Entre el octavo y el undécimo verso se abre paso a una disquisición sobre el proceso de colonización, descrita absolutamente en términos de nostalgia. Por una parte, hay un nítido reconocimiento del sentido de pertenencia como inherente y constitutivo del ser –“Something we were withholding made us weak / Until we found out that it was ourselves / We were withholding from our land of living”–, como un cordón umbilical tan determinante y necesario que tiene el poder de identificar al sujeto ante sí mismo. Por otra parte, aparece en el undécimo verso – “And forthwith found salvation in surrender”– la reacción que se deriva del reconocimiento de las dificultades que entraña vivir desposeído de lo que se siente como inherente y propio. Según el poema, esa reacción se concreta por tanto en la renuncia a la condición debilitadora de saberse extranjero, lo cual requiere y se salda con el avance territorial y muchas guerras –“The deed of gift was many deeds of war”. Los dos últimos versos –“But still unstoried, artless, unenhanced, / Such as she was, such as she would become”– contemplan el avance de la colonización hacia el oeste como la oportunidad de hacer propio un territorio sin historia y sin arte, lo cual en rigor histórico no es verdad, puesto que contenía arraigada la impronta cultural de los nativos norteamericanos; si bien también es cierto que esa fue la perspectiva de los colonos, que es sobre lo que reflexiona este poema.
Los versos están hilvanados de principio a fin por un discurso de nostalgia. Sin embargo, se puede ver que no es nostalgia misma, aunque sí una reflexión profunda y sutil y también un relato de o sobre nostalgia, lo cual se refleja en el lenguaje y en la expresión. Por ejemplo, en el uso del yo colectivo –“we were”–, sobre el que se construye todo el poema; esa extensión pronominal no aparece nunca en los poemas que salen de una experiencia íntima y actual de nostalgia, no ocurre en la nostalgia en marcha, donde el yo poético necesita oír su propia voz como quien se debate en un diálogo interior o en una duda profunda. En “The Gift Outright”, a falta de la posibilidad de un yo tan personal, la voz poética crea uno colectivo, el nosotros presente en “The land was ours” / “we were the land’s”, lo cual es un modo –quizá el único, junto a su repetición, puesto que “we” y “ours” significan y se crecen en la reiteración– de hacer efectiva y patente mediante el lenguaje una realidad de pertenencia e inclusión respecto a una época y unos hechos históricos que no han podido ser ni vividos ni experimentados, sino heredados como relatos históricos y literarios sobre los que el poeta ha reflexionado. La misma función de acercamiento tiene la personalización del territorio – she, the land : “She was our land”, “She was ours”. Se crea así un mito nostálgico de pertenencia y también de sujeto colectivo que consigue diluir y en gran medida superar la barrera psicológica que ha impuesto el tiempo. Es la reflexión intelectual la que ha conseguido crear un relato que origina una emoción nostálgica, no a la inversa.
Sin embargo, la poesía de nostalgia tiene también una manifestación más esencial de muy distinta naturaleza, que no nace del pensamiento teórico, ni de una interpretación sobre la historia o el conocimiento del pasado, sino de una emoción nostálgica in situ , de una percepción sentimental directa de lo perdido o lo ausente. Lo que deriva de ahí tiene en el lenguaje manifestaciones muy distintas de lo que emerge de la reflexión. El poema que se expone a continuación, “At Sunrise”, de Bliss W. Carman, es un ejemplo de esa percepción directa, una conmoción que impregna gran cantidad de poemas y que en este apartado se trae a colación únicamente como prueba de la capacidad y versatilidad poética de la nostalgia.
Now the stars have faded
In the purple chill,
Lo, the sun is kindling
On the eastern hill.
Tree by tree the forest
Takes the golden tinge,
As the shafts of glory
Pierce the summit’s fringe.
Rock by rock the ledges
Take the rosy sheen,
As the tide of splendor
Floods the dark ravine.
Like a shining angel
At my cabin door,
Shod with hope and silence,
Day is come once more.
Then, as if in sorrow
That you are not here,
All his magic beauties
Gray and disappear.
Todo lo que aparece aquí es la reproducción de un movimiento del ánimo que queda emparejado –mediante metáfora– con el movimiento del sol al amanecer. Ese sentimiento avanza con la misma lentitud que marca el ritmo del día cuando va despuntando “tree by tree”, “rock by rock”. La luz progresa y va invadiendo todo el espacio –dejando ver el bosque, las rocas y el barranco– y alcanza luego la puerta de su propia casa y a él mismo, y en ese justo momento –“Then”–, la luz que desde el principio era un placer absoluto que descubría la belleza “a shining angel […] with hope and silence”, también ilumina y descubre lo que falta: “That you are not here”. Ahí justamente, en la conciencia de la pérdida, como una sacudida interior, termina precipitadamente el paralelismo del doble movimiento. Es un fin de fiesta –“All his magic beauties / Gray and disappear”– que queda concentrado en los cuatro versos últimos. Entre el “now” que inaugura el poema y el “then” se desencadena un drama, pero no un relato sobre el drama, ni mucho menos un mito capaz de suscitar y alimentar una nostalgia colectiva o comunitaria, como en el poema anterior.
Estas cuestiones llevan a pensar que el punto de partida que impulsa la escritura –reflexión o emoción– revierte en formas de expresión poética de distinta naturaleza; en este poema de Carman lo que ocurre es actual y es pertinente la expresión del doble movimiento y de los tiempos en presente. Aquí no cabría en absoluto el yo colectivo del poema de Frost –que enfría la emoción personal mientras construye y alienta un sentimiento comunitario–, ni siquiera los nombres propios ni las informaciones de cultura, tan necesarios en “The gift outright” para ubicar su historia y que demandan al menos algunos conocimientos sobre la historia de Norteamérica y su cultura para comprenderlo en profundidad: por qué la mención de determinados territorios, por qué el avance hacia el oeste, qué hay detrás de los actos de guerra que menciona o qué trasfondo de sentido tiene el título. Ese poema exige un conocimiento sin el cual es imposible, no ya la reflexión sobre los hechos mencionados, sino la comprensión del propio texto.
En cambio, para ser comprendidos, lo único que demandan los poemas surgidos de experiencias directas es reconocimiento. “Grief”, de Raymond Carver 7es un poema narrativo que consigue explicar magistralmente en muy pocas líneas la trascendencia que adquiere reconocer o no en uno mismo la experiencia del otro; en este caso se trata precisamente de una experiencia de nostalgia.
Woke up early this morning and from my bed
looked far across the Strait to see
a small boat moving through the choppy water,
a single running light on. Remembered
my friend who used to shout
his dead wife’s name from hilltops
around Perugia. Who set a plate
for her at his simple table long after
she was gone. And opened the windows
so she could have fresh air. Such display
I found embarrassing. So did his other
friends. I couldn’t see it.
Not until this morning.
Carver construye un poema en el que enlaza dos relatos: el primero –entre el primer verso y el cuarto–, sobre una situación presente del yo; el segundo –entre el quinto y el undécimo–, sobre un caso de extrema nostalgia respecto al que prefiere eludir la cercanía de dirigirse a él como un tú –aunque se trate de un amigo– y sostener más distancia mediante el uso de la tercera persona; el efecto de tal uso da lugar a que el destinatario dentro del poema quede entonces abierto a cualquiera.
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