Ulises ha incitado a sus compañeros a emprender un viaje hacia el oeste, pero su rumbo empieza a cambiar, «sempre acquistando dal lato mancino» (v. 126), es decir, cada vez más hacia el sur, hasta que es obvio que han pasado el ecuador:
Tutte le stelle già de l’altro polo
vedea la notte, e’l nostro tanto basso,
che non surgëa fuor del marin suolo. (127–129)
Ya no se dirigen al extremo oeste sino a las Antípodas. Durante cinco meses, todo va bien, y creen divisar el continente desconocido: 27
Cinque volte racceso e tante casso
lo lume era di sotto da la luna,
poi che ’ntrati eravam ne l’alto passo,
quando n’apparve una montagna, bruna,
per la distanza, e parvemi alta tanto
quanto veduta non avea alcuna.
Noi ci allegrammo, (130–136)
pero la alegría no dura mucho tiempo:
e tosto tornò en pianto;
ché de la nova terra un turbo nacque
e percosse del legno il primo canto.
Tre volte il fe girar con tutte l’acque;
alla quarta levar la poppa in suso,
e la prora ire in giù, com’altrui piacque,
infin che’l mar fu sopra noi richiuso. (136–142)
Ulises y sus compañeros encuentran la misma muerte que, casi dos siglos después, mucha gente preveía para Cristóbal Colón. Es lo que estaba a punto de pasarle a Alejandro Magno, como ya hemos visto:
Como rafez se suelen los vientos demudar,
camióse el orage, ensañóse la mar;
enpeçaron las ondas a premir e alçar,
non las podiá el rey por armas amansar. (2299–2300)
¿Por qué mueren así Ulises y sus compañeros? Por la curiositas desmesurada, el deseo de «descobrir las cosas que yazen sofondidas», la obsesión por los conocimientos secretos, prohibidos («De ligno autem scientiae boni et mali ne comedas»). 28 Pero Ulises no comparte sus tormentos infernales con sus marineros, sino con Diomedes, que no tiene nada que ver con el viaje fatal. El pecado que comparten Ulises y Diomedes es el de los malos consejeros, el de los fraudulentos. La reputación de Ulises en la Antigüedad clásica y la Edad Media es ambivalente. A causa de los engaños que comete en la Ilíada y la Odisea , tiene notoriedad de embustero. En la tradición alegórica, en cambio, goza de una reputación mucho más favorable: «That Ulysses represents Sapientia is a regular assumption of the mythographers, and the idea becomes a medieval commonplace [...]. The philosophers’ hero also becomes a Christian hero [...]. This highly favorable image of Ulysses persisted throughout the Middle Ages, most strikingly, perhaps, in the Ovide moralisé en prose » (Thompson 1974: 16n; véase también Freccero 1986: 136-151).
Dante, desde luego, cuenta en la tradición literaria con bastante apoyo para la condena de Ulises como falso consejero, castigado eternamente en las Malebolge, los círculos más bajos del Infierno. ¿Cuál es la conexión entre su castigo y la narración de su último viaje? ¿Qué tiene que ver el deseo de los conocimientos prohibidos con los falsos consejeros? Varios críticos creen que la exhortación de Ulises a conocer el extremo oeste es un ejemplo de consejo fraudulento; otros –tal vez, la mayoría– lo niegan, prefiriendo atribuir su condena a su papel en la toma de Troya. 29 Ni la primera opinión ni la segunda me parecen satisfactorias, por razones distintas. La segunda creo que es imposible. 30 Cuando los condenados narran a Dante y Virgilio historias de su vida y/o su muerte, la historia es íntimamente relacionada con el pecado por el cual el narrador fue condenado. Creer que Ulises es la única excepción a esta regla no sólo es poco probable (Damon 1965: 37); es inconcebible que Dante haya abandonado en un episodio un elemento esencial de la estructura intelectual de su poema. 31 La primera opinión –que la exhortación a los marineros constituye el consejo falso– no es imposible. Al contrario, me parece correcta, pero de una forma distinta. Cuando Ulises incita a sus marineros a viajar hacia el oeste, resulta ser un mal consejo, incluso fatal, pero no sería un consejo fraudulento si se tratara realmente de un viaje hacia el oeste. Lo que sí es fraudulento es incitar a los marineros a poner sus vidas en peligro en una aventura cuando en efecto se trata de una aventura muy distinta. Ulises habla del último oeste, pero su ambición es la exploración de las Antípodas: la proa apunta hacia el oeste («volta nostra poppa nel mattino») pero, ya empezado el viaje, el navío va «sempre acquistando dal lato mancino», hasta que «Tutte le stelle già de l’altro polo / vedea la notte». Ha engañado –engañado fatalmente– a sus compañeros, y por eso arde eternamente en «quel foco che vien sì diviso / di sopra» (XXVI. 52–53). 32
La Divina commedia es un tejido de préstamos, reminiscencias y alusiones a la literatura, la filosofia y la teología clásicas y medievales. Aunque Dante «conceals his sources as he does his education and the story of his youthful years» (Curtius 1953: 360), los comentaristas desde el siglo XIV hasta nuestros días han logrado identificar las fuentes de gran parte del poema. Huelga decir, sin embargo, que bastante se debe no a la tradición sino a la invención del poeta. «Hoc auctor de industria finxit, et licuit fingere de novo», dijo Benvenuto da Imola (cit. Damon 1965: 30), comentando el episodio de Ulises; y los comentaristas modernos están de acuerdo: «the source of Dante’s account of the death of Ulysses [...] is unknown» (Singleton 1970 b : 456-457); «seems to be essentially an invention of our poet» (Grandgent y Singleton 1975: 89); «his own bold, radical revision of the essential structure of the classical version of the myth» (Mazzotta 1998: 348). Esto no significa la ausencia de elementos inspirados en autores clásicos, ni mucho menos: varios investigadores han identificado préstamos y reminiscencias, sobre todo de Virgilio, Cicerón y Lucano. 33 Damon registra los doce autores que, según varios comentaristas, han servido a Dante como fuentes de algún que otro elemento de este episodio, pero concluye que «none of these sources takes us very far; they remain a set of disjointed details whose relevance to Dante’s narrative is minor and tenuous» (1965: 40).
Conviene ahora pensar en las semejanzas entre el Libro de Alexandre y el canto
XXVI del Inferno . Hay seis motivos narrativos principales en la búsqueda de las Antípodas por Alejandro y Ulises:
A. Discurso del rey/capitán para persuadir a sus hombres
B. La ambición de descubrir las Antípodas
C. El viaje
D. El descenso a la mar
E. La tormenta
F. El juicio de Dios
En las tablas que siguen, una letra mayúscula significa la presencia del motivo y una letra minúscula indica su presencia en forma implícita y atenuada.
El orden de los motivos es distinto: en el Libro de Alexandre se menciona primero la ambición de Alejandro, luego su discurso, el viaje y la tormenta. La narración se desplaza desde la exploración de las Antípodas hacia el descenso a la mar, y las dos aventuras marítimas convergen luego en el juicio de Dios. Dante, en cambio, empieza con la condena de Ulises y termina con la muerte de éste y de sus compañeros por la voluntad de Dios («com’ altrui piacque», 141). Entre estas dos manifestaciones de la voluntad divina, el orden es el discurso, el viaje, la revelación de la auténtica ambición de Ulises (nos enteramos en este momento de que fue su ambición desde el principio) y la tormenta. Las semejanzas y diferencias se ven con más claridad en una tabla:
Es interesante comparar la distribución de los motivos en el Libro de Alexandre e Inferno xxvi con la que se encuentra en otras obras:
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