2 Senticuentos, Crecicuentos, Neuricuentos, Neuroaventuras.
Si algo he aprendido a lo largo de mi vida profesional —en especial desde que tuve la dicha de conocer a mis maestros y mentores, el doctor Jorge Barudy y la psicóloga Maryorie Dantagnan— es el poder que tienen los buenos tratos para favorecer un adecuado desarrollo y asegurar el bienestar infantil. Y, a la inversa, las devastadoras consecuencias que los malos tratos tienen sobre el cerebro, mente y cuerpo en desarrollo de los niños. El mundo adulto a menudo ignora que estos son seres humanos y que tienen derechos 1 .
Una de las situaciones más dolorosas, e incluso traumáticas, que los niños sufren es el divorcio de los padres. Tenemos datos para la alarma, pues, por ejemplo, desde 2010 hay aproximadamente el mismo número de nuevos matrimonios que de separaciones. En la actualidad, se calcula que cada 3-4 minutos hay una ruptura de pareja.
Las investigaciones realizadas por Judith Wallerstein (2018) 2 , psicóloga experta en temas de divorcio, reportan los siguientes resultados:
El cuarenta y uno por ciento (41 %) de los hijos de padres separados son temerosos, agresivos, tienen baja autoestima y presentan dificultades en su comportamiento o desempeño escolar. Solo un cuarenta y cinco por ciento (45 %) de los niños superan satisfactoriamente el divorcio de sus padres.
El cincuenta por ciento (50 %) de las mujeres y el treinta por ciento (30 %) de los hombres continúa siendo agresivo con su expareja después del divorcio.
Durante el primer periodo del divorcio, los padres tienen menos tiempo disponible para compartir con sus hijos y están emocionalmente menos capacitados para apoyarlos y disciplinarlos.
En España se producen casi siete rupturas por cada diez matrimonios, lo que supone una ratio muy superior a la media europea, que no llega a cinco. A ello contribuye el hecho de que cada vez se celebran menos matrimonios —de 5.4 matrimonios por cada mil habitantes en el 2000 se ha pasado a 3.4 en 2014— y se tramitan más divorcios —la cifra se ha duplicado en los últimos diez años—, según pone de manifiesto el último informe sobre la evolución de la familia en España que ha presentado el Instituto de Política Familiar (IPF).
El diario ABC, por su parte, en septiembre de 2018, publicaba que, cada vez en número más creciente, los padres separados mantienen un conflicto permanente que provoca que tengan que recurrir a los juzgados para plantear disputas que ellos mismos no son capaces de resolver: «los “jueces están actuando como terceros padres” y se está produciendo un “colapso” de los juzgados especializados en Familia y de Instancia. Así lo afirma la presidenta de la Asociación Española de Abogados de Familia (AEAFA), María Dolores Lozano, quien asegura que está teniendo lugar una “judicialización de la vida familiar y cotidiana”. En los últimos años, denuncia esta letrada, “se está poniendo en evidencia una constante dificultad de los progenitores a la hora de ejercer y tomar decisiones en la patria potestad”.
»Se trata, en todos los casos, de asuntos con un cierto grado de desacuerdo entre los padres que, a falta de intentar su resolución en la vía extrajudicial, motivan el inicio de un procedimiento judicial. “Cada vez es más habitual que se produzcan desavenencias por la elección del centro educativo en el inicio del curso escolar, en la toma de decisiones que implican un gasto (como son las actividades extraescolares de los hijos) o por asuntos donde subyace un componente ideológico o religioso (como la realización de la primera comunión o atender a catequesis), así como decisiones que impliquen un cambio de residencia de los hijos para trasladarlos de localidad e incluso de país”, explica la presidenta de AEAFA».
Estos preocupantes datos ponen sobre la mesa la urgente necesidad que nuestra sociedad tiene de concienciarse y hacer una alianza para lograr divorcios con buenos tratos. Hoy en día, teniendo en cuenta que las cifras dicen lo contrario, parece una quimera tener como objetivo que una ruptura de pareja y un proceso de divorcio se hagan en un clima de buen trato. Sin embargo, creo que el reto de los políticos responsables del área social y/o de la salud debería ser el diseño y la realización, con el asesoramiento de expertos en el área, de un ambicioso plan de prevención e intervención en estas situaciones para acompañar a las familias y proteger a los niños cuyos padres se divorcian, en especial a aquellos cuyos procesos de separación pueden entrar en una dinámica de conflicto perpetuo. Si no hacemos nada, es posible, a tenor de las cifras, que en un futuro los adultos de nuestra sociedad sean más vulnerables psicológicamente, con lo que ello supone para el bienestar de las futuras generaciones y las repercusiones que a nivel sociosanitario puede conllevar.
Mientras esto llega, los profesionales que trabajamos con las familias en distintos ámbitos (educativo, atención primaria, salud mental…), tanto públicos como privados, tenemos que contribuir para lograr que los divorcios estén presididos por los buenos tratos. Con este fin, la Editorial Sentir ha publicado una colección de cuentos (colección Senticuentos) para niños, entre los que se incluye uno destinado a ayudarlos a comprender la separación de sus padres: Cuando mi corazón tiembla, del cual soy autor. El sustento científico en el que me he basado para elaborar este cuento ha sido la necesidad de mirar en el interior del niño y la capacidad de ponernos en su lugar, es decir, de mostrar empatía suficiente para conectar con la vivencia y representación interna que este hace de una situación de divorcio de los padres. Del mismo modo, en el cuento se subraya la enorme importancia que para los niños tiene que sus padres sean responsables y mantengan el vínculo afectivo con ellos, satisfaciendo sus necesidades y estando presentes en sus vidas (para los deberes, jugar, hablar, ayudarlos en sus problemas, divertirse, pasar tiempo juntos, acompañar o estar con la persona menor de edad para brindarle apoyo y afecto, que son necesidades igual de importantes que las fisiológicas). El mensaje del cuento es que, aunque te separes de tu pareja, de los hijos no te puedes ni debes separar; al final se incluyen orientaciones para los progenitores.
Con el objetivo de seguir contribuyendo en la mejora de los procesos de separación y divorcio de los padres y, en consecuencia, beneficiar a los niños, la editorial y yo volvemos a colaborar con lo que pensamos que falta después del cuento para niños: un libro para los padres (dentro de la colección Sentilibros). Lo hemos titulado Cuando mi corazón calma, pues somos conscientes de que los mencionados padres tienen en sus manos la posibilidad tanto de prevenir separaciones que sean traumáticas como de revertir y redirigir las que ya estén transcurriendo por cauces que rocen lo traumático. De este modo, podrán reparar lo que esté siendo tóxico para los niños y minimizar el impacto que los efectos negativos del divorcio tiene sobre los chicos, especialmente si es conflictivo y entra en dinámicas de maltrato.
Cuando mi corazón calma es un libro del que pueden beneficiarse también los profesionales que trabajen en el área o se interesen por la misma (trabajadores sociales, psicólogos, médicos, psiquiatras, educadores, maestros, abogados, terapeutas…). Ofrece una visión comprensiva del tema del divorcio de los padres y se fundamenta en el paradigma de Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan 3 de los buenos tratos a la infancia y las competencias parentales como garantes de un divorcio lo más saludable posible para los niños. Dicho paradigma se nutre, a su vez, de la evidencia científica que nos aportan los descubrimientos de la neurobiología interpersonal, el estudio del trauma y la teoría del apego.
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