—¡Ves! ¡Ves! ¿A que es guapísimo?
Yo, sin creerme nada de lo que estaba pasando, contesté horrorizada, apenas sin aliento:
—Sí…
Acto seguido, Lissa emitió un ligero grito de alegría mientras daba pequeñas palmaditas; yo, en cambio, seguía observando a Theo con cara de desesperación.
Cuando llegamos a la clase, tomamos asiento casi al final de ella juntas obviamente, y el profesor Tom, comenzó a explicarnos cómo se iba a organizar el curso.
—Bien, chicos, como ya sabéis yo voy a ser vuestro tutor este curso. Todas las clases se impartirán en este aula con estos mismos compañeros, salvo las que voy a nombrar ahora. La de educación física, será en el gimnasio y estaréis todos. La de informática, será en la sala de ordenadores de la planta superior y solo estaréis los alumnos que la hayáis elegido. Y, por último, francés, que los que la hayáis cogido, iréis a la clase de 1.ºB. ¿Entendido? —terminó de explicar Tom y todos asentimos.
Las horas se me pasaron rápido, pues ese día, al ser el primero, habíamos entrado más tarde y teníamos menos clases. Además, los profesores dedicaban su hora a presentarse y explicarnos un poco su manera de evaluar durante este curso. Sin embargo, no pude enterarme bien de lo que estos explicaron, pues no paré de darle vueltas al tema de Theo. ¿En serio tenía que ser un chulito engreído? ¿Ese chulito engreído? No quería tener problemas con Liss por su culpa, y él parecía que me iba persiguiendo por el instituto, me pregunté si podría haber evitado todo esto si no lo hubiese mirado en la secretaría.
Me levanté de la cama de un golpe y cogí corriendo el teléfono. Tenía cinco llamadas perdidas de Liss. Sin darme cuenta, había pasado del despertador y me había quedado dormida. Eran ya las nueve y media, me había saltado la primera hora y la mitad de la segunda. Me vestí, e inmediatamente, salí de mi casa para coger el autobús, estaba superagobiada, nunca me había pasado esto antes. En cuanto bajé de la parada, fui corriendo hasta la puerta del colegio y, una vez que entré, casi sin darme cuenta, me choqué con alguien, tropecé y me caí al suelo.
—¿Tú otra vez? —preguntó una voz grave en un tono chulo.
Me giré de un sobresalto y pude contemplar el rostro de Theo. No me lo podía creer, ¡siempre acababa chocando con él!
—¿No será que tú siempre estás en medio? —me chuleé esta vez yo.
—Más bien que tú quieres que esté en medio —contestó enfatizando la palabra «tú».
—¿Cómo? ¿Qué quieres decir? —pregunté un tanto confundida.
—Que te chocas conmigo aposta solo para hablarme. Podrías pedirme el teléfono como hacen todas, ¿sabes? —volvió a chulearse.
Solté una breve risa y contesté:
—No, gracias, ya tengo suficiente con tener que soportarte en los pasillos.
—Ohh, qué pena. Pues tengo una mala noticia para ti, estás conmigo en clase de francés —añadió.
—¡¿Qué?! —pregunté sorprendida.
—Sí, y por cierto, no está bien saltarse las clases, como la de francés —bromeó.
¡Claro! Por eso sabía que estaba con él, habrían pasado lista y pudo escuchar mi nombre. De hecho, ahora que lo recordaba, tenía francés con los de 1.ºB, él sería de esa clase. Tras ese pensamiento interno le repliqué:
—Mira, por si no lo has notado, odio a los chulitos, es decir, a ti.
—Vaya, me tienes impresionado. Seguro que eres de esas a las que les gusta que los chicos le abran la puerta del coche y esas tonterías —insinuó.
—Bueno, puede ser, qué pena que nunca lo descubras —le restregué.
Él se quedó patidifuso mientras me soltaba una leve sonrisa con esa cara de chulo que llevaba siempre pintada en el rostro. ¡Arg! Es que me daba tanta rabia, ¡siempre estaba metido en todo! Sonó el timbre que indicaba que la clase que me estaba perdiendo había terminado, miré el horario y descubrí que me tocaba informática, así que me dirigí al aula que nos había nombrado mi tutor el día anterior.
Una vez llegué allí, pude divisar a Lissa sentada enfrente del ordenador del fondo.
—¡Gaby! —exclamó preocupada—. ¿Qué te ha pasado? —añadió.
—Nada importante, solo me he quedado dormida —aclaré.
—Menos mal, estaba muy preocupada —contestó aliviada.
Le dediqué una sonrisa y volví a formular otra pregunta:
—¿Qué hay que hacer?
—Pues tenemos que ponernos por parejas y hacer un Excel con los datos que nos acaba de dar el profesor como prueba inicial —me explicó.
—Vale, ¿tienes ya pareja? —me interesé.
—Sí, tú —dijo mientras soltaba una sonrisa.
Ambas nos dirigimos a donde estaba sentada Liss anteriormente y comenzamos con la prueba del Excel, tampoco era muy complicada, solo teníamos que meter los títulos, los números y alguna que otra fórmula para que estos sumasen solos.
Cuando la clase terminó, tocaba el recreo. Liss y yo bajamos las escaleras y salimos a la calle, pues en bachillerato podíamos salir fuera siempre y cuando estuviésemos autorizados por nuestros padres. Ambas nos dirigimos al banco de la acera de enfrente, donde estaban sentados los amigos de Lissa.
—¡Hola! —exclamaron todos al unísono cuando llegamos.
—¿Tu eres la nueva, no? —preguntó un niño rubio que iba vestido entero de marca y sostenía un IPhone XR.
—Sí, me llamo Gabriella. Aunque prefiero que me llamen Gaby —contesté.
—¡Ay, qué mona! —añadió una niña también rubia con los ojos azules.
—Bueno, te digo los nombres de todos. Ellos son Daniel, Jéssica y Abbie. —Me los presentó Lissa.
—Encantada —añadí con una sonrisa.
—Dios, no sé qué hacer con Nick —dijo un tanto preocupado Daniel, el mismo que vestía tan bien.
—¿Por qué? —preguntó preocupada Abbie.
—¿Qué ha pasado? —añadió Liss.
—Yo qué sé, nenas, está muy raro conmigo. En plan está superborde y hablamos ya poquísimo —se explicó Daniel.
—¿Es tu novio? —pregunté interesada.
—Sí —contestó él decaído.
—¿Cuánto lleváis ya? —preguntó Jéssica, la que anteriormente me había llamado mona.
—Seis meses —contestó Daniel.
—Jolín, es que lleváis ya bastante —se compadeció Lissa.
—Ya, si sigue así al final lo voy a tener que dejar, porque al final, el que lo pasa mal soy yo —nos contó él.
—Pues sí, es lo mejor —le di la razón.
Tras un rato de charla sobre distintos temas, me hice amiga de este grupo, que a decir verdad eran todos supersimpáticos y me transmitían mucha confianza. Después, entramos de nuevo en el centro y proseguimos con las clases, esta vez, tocaba matemáticas. Posteriormente, tuvimos religión, seguida de esta, inglés y, finalmente, salimos para irnos a nuestras casas.
—Dios, estoy harta de hacer pruebas iniciales —exclamó Liss sentada en la parada del autobús.
—Pues ya, y todavía nos quedan las de las asignaturas que no hemos tenido —le recordé.
—Puf, qué pereza —dijo Lissa decaída.
—Pues sí. Oye, ¿exactamente por qué te gusta Theo? —pregunté para poder entender aquella extraña razón, ya que era el niño más engreído que había conocido en toda mi vida.
—Porque antes estaba en mi clase y siempre hacía comentarios graciosos, por lo que las clases eran más divertidas, además, ¡es guapísimo! No me digas que no, ¡eh! —se explicó.
—Bueno, tampoco es para tanto —le repliqué.
—¿Que no? Cómo se nota que todavía no lo conoces lo suficiente para ver su verdadero encanto —siguió hablando.
«Créeme que sé perfectamente el encanto tan bonito que tiene» dije irónicamente en mi cabeza.
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