10. Yo estoy de acuerdo. El diablo podría ser una fuerza que ha creado la humanidad: la fuerza del mal. Pensamos negativamente, pecamos y eso lo transmitimos y contagiamos. Si no pensáramos negativamente ni pecaríamos, ni habría diablo.
Mario : En favor de ustedes está todo un grupo de cristianos actuales; toda una corriente que niega la existencia del diablo, y dice que lo que llamamos diablo no es sino el egoísmo humano proyectado fuera del mundo en forma de divisiones, pleitos y guerras; que es algo que está dentro de nosotros, y que somos nosotros los que hemos echado a perder la Creación divina tan bella y llena de bondad. Es una corriente que expuse y que ya tuvo su despedida del diablo.
A mí, personalmente —como a otros muchos—, me parece que no podemos olvidar los textos del Nuevo Testamento en que se menciona al diablo como adversario, poderoso, tentador, enemigo, padre de la mentira, príncipe de este mundo. Difícilmente podríamos concluir que estos textos se refieran sólo al egoísmo humano, o sean un símbolo del mismo. Y sigue siendo doctrina de la Iglesia que se trata de un ser con las características indicadas.
11. ¿Qué opina usted de la corriente que dice que el diablo es un Anti–Dios? De la misma manera que hay blanco y negro, materia y antimateria.
Mario : Es una tesis inadmisible. No podemos tratar este problema ahora, se comprenderá mejor en el capítulo “El problema del mal. Perspectiva filosófica”.
12. Si el mal no tuvo principio, ¿cómo fue vencido?
Mario : No estoy de acuerdo en que no haya tenido principio. Si no tuvo principio, entonces sería el Dios malo o el Dios del mal, que ha convivido en toda la eternidad con el Dios del bien; llegaríamos a concluir que hay dos Dioses, cosa inadmisible.
13. Parece claro que hay dos dioses o principios, el del bien y el del mal. La tradición de la Iglesia nos dice que el diablo no fue creado como diablo, sino como ángel, que se rebeló por su propia voluntad. Quisiera se me aclarara lo que dice el programa que anuncia los trabajos: “Por la fe aceptamos las verdades reveladas; con la razón reflexionamos sobre ellas”.
Lo que recibimos de la Sagrada Escritura y de la Tradición es el amor de Dios y la historia de la salvación por medio de Jesucristo. No recibimos la prueba ni la refutación directa de la existencia del diablo. San Juan en su Evangelio nos dice que si todo lo que hizo y dijo Jesús se escribiera, no cabrían los libros en el mundo. Entonces ¿hemos de reflexionar para encontrar lo que no viene expresamente en la Biblia?
Mario : Claro. Y siguen otros trabajos en los que se harán reflexiones sobre aspectos diversos.
14. Varias observaciones: a) Primero sobre una frase suya. Me pareció que decía que no se demostraba la existencia de Dios. Prescindiendo de las demostraciones que se han hecho, por ejemplo, desde san Agustín, santo Tomás y otros, y aun ya antes, desde Aristóteles, la Iglesia sí enseña que se demuestra la existencia de Dios: en el Vaticano i, y después otra vez en el Vaticano II.
b) En algunas intervenciones se ha hablado del demonio como si fuera o un Dios del mal o un semidiós. En el Magisterio de la Iglesia —al que usted dijo que se iba a atener— en concreto en el Concilio Lateranense IV, el cuadro está claro: Dios creó a los ángeles, creó lo invisible y lo visible; explícitamente se dice que creó a los ángeles.
En la Escritura misma —en la que usted se ha basado— se sabe que hubo lucha; se sabe lo que es el demonio. No lo queramos levantar a la categoría de un Dios, ni atribuirle todo lo malo, no hace falta cargarle tanto el gatillo.
c) En cuanto a si es persona o no: sin recurrir al libro de Enoc Etíope , lo que dice el Evangelio nos basta para ver que sí es una persona: Cristo no estaba haciendo estupideces cuando hablaba con él y él le respondía.
Jorge : Como coordinador insisto ante todo en la observación general que hice al principio: el tema es como una intrincada madeja, que conviene estudiar hilo por hilo —por cierto, al estilo de santo Tomás—, y no todos al mismo tiempo, para no enredarla más. El tema de hoy es Exégesis. Es natural que algunas personas hayan dejado el tema y hecho preguntas más bien de tipo filosófico, por ejemplo, si el diablo sería una especie de segundo principio. Tal problemática es el tema del capítulo titulado “El problema del mal. Perspectiva filosófica”. Naturalmente también se han hecho preguntas respecto del Magisterio de la Iglesia, que es el tema del cuarto capítulo. Digo naturalmente porque todos los temas están interrelacionados. Pero por método debemos atenernos ahora al tema de la Exégesis. Lo cual, dicho de pasada, no significa ningún desdén al Magisterio de la Iglesia, pues éste se sirve con agrado de la investigación de los exégetas.
Ya no como coordinador, sino como participante en esta sesión, quisiera aludir a esta intervención del Padre Rahaim. Me parece que se pasó de agudo, al dar una explicación llana de por qué el diablo es persona. No basta citar un texto bíblico, hay que saber interpretarlo. En la Biblia se dice también que los montes brincaron como carneros ante la gloria de Dios; ¿brincaron físicamente los montes?, ¿exactamente como carneros? Quizá la Palabra divina usa una metáfora para llevarnos a realidades más profundas que un fenómeno físico, por espectacular que pudiera ser. En la Liturgia de las Horas se lee con frecuencia el cántico de los tres jóvenes en el libro de Daniel: “Ballenas, ¡alaben al Señor! [...] sol y luna, estrellas, lluvia, rocío y escarcha, nubes y relámpago, ¡alaben al Señor!” (50) Todo ello es Palabra divina. Entonces, ¿o todos esos seres son personas, pues la alabanza a Dios supone un ser personal, o la Palabra divina dice cosas tontas?
Viniendo al diablo: leemos en la Sagrada Escritura que se le llama la serpiente antigua, se dice que anda como león rugiente buscando a quién devorar, que se le vio caer desde el cielo como un rayo. ¿Es rayo, león, serpiente?
Indudablemente la Biblia tiene un sentido literal que hay que respetar, pero aun ahí hay que dar atención a lo que puede ser metáfora. Es cuando interviene la exégesis para encontrar los sentidos más profundos. Considero que el trabajo de Mario ha sido la síntesis de muchos años de investigación, no sólo personal, sino de cabezas muy inteligentes de la Iglesia. Claro que el Magisterio —y no una simple broma— puede sobrevolar por encima de todas estas cabezas y declarar algo con propia fuerza. Pero esta noche estamos considerando precisamente el aspecto exegético. El capítulo IV tocará el tema del Magisterio.
Sobre la frase de Mario que sonó mal, que no se demuestra ni la existencia del diablo ni la no existencia, como tampoco se demuestra ni la existencia ni la no existencia de Dios. Es una frase lateral, y quizá no fue la más feliz. Pero me tomo la licencia de precisar: el Vaticano i define, en efecto, como dogma que la razón humana puede llegar a conocer a Dios a través de las creaturas, pero no por eso define como dogmas las aducidas pruebas de san Agustín, ni las de santo Tomás, ni mucho menos las de Aristóteles.
15. Al parecer se dan aquí dos corrientes. Una considera al diablo como un ente aparte. Otra, como parte de la esencia humana, según la cual tendríamos al mal en nosotros mismos; un mal al que debemos vencer. La Biblia es hermosa, algo maravilloso; sí, se vale muchas veces de la metáfora para darnos a conocer sus enseñanzas: se dice que las montañas brincan, y que las ballenas alaben a Dios. Entonces no creo que sea tan difícil ni incómodo negar la existencia del diablo como ente individual. ¿Será tal vez problema de interpretación? Para no nombrar todos los pecados se habría servido la Biblia de la palabra diablo, para englobar todos los males morales en un concepto dado.
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