Pero es en la propia Campo de sangre donde figura el grueso del pensamiento de dicho Waldmann. El hilo conductor y cohesionador de este era la cercanía entre el pueblo español y el semita, el mito de la península ibérica como paraíso de los pueblos del desierto africano. En la novela serán muchos los personajes que se apoyen en esta base para cimentar sus teorías –sobre nuestra guerra civil, su crueldad, nuestro extremismo y falta de capacidad para adaptarnos a un justo medio, el talante miliciano y falto de disciplina del ejército republicano…– o que interiorizarán estos conceptos para teorizar sobre sí mismos, como es el caso de Templado.
Y naturalmente, por encima de todo ello y de todos ellos, el personaje de don Leandro. El archivero de Teruel no figura en los primeros planes de la novela, y la primera referencia a él la encontramos cuando en FMA-4/4 y en cuadernos coetáneos y posteriores el autor planifica una segunda parte que versa exclusivamente sobre la batalla de Teruel. Hacia el final de FMA-4/7 (pp. 314-317) ya encontramos un fragmento inédito que reproduzco por sus variantes, así como por ofrecer una buena muestra de lo acabadas que podían resultar unas reflexiones escritas desde la precariedad:
{Temp}: «De lo que ha contado, como no dándole importancia Fajardo del delirio del viejo cronista de Teruel yo saco consecuencias de sueños, o en sueños. Yo creo en la civilización del toro, o en la del sol, como quieras, una civilización venida de donde sea, del Sahara probablemente, una civilización [que abar] llevada a cabo por los semitas y que abarca de las marcas de la Judía hasta los Pirineos. Esta civilización inventa las artes. Otra, la indoeuropea venida de donde sea –del Asia si quieres– nos trae al mundo más que un invento, el hierro. Siempre que estas dos civilizaciones se mezclan nacen grandes cosas: las civilizaciones europeas: Grecia (los dorios), Roma, Francia, España. El caso de España es /p. 314/ particular porque la pintura en vez de producirse en las costas tiene lugar en los Pirineos –de Asturias a Barcelona–, lo otro es ámbito semita. Hoy todavía se puede delimitar por dónde [existen] persisten las corridas de toros. Los toros le gustan a uno por muchas otras razones que el espectáculo. Por eso México es nuestra única hija legítima. Y la crueldad española es crueldad semita. No hija de la ignorancia o del odio como quiere Montaigne, no. Los {semitas} más civilizados, los asirios –donde llegó a más la civilización– más crueles eran que quien sea. Y lee el Génesis y dime si Abraham se andaba con chiquitas. Los bárbaros respetaron en lo que cabía los pueblos vencidos –y Alejandro Magno. Pero lo que los semitas, ¡rediós! No dejaban piedra /p. 315/ sobre piedra. No sé si esto explica ciertas cosas. ¿Nunca te has fijado en la prodigiosa {in}adaptación del pueblo español a vencedores y la perfecta de los árabes. No los echaron sus sometidos –y eran muchos– sino los cristianos venidos de fuera cuando [tenían que comer] no tenían qué comer. La sangre. La manera de enjuiciar el destino. [Por eso aquí] Cabileños, y a mucha honra. Y en la cábila está la salvación de España. Por eso me río de Fajardo y su comunismo. La mezcla de indoeuropeo y semita ha dado lo más importante de España. Son los árabes en contacto con esto –y esa Córdoba o España bañada en sangre árabe–, y es el XV y el XVI, o sea particularmente cuando un andaluz descubre Europa o un vasco Castilla. Los /p. 316/ catalanes cuando se empeñan en no descubrir más que Cataluña se quedan chicos –que si no Vives o Llull. De ahí la violencia, porque todo semita se hace por reacción. Los dulces y tiernos se quedan en casa. Los grandes han salido todos a las afueras.
–Es lástima que no escribas estas cosas.
–¿Para qué? Acuden así, lo más probable es que todo esto esté ya dicho o que, a lo mejor, existan pruebas evidentes en contra. No tengo ganas de que se metan conmigo. Prefiero meterme con los demás. /p. 317/
Como se ve, las líneas generales de lo expuesto por Templado –con una reflexión final sobre su carácter que se ajusta a la que tantas veces repetirá en las diferentes novelas en las que interviene– coinciden con lo que luego serán los tres capítulos y medio de la novela dedicados al parlamento de don Leandro. Es decir, que el archivero nace como una adánica costilla extraída del discurso del judío Waldmann y, lo que es más importante, con la autoridad que le confiere asimilar su voz a la del alter ego aubiano más acreditado de la novela, Julián Templado. 20
Durante los siguientes cuadernos el autor alterna las referencias al delirio de don Leandro con múltiples materiales para su capítulo «Donde sale un judío», lo que le lleva a modificar sus planes para el final de la novela:
La conoce en una casa de éstas donde le lleva Sancho.
–¿Por qué estás aquí?
o
En la conferencia del subsecretario de Higiene
o
Por la Vanguardia (historia del aborto).
{ Hasta aquí, tachado }
Muere en un bombardeo del Paseo de Gracia. Cuartero recoge sus restos sobre un banco. El 19 de marzo.
Cuartero se suicida, para ofrecerle su tormento eterno, en homenaje.
{Teruel: ¡El toro mitriático que lo fecunda todo!}
/p. 1/
El padre de Rosario es arqueólogo e historiador de Teruel, y está herido en el Seminario. Cuando le sacan habla con Herrera, encargado de la evacuación: tiene una hija en B. y quiere que la vea para que salve sus papeles. Un hijo falangista, al que no quiere. Su delirio. { Hasta aquí, tachado }
Es Cuartero el que va a verlas en B. (Rosario y su madre).
Historia de Rosario (novio muerto, amigo huido. Descubrimiento del amor).
/p. 2/
I. 31 de diciembre 1937 / 1.º de enero 1938
1. Madrugada de tres. x
2. Julio Jiménez. x
3. Ropa vieja. x
4. De once a doce. x
5. El bombardeo no admite mediocridad. x
6. Historia de la Lola. x
II. Teruel. x
III.
1. Pilar Núñez de C. x
2. Paulino Cuartero. x
3. Visita. x
4. Salón Rosa, del amor. x
5. De táctica política. x
6. Lola en la frontera. x
IV.
1. Donde sale un judío. x
2. Sigue [saliendo] hablando el mismo. x
3. P. Historia de la R.E.
4. Bombardeo.
/p. 3/
(FMA-4/4: 1-3)
Como vemos, en este cuaderno el autor ya tiene bastante definido el plan de la novela, que ya ha adquirido el carácter circular que los primeros apuntes de FMA-5/21 hacían sospechar y que la hace tan especial dentro del Laberinto mágico . Son numerosas las variantes: es Herrera y no Fajardo el encargado de la evacuación, y el archivero, que todavía no tiene nombre, tiene «un hijo falangista, al que no quiere». 21Pero vemos también cómo el volumen de las reflexiones que ha recopilado bajo los epígrafes «Donde sale», «Judío», «J» o «P.H» («Pequeña Historia de la República Española») le lleva a desdoblar el capítulo dedicado a Waldmann, incluyendo los dos fragmentos resultantes en una cuarta parte junto al capítulo «19 de marzo» (aquí «Bombardeo»).
Es en el momento en el que nace don Leandro con voz propia, fechable en cuadernos posteriores como FMA-5/10, FMA-6/11 y FMA-6/15, cuando dejamos de percibir referencias a esos capítulos sobre lo semita y sobre la historia de la República. Es decir, el autor ya ha decidido concentrar en torno a una sola voz un discurso hasta el momento disperso, y seguramente colaboró no poco la intención coetánea o poco posterior de emprender nuevos proyectos como Campo francés y San Juan . Don Leandro, que nace de la desaparición de otro personaje, y que en un principio es una referencia en boca de otro, se convierte en el protagonista indiscutible de la segunda parte de Campo de sangre , y extiende su influencia más allá: su discurso dejará huella en el de otros muchos personajes, y capítulos como «Teruel» o «El gobernador» parecen extensión de su voz interior, ilustración de sus teorías.
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