de adaptación a las nuevas condiciones climáticas y a sus efectos, la resiliencia frente a los cambios, las respuestas y estrategias de acción colectiva e individual o la decisión de migrar forzosamente hacia otros lugares y la posterior readaptación a nuevos e inciertos contextos socioculturales, económicos y políticos son, en conjunto, respuestas humanas a las nuevas condiciones ambientales y climáticas.
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