Anne-Marie Pelletier - Una Iglesia de mujeres y varones

Здесь есть возможность читать онлайн «Anne-Marie Pelletier - Una Iglesia de mujeres y varones» — ознакомительный отрывок электронной книги совершенно бесплатно, а после прочтения отрывка купить полную версию. В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: unrecognised, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Una Iglesia de mujeres y varones: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Una Iglesia de mujeres y varones»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Aunque a lo largo de los últimos tiempos la Iglesia ha experimentado en su seno algunas modificaciones positivas en la relación entre varones y mujeres, no llega de modo manifiesto, en lo profundo de sus reflejos institucionales, a desprenderse de una misoginia visceral que desespera a muchas cristianas. La vida de la Iglesia continúa cargando un desprecio rampante sobre las mujeres. Como reverso de desconfianza y miedos, ese desprecio alimenta formas de violencia larvada, como esa condescendencia que, en la vida diaria, humilla a muchas mujeres en las parroquias o en la vida religiosa y que es causa de injusticias cuyo testimonio herido y púdico se empieza a recoger hoy de boca de cristianas de otros continentes, entregadas en cuerpo y alma a la obra de la caridad.

Una Iglesia de mujeres y varones — читать онлайн ознакомительный отрывок

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Una Iglesia de mujeres y varones», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Porque –y hay que atreverse a decirlo– lo que está en juego es toda una memoria femenina profundamente grabada en su mente: la de una larga historia asediada por el miedo, hecha de sumisión a un destino en el que la imposición de embarazos repetidos alienó la vida de generaciones de mujeres, haciendo, además, que, hasta el siglo XIX, dar vida a otro expusiera a perder la propia 10. Memoria de una inexorable sujeción del cuerpo de las mujeres a la sexualidad masculina. Memoria parasitada por la violencia y la humillación, y que hace que los eslóganes de un feminismo en rebelión, que proclama de manera algo simple: «Mi cuerpo me pertenece», no sean sino el reverso de la afirmación tácita de que el cuerpo de las mujeres tendría que estar a disposición de los varones. Imposible callar, por lo demás, lo que fue en países cristianos y durante siglos una obstetricia indigna, indiferente al sufrimiento de las parturientas y a la que se añadía –colmo de la perversión– la justificación pseudoteológica de la necesidad de dar a luz en el dolor, puesto que tal sería la voluntad divina expresada en Gn 3. Divagaciones de lecturas fundamentalistas, siempre prestas a resurgir. En el mismo sentido, no se olvidará, aunque puedan parecer hoy extravagantes, las reticencias de la autoridad eclesial cuando los progresos de la medicina permitieron en el siglo último aliviar al parto de su lote de dolores.

Así es esa memoria del cuerpo femenino –que sigue siendo la experiencia de millones de mujeres por todo el mundo– y que la aparición de una contracepción eficaz permitiría superar de golpe. No se disentirá de que este hecho trastoca profundamente equilibrios ancestrales e introduce perturbaciones allí donde existía la comodidad del conformismo. Pero ¿tendríamos que zafarnos del esfuerzo de inventar nuevas maneras de encontrarse varones y mujeres, de asumir la responsabilidad de transmitir la vida que nos atraviesa y nos obliga? En cualquier caso, la gravedad de estos problemas y simplemente su misma naturaleza exigen que la palabra de las mujeres pueda dejarse escuchar y ser reconocida en ellos, en lugar de ser confiscada por la de los varones, para colmo, célibes.

Añadamos que un día necesitaremos encontrar el medio de recontextualizar Humanae vitae en su tiempo inicial y en nuestro tiempo, lo que implicará escuchar por fin a las mujeres sobre el tema, al menos igual que a los varones. Recontextualizar el texto en su tiempo: porque la manera de tratar en ella la contracepción no deja de tener relación evidente con las políticas de control demográfico y de eugenismo que se practicaban en el mundo en los años sesenta del siglo pasado, en particular en China y la India, de modo insoportablemente liberticida y cuyas primeras víctimas eran las mujeres. Recontextualización igualmente en nuestro tiempo: la perspectiva del tiempo permite manifiestamente medir lo que comporta de amenaza de deshumanización la disyunción creciente de la sexualidad y la procreación, denunciada con vigor por el texto magisterial. En este sentido, este debe poder ejercer, sin duda, su capacidad de interrogar nuestras prácticas. Hay que añadir que la actualidad de Humanae vitae es también, de forma inesperada, la resonancia que el texto recibe de mujeres que se declaran hoy cada vez más preocupadas por una práctica más «ecológica» de la relación con su cuerpo, al que consideran haber agredido durante un tiempo largo y excesivo con una contracepción química. Lo que no implica, sin embargo, la renuncia a una contracepción eficaz. Porque está claro que este giro de comportamiento no debe nada –salvo marginalmente– a una atención que se le habría prestado de repente a la palabra del magisterio de la Iglesia. El recurso a la contracepción es irreversible. Lo que está en debate concierne a los medios. Pero, en este punto, la Iglesia podría desempeñar un papel esencial. No en forma de una consigna esgrimida como ley irrefutable, sino promoviendo una paternidad/maternidad capaz de discernimiento y responsabilidad, de modo especial en un mundo en el que los ofrecimientos de la ciencia en materia de procreación plantean problemas éticos crecientes.

De todos modos, la cita con la Iglesia falló en 1968. Y el foso no dejó de agrandarse mientras resonaba un discurso magisterial insistente apoyado –por no llamarlo penosamente indiscreto– en la vida de las parejas sobre la contracepción y una sexualidad que ya desde entonces se declinaba abiertamente en plural en nuestras culturas. Las mujeres experimentaron la amargura de su palabra confiscada y de su vida ignorada en virtud de grandes principios, algunos de los cuales eran indiscutiblemente sanos. Nadie percibió por entonces que la Iglesia podía educar en la responsabilidad personal y atreverse a generar confianza al esforzarse por iluminar las conciencias, antes de saber retirarse discretamente, como, por otra parte, invita a hacerlo ahora el papa Francisco cuando designa otras realidades en las que la misión espera a los cristianos. Esto no excluye, sin duda, un compromiso activo en los temibles debates antropológicos y bioéticos que se abren continuamente en nuestra actualidad y en los cuales una palabra no desacreditada de la Iglesia tendría un lugar muy útil 11.

b) La cuestión del sacerdocio ministerial

Segundo factor de desconcierto en la recepción del discurso magisterial preocupado por la dignidad las mujeres y la defensa de sus derechos: la preocupación paralela, y no menos insistente a lo largo de los años, por proteger la masculinidad del sacerdocio ministerial contra toda reivindicación de una ordenación de las mujeres. Aquí nos contentaremos con algunas indicaciones que remiten a volver sobre el tema en un capítulo próximo. Recordemos solo los textos que están explícitamente consagrados a este problema. Ya en 1972, el motu proprio «Ministeria quaedam» había tratado la tonsura, las órdenes menores y el subdiaconado, estipulando que ser instituido como lector y acólito, «conforme a la venerable tradición de la Iglesia, está reservado a los varones».

Posteriormente, y sobre todo en 1976, bajo Pablo VI, se publica la declaración Inter insigniores (Sobre la cuestión de la admisión de mujeres al sacerdocio ministerial). Tras un breve homenaje introductorio a las mujeres, que cita al papa Juan XXIII y la Constitución Gaudium et spes, el texto se centra en su verdadero propósito: explicar y justificar el rechazo de la Iglesia a admitir a las mujeres a la ordenación sacerdotal. Una argumentación minuciosa, que apela a la tradición y a las Escrituras, desemboca acto seguido en una exposición no menos meticulosa de la conveniencia de esta disposición con el sacramento del orden referido al misterio de Cristo y, a continuación, al de la Iglesia. La conclusión es clara: «[La Iglesia] no se siente autorizada a admitir a las mujeres a la ordenación sacerdotal», aunque invita a proseguir la reflexión. Dieciocho años más tarde, Juan Pablo II retoma de modo personal y resumido la sustancia de la Declaración precedente para establecer, en la carta apostólica Ordinatio sacerdotalis, una norma revestida de la autoridad de su magisterio ordinario (1994). Su texto pretende así reforzar en la línea de la infalibilidad el rechazo a ordenar mujeres: «Este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia» (n. 4).

La argumentación incorpora a partir de ese momento un desarrollo tomado de Mulieris dignitatem (1988) –que a su vez invoca el ejemplo de la Virgen María– a fin de responder a la objeción que consideraría que de este modo se discrimina a las mujeres. Esa larga cita deja claro el juego de referencias mutuas que se establece de aquí en adelante entre un registro y otro: el elogio de la mujer, que tiene como contrapartida el recurso insistente a la incompatibilidad de su identidad con el ejercicio del ministerio sacerdotal ordenado. Y esta vez se afirma perentoriamente que la cuestión está definitivamente cerrada, haciendo ilícita toda continuación del cuestionamiento. Por otra parte, hay que hacer notar que, en 1995, la Congregación para la Doctrina de la Fe, presentándose como Respuesta a la duda propuesta sobre la doctrina de la carta apostólica «Ordinatio sacerdotalis», irá más allá de la autoridad de esta última, declarando que la doctrina expuesta no se sitúa en el campo de una disposición disciplinaria, sino que pertenece propiamente al «depósito de la fe», y que requiere por ello «un asentimiento pleno y definitivo».

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Una Iglesia de mujeres y varones»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Una Iglesia de mujeres y varones» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Una Iglesia de mujeres y varones»

Обсуждение, отзывы о книге «Una Iglesia de mujeres y varones» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x