La ambición de Alejandro se concreta en seguida:
Con todos vós a una queriéndome seguir,
buscaré los antípodes, quiérolos conquerir;
éstos están yus tierra, com’oyemos dezir,
mas yo non lo afirmo, ca cuido de mentir. (2293; p. 516) 14
Este pasaje proviene del Alexandreis :
nihil insuperabile forti,
Antipodum penetrare sinus, aliamque videre
naturam accelero, mihi si tamen arma negatis,
non possunt mihi deesse manus [...] 15
Empieza el viaje marítimo, pero pronto una tormenta pone en peligro a Alejandro y a sus navíos:
Fueron a poca d’ora en alta mar entrados,
andudieron grant tiempo radíos e errados;
eran los marineros fierament embargados,
ca non sabién guïar do non eran usados.
Como rafez se suelen los vientos demudar,
camióse el orage, ensañóse la mar;
enpeçaron las ondas a premir e alçar,
non las podiá el rey por armas amansar.
Quando ivan las naves más adentro entrando,
ívanse los peligros tanto más embargando;
«Señor» –dizián las gentes–, «tanto irás buscando
que lo que te dixiemos irlo as ensayando». 16
Todos estos peligros non los podián domar,
non se querié por ellos repentir nin tornar;
fizo Dïos grant cosa en tal omne crïar,
que non lo podián ondas iradas espantar.
Passó muchas tempestas con su mala porfidia,
que las nuves avién e los vientos enbidia;
dizién los marineros cómol fincarié India,
a esta cosa mala que con las mares lidia.
Ulixes en diez años que andudo errado,
non vio más peligros nin fue más ensayado;
pero quando fue fecho e todo delivrado,
ixió como caboso el rey aventurado. (2299-2304; pp. 517-518)
El comienzo del viaje está en el Alexandreis (X. 1-5), pero la tormenta, no. 17 Ésta –y posiblemente el comienzo del viaje (véase Michael 1970: 292)– proviene del Roman d’Alexandre . 18
A pesar de su repetido énfasis sobre la ambición de explorar las Antípodas, el Alexandreis nos muestra tan sólo el comienzo del viaje, seguido de la visita de Natura a Satanás para conseguir la condenación de Alejandro y luego su asesinato. No es que Gautier de Châtillon haya olvidado lo de las Antípodas: sigue activo en la mente de Natura, aunque no se realiza en la acción del poema. Natura dice a Satanás, como parte de su alegato:
ni tibi caveris, istud
non sinet intactum chaos, Antipodumque recessus,
alteriusque volet naturae cernere solem [...] 19
palabras que el poeta castellano amplía, como en las estrofas 1919-1921 (nota 14, supra), y asigna a Satanás, en su discurso a los otros diablos:
Non le cabe el mundo, nol puede abondar,
dizen que los Antípodes quiere venir buscar;
desent tiene asmado los infiernos proiciar,
a mí con todos vós en cadenas echar. (2440; p. 540)
Si el poeta del Libro de Alexandre quería demostrar dicha ambición, o algo parecido, tenía que inventar o buscar material en otra de sus fuentes, la Historia de preliis o el Roman d’Alexandre . Encuentra allí el famoso episodio de la exploración submarina de Alejandro, que ocupa las estrofas 2297-2323: 20
Una fazaña suelen las gentes retraer,
–non yaze en escripto, es malo de creer–,
si es verdat o non, yo non y dé qué fer,
mager, non la quïero en olvido poner.
Dizién que por saber qué fazién los pescados,
cómo vivién los chicos entre los más granados,
fizo cuba de vidrio con muzos bien cerrados,
metióse él de dentro con dos de sus crïados. 21
De este modo, la ambición atrevida, incluso pecaminosa, de explorar las Antípodas se ve desplazada hacia otra exploración marítima, igualmente atrevida e igualmente pecaminosa:
La Natura que cría todas las crïaturas,
las que son paladinas e las que son escuras,
tuvo que Alexandre dixo palabras duras,
que querié conquerir las secretas naturas.
Tovo la rica dueña que era sobjudgada,
que le querié toller la lëy condonada;
de su poder non fuera nunca deseredada,
sinon que Alexandre la avié aontada.
En las cosas secretas quiso él entender,
que nunca omne bivo las pudo ant saber;
quísolas Alexandre por fuerça conocer,
nunca mayor soberbia comidió Lucifer.
Aviéle Dïos dado regnos en su poder,
non se le fuerça ninguna defender,
querié saber los mares, los infiernos veer,
lo que non podié omne nunca acabecer.
Pesó al Crïador que crió la Natura,
ovo de Alexandre saña e grant rencura,
dixo: «Este lunático que non cata mesura,
yol tornaré el gozo todo en amargura.
Él sopo la sobervia de los peces judgar,
la que en sí tenié non la sopo asmar;
omne que tanto sabe judicios delivrar,
por qual juïcio dio, por tal deve passar». (2325-2330; pp. 521–522)
El verso 2328c, «los infiernos veer», recuerda 1920cd y 2440bc, donde el infierno se yuxtapone a las Antípodas. En 2328c, sin embargo, parece que «los infiernos» equivale a los Antípodas; parece que hay una relación metonímica. Es una cuestión de mucho interés que no se puede investigar dentro de los límites del presente artículo. Baste por ahora decir que el poeta del Libro de Alexandre toma del Alexandreis la idea de un Alejandro que demuestra su ambición desmesurada al proponerse la exploración y la conquista de las Antípodas, zona desconocida y –según la doctrina cristiana mayoritaria de la Edad Media– imposible de conocer, zona que representa los conocimientos prohibidos. 22
El deseo de Alejandro de llegar a las Antípodas y «descobrir las cosas que yazen sofondidas» (2291b) presagia las palabras que, tres generaciones después y en conversación con Dante, otro overreacher famoso recordaría, palabras que había dirigido a los pocos marineros que le quedaban:
«O frati», dissi, «che per cento milia
perigli siete giunti a l’occidente,
a questa tanto picciola vigilia
d’i nostri sensi ch’è del rimanente
non vogliate negar l’esperïenza,
di retro al sol, del mondo sanza gente.
Considerate la vostra semenza:
fatti non foste a viver come bruti,
ma per seguir virtute e canoscenza.» 23
Ulises logra persuadir a sus compañeros:
Li miei compagni fec’io sì aguti,
con questa orazion picciola, al camino,
che a pena poscia li avrei ritenuti;
e volta nostra poppa nel mattino,
de’ remi facemmo ali al folle volo, (vv. 121–125; 278)
Si la popa apunta hacia el oriente (v. 124), la proa tiene que apuntar hacia el occidente. Ulises incita a sus marineros a un viaje al extremo occidente, cuando habla de «l’esperïenza, / di retro al sol» (116–117). 24 Phillip W. Damon nos recuerda que los viajes de Ulises en la Odisea se dirigían siempre hacia el oeste, y demuestra que «The lore of Ithaca, the western terminus of Ulysses’ wanderings, contains many subtle indications that it has been mythologically assimilated to the region of the sunset» (1965: 32). Sería muy natural, por lo tanto, que una prolongación de sus viajes, ya llegado a las Columnas de Hércules («quella foce stretta / dov’ Ercule segnò li suoi riguardi», 107-108), continuara en la misma dirección.
El verso siguiente, sin embargo, es inquietante. Dice Ulises que «de’ remi facemmo ali al folle volo». La transformación de remos en alas es, desde luego, una metáfora, y hay precedentes clásicos. 25 Pero estas palabras recuerdan vagamente otras alas que realmente no lo son, y «folle volo» concreta este recuerdo: se trata de una alusión a la caída de Ícaro. 26
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