—Pero soy más alto, ¿no? —contestó esta vez en un tono más serio mientras que entornaba sus ojos.
No me dio tiempo a contestar, simplemente él pasó por mi lado golpeándome ligeramente con el hombro y continuó su camino como si nada hubiera pasado. No podía creer lo chulo y presumido que era, ¿quién se creía? ¿El más guapo del colegio? ¡Uf! Es que nunca he soportado a estos chicos tan engreídos, y encima este parecía que iba buscándome las cosquillas.
De esta manera, continué yo mi camino y, no sé cómo, pero conseguí dar con el auditorio de una vez por todas. Entré y divisé a lo lejos a Lissa, que tenía un sitio libre justo a su lado, tal y como ella había dicho. Me senté junto a ella y me dispuse a escuchar lo que la profesora que estaba subida en el escenario estaba explicando. Tras pasar un par de minutos, me di cuenta de que era la profesora que anteriormente le había echado la bronca a aquel chico tan arrogante.
—De todas formas, cualquier duda que tengáis nos la podéis preguntar o al director Miracle o a mí —explicaba ella.
En ese momento encajé ambas situaciones, ella era la jefa de estudios, por eso se había encargado también del otro asunto.
—Qué pesada es, dice lo mismo todos los años —anunció Lissa con un tono cansino.
—¿Después de esto qué hacemos? —pregunté intrigada.
—Vamos a las clases para que nuestros profesores nos expliquen cómo vamos a organizar el curso —me explicó Lissa.
—Vale, gracias —contesté.
—Y ya está chicos, eso es todo. Fuera están las listas para que veáis en qué clase os ha tocado —finalizó la profesora.
De repente todo el mundo se puso de pie y salieron corriendo hacia la puerta del auditorio; yo, sin embargo, al igual que mi amiga, permanecí sentada esperando a que el barullo de gente se calmara, aunque solo fuera un poco.
—¿Nos habrá tocado juntas? —se preguntaba Lissa.
—Eso espero —añadí un tanto preocupada.
Lissa notó en mi voz que estaba un poco estresada, me conocía demasiado bien, así que me frotó la espalda con la mano y dijo:
—Seguro que sí, y si no es así, seguro que te adaptas, ya lo verás.
Yo le regalé una sonrisa esperanzadora con tal de que sintiera que su frase había surgido efecto en mí, pero no fue así, estaba demasiado asustada como para calmarme con la típica frase de Liss, siempre lo conseguía, pero esta vez era diferente.
—¿Vamos ya? —preguntó Lissa.
—Sí, por favor —dije en tono de desesperación.
Cuando atravesamos la puerta del auditorio vimos a miles de niños dándose empujones unos a otros para poder ver las listas. Unos gritaban de alegría, otros lloraban decepcionados y otros, simplemente les daba igual. Estábamos intentando llegar a la pared donde estaban las listas colgadas, cuando Lissa y yo fuimos separadas por un grupo de gente, ella se acercó más a la dichosa lista, pero yo salí disparada fuera del mogollón cayéndome al suelo.
—Le has cogido cariño al suelo, ¿no? —me preguntó alguien entre risas.
—¿Sí? Pues tú le vas a coger cariño a mi... —intenté contestar.
No me dio tiempo a terminar la frase porque vi delante de mí al chico de la secretaría, ¡otra vez! Ni que me estuviera persiguiendo.
—¿Que le cogeré cariño a tu qué? —preguntó él sonriente.
Entorné los ojos y negué con la cabeza mientras resoplaba, entonces él volvió a reírse. Dadas las circunstancias, simplemente me crucé de brazos y me di la vuelta para intentar volver a entrar en el barullo de gente.
—¿A dónde crees que vas, pequeñaja? Te aplastarán como a los ratones —se chuleó.
—¡No me llames pequeñaja! —contesté sin ni siquiera mirarlo.
—Vale, Gabriella —contestó burlándose.
En ese momento paré de andar y tomé aire asombrada. ¿Cómo sabía mi nombre? ¿Me habría estado espiando? Esto empezaba a hacerse de lo más raro, yo no sabía siquiera quién era ese chico, y él parecía conocerme perfectamente.
—¿Cómo diantres sabes mi nombre? —le pregunté mientras me giraba de nuevo.
—Vaya, ya no pareces tan enfadada, Edevane. —Se rio.
—Te he hecho una pregunta, ¿que cómo lo sabes? —repetí con más bordería.
—Lo ha dicho la secretaria en el despacho, tampoco hay que ser tonto —confesó.
—¿Eres tú muy listillo, no? —dije irónicamente.
—Eso dicen —contestó guiñándome un ojo.
A continuación, puse los ojos en blanco y me dirigí de nuevo al mogollón de gente para buscar a mi amiga, pero justo entonces pasó un niño corriendo delante mía que hizo que perdiera el equilibrio, cayendo así hacia atrás. No sé cómo, pero el caso es que acabé sobre los brazos de aquel chico tan curioso.
—Te dije que te aplastarían —balbuceó él.
Yo estaba en estado de shock , así que mi única reacción fue girarme, quedándome así agarrada a los musculosos brazos de aquel niño que me sostenía por la cintura a tan solo unos centímetros de su rostro.
—Hola de nuevo —dijo dedicándome una sonrisa, mientras me miraba directamente a los ojos.
Vergonzosa, aparté mi cuerpo del suyo y miré hacia el suelo con la esperanza de poder enterrarme en él.
—¿Lo vas a intentar otra vez o te has rendido ya? —continuó burlándose él.
—¿Vas a seguir intentando hacerme estallar o te has rendido ya? —le contesté.
Posteriormente le dediqué la sonrisa más falsa que pude y una cara de asco mientras que ponía los ojos en blanco, este se rio.
—Creo que voy a seguir intentándolo —añadió con malicia.
—Bien —dije asintiendo con la cabeza.
Una vez recuperada mi postura original, intenté meterme entre la gente de nuevo, pero justo entonces Lissa salió de ahí.
—¡Liss! —exclamé.
—¡Estamos en la misma clase! —dijo sin saludarme siquiera.
En ese momento ambas empezamos a gritar y, posteriormente, nos dimos un fuerte abrazo.
—Bueno, no en todas las clases —especificó.
—¡¿Por qué?! —me extrañé.
—Por las optativas —me explicó.
—Ah, es verdad —dije llevándome la mano a la cabeza.
Justo entonces, Lissa se echó a reír, es que soy tan despistada, y en estos días más aún, me entra el agobio y me quedo pensando en todas las catástrofes que me pueden ocurrir o todo lo que he hecho mal, no hay quien pare a mi cabeza.
—Bueno, ¿qué? ¿Subimos ya a nuestra clase o no? —sugirió Lissa.
—Vale —asentí.
Las dos nos dirigimos a las escaleras, estaba todo el mundo ya subiendo a sus correspondientes aulas y se había formado de nuevo el pelotón de gente. Íbamos subiendo por las escaleras, cuando me tropecé y casi me como a la chica que había delante mía, menos mal que estaba Liss para cogerme. A veces me pregunto, ¿por qué soy tan torpe?
—¡Gaby! —exclamó de repente Lissa emocionada.
—¿Qué? —pregunté.
—¡Es él! ¡Es él! —exclamó entusiasmada.
En ese momento supe que se trataba de Theo, estaba tan obsesionada con él que esta reacción me parecía completamente normal, aunque igual otra persona lo vería una exageración.
—¿Dónde? —pregunté ansiosa por conocer al famosísimo Theo.
—¡Ahí! ¡Ahí! ¡Ahí! ¡Ahí! —Señalaba hacia delante descaradamente.
—¿Cuál de todos? —pregunté.
Había tanta gente que no sabía a quién se estaba refiriendo.
—El de la sudadera de Adidas negra, el que es moreno y guapísimo —dijo mordiéndose el labio inferior para exagerarlo aún más.
Cuando conseguí parar de mirar la cara de desesperación tan graciosa que había puesto Lissa, miré arriba para averiguar quién era el tal Theo, pero cuando me di cuenta, mis ojos no podían creer lo que estaban viendo, ¡era el chico de la secretaría! Ese chulito engreído que tanto me ponía de los nervios. Mi cara de sorpresa fue tan obvia y exagerada que Liss se pensó que era por lo guapo que era y dijo:
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