¿Por qué entonces Guardiola, Cruyff, Prieto y Carvallo siguieron optando por esta forma de jugar por sobre una más resultadista?
El mismo Pep lo ha explicado: si controlas la pelota y tienes más llegadas, es mucho más probable que ganes. Puede ser que pierdas un partido, pero jugando así vas a terminar ganando la mayoría.
Me atrevo a aventurar que hay otra razón, que no tiene tanto que ver con lo medible sino con lo que después varios técnicos, entre ellos César Luis Menotti, han articulado muy bien: el fútbol no es solo ganar; el fútbol también es belleza. Son los equipos que se preocupan de jugar bien los que hacen que uno pague la entrada o se suscriba al cable.
Ha habido grandes escuadras que han hecho de la defensa un arte, incluso ganando títulos, pero esos no son los equipos de los que uno se acuerda.
Este juego no se sostiene sin el componente del espectáculo y eso es lo que dan los jugadores talentosos, los que dan ganas de aplaudir.
Ya lo decía Eduardo Galeano, el escritor uruguayo y futbolero, autor de El fútbol a sol y sombra : “Voy por el mundo sombrero en mano y en los estadios suplico: una linda jugadita, por amor de Dios”.
Esta filosofía futbolística ha alcanzado su peak en tres equipos a nivel mundial: la selección holandesa de 1974, el Barcelona dirigido por Johan Cruyff y el Barcelona de Guardiola. Este último ha sido el gran exponente de esta corriente, que ha pasado a llamarse “Fútbol de Posición”. Sin embargo, antes que ellos se pueden encontrar trazos de esta idea de juego, por allá en 1901.
El capitán del Sheffield United de Inglaterra, Ernest Needham, decía en el libro Association Football que “la combinación entre defensas y mediocampistas es una buena decisión. Cuando el defensa puede dar la pelota a su medio en una buena posición para avanzar por el campo, debe pasar el balón sin dudarlo en vez de lanzar el balón lejos de una patada (…) Demasiados defensas, cuando tienen la ocasión, lanzan un patadón enorme, pensando que es toda una hazaña, y olvidando que nueve de cada 10 veces la pelota pasará por encima de sus delanteros y acabará en los pies del equipo contrario, que no tendrá dificultad en devolverla”.
Cincuenta y un años más tarde, el jugador, periodista y escritor Ivan Sharpe, llamó a esta forma de jugar “Juego Posicional”, intentando describir la forma en que se desempeñaban los jugadores de la selección de Hungría, que en 1953 humilló a Inglaterra en Wembley por 3-6. Lo calificaba como un fútbol “mucho más desarrollado, ya que acumula las combinaciones” y decía que el balompié inglés era un “cóctel demasiado agitado. Pero el frenesí no es fútbol. De este modo los extranjeros tienen ahora un perfil más científico”.
Los húngaros deslumbraban a todos y aún resuenan entre los fanáticos nombres como Czibor, Kocsis y, especialmente, Ferenc Puskas. Eran las figuras de una selección dirigida por Gustav Sebes, en la que se aunaban potencia física, velocidad y talento. Jugaban bien, rápido y tácticamente era una escuadra muy innovadora, de hecho, ya en ese entonces los magiares usaban el falso 9.
En 1953, cuando golearon a los inventores del fútbol, se estaban preparando para el mundial de 1954, que deberían haber ganado. Sin embargo, se toparon en la final con Alemania y los teutones confirmaron la máxima que décadas después inventaría el gran Gary Lineker: “El fútbol se juega once contra once y siempre ganan los alemanes”.
Se lo hicieron a Holanda el 74 y antes a Hungría el 54. Esa selección húngara iba a tener su revancha en 1958, pero la invasión rusa en 1956 hizo que esas grandes figuras tuvieran que irse exiliados a Italia, España y otros países, obligados a despedirse de su selección.
En la primera mitad del siglo XX en Europa, el fútbol completaba su transformación: de ser una competencia entre dos pueblos por llevar un cuero inflado de la plaza propia a la contraria, a un deporte reglamentado y que evolucionó hacia un sistema en el que se combinan el esfuerzo físico, la técnica y la inteligencia táctica. Ya fueran los húngaros o los ingleses, se comenzaba a reconocer que en la asociación entre los jugadores estaba la base del éxito.
La gran fábrica de jugadores expertos en el Sistema Posicional es el Barcelona. En la Masía, el centro de formación del equipo catalán, se enseña a los niños a jugar de esta forma. El director de metodología de los culé , Paco Seirulo, ha explicado lo importante que es enseñar esta filosofía de juego en la edad más temprana posible, cuando las neuronas espejo absorben más rápido el aprendizaje por imitación: “Si tú ves que todos los jugadores de tu equipo, cuando cogen el balón, le dan un patadón hacia arriba, pensarás que jugar al fútbol es mandar el balón hacia arriba mediante patadones. Pero si ves que tus compañeros se giran y conducen el balón y dan dos o tres toques o se pasan la pelota entre ellos, como esperando a ver qué pasa, entonces pensarás que no hay que dar patadas hacia arriba, sino que hay que conducir dos o tres metros, fijar y pasarle la pelota a uno que tenga la camiseta del mismo color que la tuya. Y si seguimos progresando por ese camino, cuando ves a uno que se coloca en un determinado espacio para atraer jugadores para que tú tengas oportunidad de jugar con él y le devolvemos el balón, entonces tú percibes que tienes un espacio más amplio que favorece tu actuación y avanzas en el aprendizaje. Y mientras se van ejecutando intermediaciones de juego, que son intermediaciones relacionales, aparecen conceptos distintos del juego y, claro está, son conceptos enriquecedores”.
Lograr esto no es fácil y requiere que toda la institución esté volcada hacia esta meta. Por eso hay pocos equipos en el mundo que lo han logrado. No se trata necesariamente de tener los mejores jugadores, sino de tener jugadores que sean capaces de jugar así. Por eso el mejor camino es formarlos y después entrenarlos y entrenarlos una y otra y otra vez. El mismo Guardiola lo dijo: “Lo que no se entrena se olvida”.
¿Y por qué optar por este tipo de fútbol en vez de otro quizás más directo y simple en apariencia? La respuesta es muy simple: es más probable ganar así. El mismo Guardiola lo explica: “Si nosotros controlamos el juego, lo más probable es que pase lo que queremos que ocurra”. Pero ojo, eso no debe confundirse con tocar y tocar para el lado porque sí, el llamado tiquitaca , concepto que Pep en persona calificó como “una mierda, un sucedáneo, pasarse el balón por pasárselo (…) el toque debe ser con intención, con la intención de buscar el gol”.
En el Barcelona los niños practican esta forma de jugar desde que tienen once o doce años, por lo que lo conocen de memoria cuando llegan al primer equipo. Los que lo sufren son los rivales y también las estrellas que llegan a reforzar a “los culé”. Hay casos famosos como el de Zlatan Ibrahimović, que no logró adaptarse a este juego y chocó constantemente con su DT, pero otros que resultan especialmente reveladores, como el del ucraniano Dimitry Chygrynskiy, defensa central zurdo que encandiló a Guardiola, quien, por ende, pidió ficharlo.
Chygrynskiy duró una sola temporada en Cataluña. Jugó catorce encuentros con la camiseta blaugrana durante la campaña 2009/2010 y rápidamente volvió al Shakthar Donestk por diez millones de euros, menos de la mitad que los 25 millones de euros que el Barcelona pagó por él.
El mismo Tierry Henry, uno de los que sí logró adaptarse al juego de los catalanes, cuenta que Chygrynskiy comenzó a cavar su tumba en un partido contra el Osasuna. En el primer tiempo el ucraniano jugó dos veces el balón largo, buscando habilitar a Ibrahimović en delantera. La instrucción de Guardiola había sido que el juego del Barcelona debía pasar, sí o sí, entre el lateral derecho y el volante central de los rivales, ya que ahí se podían generar espacios para los mediocampistas ofensivos y delanteros. Pero Chygrynskiy vio a Zlatan bien ubicado y no dudó en saltarse el mediocampo.
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