En cuanto al plan de la obra, propondremos en las páginas que siguen, una conceptualización acerca del hombre y de lo que entendemos por pensamiento crítico y reflexivo en el primer capítulo; un breve recorrido por las escuelas y corrientes historiográficas más importantes de los siglos XIX y XX en el segundo, que hará posible que definamos nuestra postura epistemológica en el capítulo tres. El cuarto capítulo estará destinado al análisis del ámbito de la posmodernidad como realidad presente que genera desafíos inéditos a la educación secundaria; y finalmente, indagaremos en las propuestas pedagógicas que se desprenden de los documentos del Ministerio de Cultura y Educación de la Nación, referidos a la transformación educativa en el capítulo cinco. El sexto y último, estará destinado al análisis de los documentos oficiales y a la enunciación de algunos lineamientos que sirvan como propuestas para, en el marco de la transformación educativa que se pretende, mejorar las prácticas educativas y profundizar en los docentes una actitud permanente de revisión crítica y de reflexión acerca de sus prácticas y de los supuestos que las motivan.
Este trabajo es producto de una investigación que desarrollamos para elaborar nuestra tesis de doctorado, y sin dudas, no hubiera sido posible concretarlo, a pesar de nuestro interés y esfuerzos, sin la ayuda, desinteresada y generosa de muchas personas, y a todas ellas debo mi más profundo agradecimiento.
En primer lugar a mi esposo y a mis hijos, que se hicieron parte de este proyecto de investigación, sacrificando tiempos y haciéndose eco de los avances y las dificultades. A mis padres, por su apoyo incondicional, las lecturas de los primeros borradores y de la versión final.
A mis colegas docentes de la escuela media y a mis alumnos, que han aportado, durante veinte años sus experiencias y su riqueza personal, que resultan el nudo de la propuesta. De todos ellos he recibido provechosas enseñanzas a lo largo de los años.
Al Dr. Enrique Bambozzi, quien orientó el trabajo, comprendió la idea original y me ayudó en el intento de darle forma y al Dr. Carlos Cantero, que acompañó instancias decisivas. A mis compañeros del Doctorado en Educación, especialmente a María Clara Supisiche y a Cristina Raselli y Gustavo Farabollini, por el aliento sostenido y entusiasta.
A todos, muchas gracias.
1Hablamos de hombre en el sentido genérico de ser humano.
2Ello se debe a nuestro convencimiento en relación a las cuestiones que proponemos.
ENSEÑAR HISTORIA..., ENSEÑAR A PENSAR...
Los desafíos de la educación en la escuela secundaria
CAPÍTULO I
Acerca del pensamiento crítico y reflexivo
La reflexión pedagógica y las precisiones en torno a las condiciones del pensar humano, requieren previamente de un marco antropológico, que proporcione los lineamientos y garantice la coherencia de los planteos pedagógicos. La concepción del hombre como persona constituye la perspectiva antropológica que sustenta nuestra propuesta. Conviene entonces, comenzar por abordar la persona humana y sus dimensiones.
Algunas precisiones sobre la persona humana
Delinear algunos rasgos de la persona humana hará favorecer la comprensión acerca de la integralidad y complejidad del planteo epistemológico y pedagógico que ofrecemos. De esta manera será posible, además, anclar la reflexión.
Intentar definir a la persona humana, resulta una tarea compleja, resulta imposible sintetizar la complejidad de la persona en una frase. Se trata entonces, de aproximarnos a una conceptualización a partir de la consideración de sus rasgos más relevantes. Una primera apreciación es el carácter esencial de la condición de persona, que, no se trata de un atributo agregado a la condición humana, sino constitutivo de la misma, independientemente de las decisiones personales, o de las circunstancias de la vida de cada uno. Esta esencia está dada por la determinación de sentido.
Así dirá Romano Guardini: «... el hombre del que en cada caso se trata se sitúa ante el todo. Pero ello no de la forma en que para un animal su subsistencia es lo único y todo, sino de una manera “más decisiva”. El hombre sabe que no está impulsado a este enfrentamiento por la propia conservación del ser vivo, ni capacitado para ella por sus fuerzas superiores, sino que una determinación de sentido le autoriza, más aún le obliga a este enfrentamiento. Esta determinación de sentido es tal, que subsiste a través de todas las diversidades de las cualidades y de la situación y que sobrevive a todas las perturbaciones y falsificaciones. Esta determinación de sentido subsiste, aun cuando el hombre se ponga enfermo, se haga torpe o malvado; también cuando el hombre lo olvide, u obre contra ella o no quiera saber nada de ella. Esta determinación de sentido es designada por nosotros como PERSONA.» (1967; p. 159).
Es el sentido de la propia existencia una dimensión de lo propiamente humano y define la actitud del hombre ante la vida, ante el mundo y ante los demás hombres. Es el ser humano el que dota de sentido a las cosas, pero además, su vida es una permanente búsqueda de sentido. Y si la vida humana implica la búsqueda de sentido, esto significa que existe un para qué vivir, una dirección que moviliza la existencia.
¿Cuáles son los rasgos que caracterizan a la persona humana? Ramón Lucas Lucas afirma que: «El punto central de esta “posición antropológica” es que el hombre es un ser en el que se hace patente la espiritualidad no sólo en su inteligencia y voluntad, sino también en su cuerpo. Su insuficiencia biológica requiere, por una parte, la presencia del espíritu para poder sobrevivir; por la otra, la permite, porque la carencia de determinación instintiva hace espacio al pensamiento y a la libertad.» (2008; p. 121). Constatamos a partir de esta expresión un rasgo particular de la persona humana, que es la preeminencia del espíritu y de facultades específicamente humanas como son el pensamiento y la libertad en calidad de distintivos del actuar humano. El debilitamiento de lo instintivo, sumado a la condición de ser con otros que define al hombre, nos abren a otra dimensión de lo humano.
Así, agrega el mismo autor: «La libertad es un don constitutivo y distintivo del hombre. Sin embargo, no es sólo un dato, sino también una tarea que se realiza a través del tiempo. El hombre, como espíritu encarnado, es un ser en el mundo, y el ejercicio de su libertad se inserta en la dimensión histórico–cultural de la existencia humana, que puede calificarse como “historicidad humana”. No es posible definir la historicidad sin referencia a la historia; por otra parte, tampoco es posible hablar de historia humana sin referirse a la cultura, es decir, a la historicidad del hombre.» (Idem; p. 183).
En este sentido, conviene hacer alguna precisión, antes de proseguir: asumimos que «Persona es el ser conformado, interiorizado, espiritual y creador, siempre que —con las limitaciones de que todavía hablaremos— esté en sí mismo y disponga de sí mismo» (1967; p. 179), de acuerdo a la expresión de Guardini; y asumimos también que el hombre define su ser humano en la relación Yo–Tú, tal como lo propone Martin Buber: «La palabra primordial Yo–Tú establece el mundo de la relación.» (1994; p. 9). A continuación define el autor tres esferas en las que surge el mundo de la relación: La primera esfera es la de la vida con la naturaleza, la segunda es la de la vida con los hombres y la tercera es la comunicación con las formas inteligibles. Nos interesa exponer su conceptuación acerca de la segunda esfera, la que refiere a la relación interpersonal: «La segunda esfera es la vida con los hombres. La relación es allí manifiesta y adopta la forma del lenguaje. Allí podemos dar y aceptar el Tú.» (Idem; p. 9).
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