De manera refleja, los cronistas también se interrogan sobre su propio rol en la percepción y presentación del juicio. Deontológicamente, se plantea la cuestión del respeto a la presunción de inocencia en el modo en que la prensa presenta al acusado ( Le Monde , 9 de abril de 1961). Epistémicamente, al no poder determinar si uno de los Eichmann judiciales es el Eichmann histórico (eso sería función del historiador), convenía, al menos, dar cuenta de su pluralidad, de su evolución, y no confundir impresión con explicación ( Le Monde , 13 de mayo; Témoignage Chrétien , 21 de julio).
Al hacerlo, las crónicas judiciales dan forma a un género filosófico sumamente moderno. Superan y desplazan el género clásico de las teodiceas metafísicas que se ocupan de la responsabilidad del mal en el mundo, mal que suelen concebir como una alternativa entre el ser y el no-ser que el filósofo debería revelar más allá de las apariencias del mundo. Las crónicas, por el contrario, toman gran distancia de esas esencializaciones del mal, cuya constitución develan por nuestras expectativas o a través de una dramaturgia judicial. Considerar esas crónicas desde el ángulo filosófico no implica ponerlas a la sombra de Eichmann en Jerusalén . La comparación, en ese caso, sería desfavorable para Arendt, ciega al surgimiento de “la era del testigo” (Annette Wieviorka) y a sus propias emociones, crédula frente a la defensa de Eichmann e inconscientemente tributaria, con la banalidad del mal, de una concepción del mal como un no-ser heredado de las teodiceas73. Las crónicas no son tampoco una recuperación, más consciente y dominada, de ese legado; los filósofos se ponían solamente en el rol de abogados o de jueces, desdeñando la pluralidad de los roles judiciales, como los oficiales de justicia, los peritos expertos, los testigos víctimas o hasta el traductor. Por el contrario, atentas a la fenomenología del proceso, a sus reglas, a sus múltiples dimensiones y a su temporalidad, las crónicas exploran otras vías filosóficas: un recorrido escéptico de distinción entre apariencia y realidad o una fenomenología en la que el proceso no tiene otro ser que su desarrollo, vale decir, un subjetivismo de nuestras emociones. De ese modo, las crónicas ponen en práctica un lenguaje cuya profundidad filosófica aún debe ser explorada.
59Isabelle Delpla es profesora de Filosofía de la Universidad Jean Moulin-Lyon 3 y miembro del Instituto de Investigaciones Filosóficas de Lyon.
60Durante el transcurso del proceso, Théolleyre sería reemplazado por André Scemama, corresponsal permanente de Le Monde en Jerusalén.
61Sobre la historia de la crónica judicial, véase Sylvie Humbert y Denis Salas (dir.), La Chronique judiciaire. Mille ans d’histoire , AFHJ, La Documentation française, 2010.
62Haïm Gouri, Face à la cage de verre. Le procès Eichmann , Jérusalem, 1961 , Paris, Éditions Tirésias, 1995; Hannah Arendt, op. cit . Para una comparación entre ambos abordajes, véase Anita Shapira, “Hannah Arendt et Haïm Gouri : deux perceptions du procès Eichmann”, Revue d’histoire de la Shoah , no. 182, 2005, p. 301-323.
63Véase el artículo de Michelle-Irène Brudny, en la p. 251 del presente volumen .
64Para una comparación entre los abordajes de Arendt, Poliakov, Gouri, Kessel y Joffroy, véase Isabelle Delpla , Le Mal en procès, Eichmann et les théodicées modernes , París, Hermann, 2011, en especial, el capítulo tres.
65Frédéric Pottecher, Grands procès, Powers, Adams, Eichmann , París, Arthaud, 1964.
66Las crónicas de Kessel aparecieron primero en el volumen titulado Terre d’amour et de feu (Israël 1925-1961) , Paris, Plon, 1965. Luego fueron incorporadas a Joseph Kessel, Jugements derniers. Les Procès Pétain, de Nuremberg et Eichmann , París, Tallandier, colección Texto, 2008.
67He utilizado las recopilaciones antes citadas y el archivo de la Biblioteca de Ciencias Políticas de París. Véase Voir Annette Wieviorka, Eichmann : de la traque au procès , Paris, André Versaille, 2011; Francis Zamponi, “Les grands correspondants de presse du procès de Nuremberg à celui d’Eichmann”, que puede consultarse en http://www.franciszamponi.fr/oeuvres/Nuremberg-medias.pdf. Para Alemania, véase Peter Krause, Der Eichmann-Prozess in der deutschen Presse , Francfort-sur-le-Main y New York, Campus, 2002.
68Para una visión más matizada, véase Gilbert Achcar, Eichmann au Caire et autres essais , Arles, Actes Sud, 2012.
69Sobre Jean-Marc Théolleyre y su derrotero, véase Jean-Paul Jean, “Jean-Marc Théolleyre, l’observateur engagé (1945-1965)”, en La Chronique judiciaire. Mille ans d’histoire , op. cit.
70 Op. cit .
71Harry Mulisch, L’Affaire , París, Gallimard, col. Arcades, 2003.
72Junto con otros detenidos, a Léon Wells le ordenaron cavar fosas comunes, apilar los cuerpos, quemarlos, moler los huesos… Un “contador” verificaba en una lista si todos habían sido bien quemados: “Un día, participé de la apertura de una fosa de la que desenterramos ciento ochenta y un cuerpos, y teníamos que buscar el último cuerpo, el ciento ochenta y dos, que faltaba en el conteo. Y ese cuerpo que faltaba, al parecer, era mi cuerpo”.
73Véase mi libro Le Mal en procès , op cit.
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