Introducción
Pasar de la heterorregulación a la autorregulación
Todos los niños quieren pasar por el aro
Diferenciar entre culpa y responsabilidad
Lo que cura es el vínculo
Mirada incondicional
Cuento 9.Un final inesperado para Caperucita Roja y Las dos amigas
Capítulo 10.Estrategias específicas de intervención en el ámbito emocional
Introducción
Hágase cargo del mundo emocional de sus hijos
Deje que el hemisferio derecho tome las riendas
Legitimar sus emociones
No racionalizar las emociones
Fomente y permita las emociones de defensa
Nombrar para dominar
Ante emociones explosivas, hipoactive la amígdala
Potencie la madurez de su hijo
Sitúese por debajo de sus ojos
Si no le gusta el comportamiento de su hijo «ECHA»
¿Cómo gestionar adecuadamente una rabieta?
Critique la conducta, pero jamás a la persona
No provoque a la lagartija
Conecte y redirija
Cuento 10.El juego de los objetos mágicos para padres y madres
Piense en la siguiente situación. Acaba de llegar al hospital para ver al hijo recién nacido de un familiar. ¿Cuál cree que es la característica más distintiva del ser humano en el momento del nacimiento? Piénselo bien. Cuando hago esta pregunta, la mayoría de las personas dicen que es la dependencia, pero no es así. La dependencia es consecuencia de esta característica que le invito a que reflexione. ¿Alguna idea? La inmadurez. El ser humano llega a este planeta siendo 100% inmaduro, lo que lo convierte en dependiente. Por lo tanto, somos dependientes porque somos inmaduros. Somos la especie que necesita pasar mayor cantidad de años con nuestros padres hasta alcanzar la madurez y la autonomía.
En el momento del nacimiento, el neonato tiene una serie de necesidades que deben ser cubiertas por sus cuidadores principales, que suelen ser los padres. ¿Qué ocurriría si no atendiéramos estas necesidades del bebé? Pues que no sobreviviría por sí solo, puesto que necesita de los demás para sobrevivir.
La mejor escuela para aprender a relacionarnos y para aprender a gestionar nuestras emociones es, sin lugar a dudas, nuestra familia, nuestros padres. En ocasiones creemos que nuestros hijos no podrán superar o no tendrán suficientes recursos para gestionar una emoción desagradable. Los sobreprotegemos en exceso ante emociones desagradables como la rabia, el miedo o la tristeza. Es nuestra responsabilidad enseñarles a gestionar las emociones desde y con la familia.
Como conclusión a esta breve introducción, podemos decir que, en el caso del ser humano, se hace imprescindible el vínculo emocional que establecemos con nuestra descendencia. Sin ese vínculo emocional o afectivo, no sería posible la supervivencia. Es por ello que generalmente decimos que lo que nos lleva al equilibrio mental es el buen vínculo con nuestros progenitores o cuidadores principales. Y también podemos decir lo contrario: lo que nos trastorna o desequilibra emocionalmente es el mal vínculo.
René Spitz (1887-1974) fue un médico psicoanalista que observó a menores de 1 año en orfanatos y las consecuencias que esta circunstancia tenía para los pequeños. El escaso movimiento que tenían, la tristeza y la falta de cariño llamó la atención de Spitz. Muchos de estos niños llegaban a morir. Eran menores atendidos por un personal sanitario cambiante y desbordado. A todas las consecuencias que sufrían los niños de los orfanatos se las denominó hospitalismo .
Años más tarde, Harry Harlow (1905-1981) realizó un estudio con macacos rhesus, que hoy en día no se podría llevar a cabo por cuestiones éticas. Se privaba a los pequeños monos de su madre y se les ofrecía dos madres sustitutivas artificiales: una madre de alambre que les daba de comer a los monitos y una madre de felpa que no los alimentaba, pero sí que era agradable al tacto. Harlow demostró que la sensación de protección era básica para la supervivencia de los monitos y era independiente de la alimentación. Los psicoanalistas habían dicho años antes que la necesidad emocional se cubría gracias a la necesidad de alimentación. Harlow demostró que eran dos necesidades independientes. Vio que los monitos solo acudían a la madre de alambre para alimentarse y el resto del tiempo preferían estar con la madre de felpa; es decir, preferían sentirse protegidos, sentir que un individuo de su especie estaba ahí y que podían refugiarse en él.
A mediados del siglo pasado, John Bowlby (1907-1990) establece la teoría del apego. Hoy en día, la teoría del apego es la corriente más aceptada en psicología del desarrollo. Bowlby decía que el bebé nace programado para enamorar a sus padres y, de esta manera, aumenta sus probabilidades de supervivencia. Bowlby fue un médico psicoanalista que nació en Londres en el seno de una familia acomodada. Eran seis hermanos y fue criado por las niñeras, por lo que estaba muy poco tiempo con sus padres. Sobre los 10 años de edad, sus padres deciden mandarlo a un internado, algo que era muy habitual en Inglaterra. Esa relación fría y distante lo marcó tanto personal como profesionalmente, puesto que decidió estudiar las consecuencias de este tipo de relaciones. Formuló su teoría del apego cuando la ONU le encargó un estudio sobre las consecuencias que tenía la orfandad después de la Segunda Guerra Mundial.
Existen muchas definiciones sobre la relación o el vínculo de apego, algunas son más generales y otras más específicas. En nuestra opinión, una buena definición de apego es la siguiente: el apego es un vínculo afectivo, de fuerte intensidad, bidireccional pero asimétrico entre el niño y sus padres (o cuidadores principales) . ¿Qué quiere decir que es una relación bidireccional pero asimétrica? Pues que se establece un contacto de tipo emocional entre el niño y su figura de apego (padre y/o madre), de ahí que digamos que la relación es en ambas direcciones, pero dicha relación es asimétrica, o lo que es lo mismo, hablamos de una relación vertical. ¿Por qué es una relación vertical? Porque el neonato o el niño depende y necesita para sobrevivir y desarrollarse a su figura de apego, pero el padre o la madre no necesitan a su hijo para sobrevivir ni desarrollarse (no deberían necesitarlo para esto último). Es el hijo quien es inmaduro, y por lo tanto dependiente, y no al revés. Es importante resaltar que los niños se apegan a sus cuidadores (padres), pero que los padres no deben apegarse a sus hijos, sino que deben vincularse a ellos. Son los niños los que necesitan de sus padres para sobrevivir, no los padres de sus hijos. Son los padres los que deben proteger y cubrir las necesidades de los niños y no al revés.
Como podemos ver en el resto de los mamíferos, el vínculo de apego es una ventaja de seguridad ante los depredadores. Esto quiere decir que es mejor para la supervivencia estar apegado que no apegado. Si existe un vínculo emocional con nuestros cuidadores, esto supone una ventaja evolutiva y de supervivencia.
El ser humano viene a este mundo con una gran cantidad de necesidades que han de ser cubiertas por las figuras de apego. No podemos ni sabemos autocubrirnos esas necesidades. Es por ello que la labor de nuestros cuidadores principales se antoja no importante, sino esencial para la supervivencia del niño.
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