Por todo ello nadie estaba más capacitado que el profesor Navarro Brotóns para realizar el necesario trabajo que aquí se presenta al lector: una monografía sobre la vida y obra de Jerónimo Muñoz en el contexto intelectual de la España y la Europa del momento. Apoyándose en su sólido y profundo conocimiento de la cultura científica europea y de la biografía y obras de Muñoz, Navarro Brotóns ha elaborado una presentación nueva, unitaria y completamente actualizada de la vida y obra de quien ha sido calificado, con justicia, como el más importante astrónomo y matemático del siglo XVI español, profesor en las universidades de Valencia y Salamanca –en esta última fue muy probablemente profesor de Juan Cedillo Díaz, que iba a ser cosmógrafo de Indias y catedrático en la Academia de Matemáticas de Madrid entre 1611 y 1625, así como traductor al castellano del De revolutionibus de Copérnico: una traducción manuscrita de los tres primeros libros en la que Cedillo se declara no solo copernicano confeso, sino además partidario de un cielo fluido, sin esferas, como Muñoz–.
La presente biografía pone además de manifiesto la pertenencia de Muñoz –al igual que su admirado Regiomontanus– a la tradición renacentista de «humanismo matemático», entregada a la recuperación del legado matemático de la Antigua Grecia mediante traducciones a la lengua latina y comentarios, tradición a la que Muñoz contribuyó –además de con su comentario al libro segundo de Plinio– con sus Comentarios a la Óptica de Euclides , sus Anotaciones al Comentario de Proclo al libro primero de Euclides y muy especialmente con su traducción manuscrita del Comentario de Teón de Alejandría al Almagesto de Ptolomeo . Esta última es ciertamente comparable a la Defensio Theonis de Regiomontanus, obra realizada en el siglo anterior en polémica contra el abuso que Teón había recibido del traductor del Almagesto Jorge Trapezuntius (mientras la larga extensión de la traducción y comentario de Muñoz impidió su publicación, el manuscrito de Regiomontanus, también inédito, ha encontrado en nuestros días una reproducción facsímil acompañada de transcripción diplomática a cargo de Michael Shank, accesible online (< http://regio.dartmouth.edu>). De todo ello da cuenta este hermoso e instructivo libro que, además de proporcionar una completa reconstrucción del itinerario intelectual de Muñoz, facilita, por la contextualización que de ese itinerario se lleva a cabo, una amplia reconstrucción del estado y de las transformaciones de las disciplinas matemáticas en España y en Europa, especialmente de las matemáticas aplicadas (‘scientiae mediae’ o ‘mathematicae mixtae’ en la terminología de la época) y de la astronomía como una de ellas.
Mencionaremos finalmente un problema interesante que el profesor Navarro Brotóns señala, pero cuya solución (si fuera posible) asigna a especialistas en ese otro tipo de estudios: en qué medida el profundo conocimiento de Muñoz de la lengua hebrea –raro en la España del momento fuera de los estudios teológicos– podía ser indicativo de un origen converso. Y por nuestra parte nos permitimos añadir otro, que el profesor Navarro Brotóns ciertamente menciona ya en su libro Diciplinas, saberes y prácticas (p. 254): la posible vinculación de Muñoz –seguramente a través de Benito Arias Montano o Fadrique Furió Ceriol, aunque quizá la profunda dimensión religiosa de esa conexión le era desconocida– con miembros de la secta Familia del Amor (Familia Charitatis) , radicada en Amberes y de la que era miembro el famoso impresor Plantino, el editor de la Biblia Políglota de Amberes, o con personajes cercanos a ella. Es el caso de Abraham Ortelius, el geógrafo y cartógrafo que se sirvió del mapa del reino de Valencia de Muñoz, o del traductor al francés de su Libro del nuevo cometa : Guy Lefèvre de la Boderie, el colaborador en la Biblia de Amberes y discípulo de Guillaume Postel.
MIGUEL Á. GRANADA
Universitat de Barcelona
Prefacio
Jerónimo Muñoz es sin duda uno de los científicos y humanistas más destacados de la historia valenciana. Si el siglo XV fue la Edad de Oro de la literatura valenciana, con personalidades como Joan Rois de Corella, Ausiàs March, Joanot Martorell o Jaume Roig, puede decirse también que el siglo XVI lo fue de la medicina, el humanismo y la ciencia, con autores como los médicos Gaspar Torrella, Pere Pintor, Pere Jaume Esteve, Pere Jimeno, Lluís Collado, Miquel Jeroni Ledesma, Joan Plaza, Jaume Honorat Pomar y Llorenç Coçar, entre otros, a los que habría que sumar filósofos y lógicos como Joan de Salaya, divulgadores como Jeroni Cortés y tratadistas de álgebra como Marc Aurel, por no mencionar a los que desarrollaron sus actividades fuera de Valencia, entre los que destaca, por supuesto, en el campo del humanismo, Lluís Vives; pero también habría que mencionar a los ingenieros de la familia Escrivà, y a filósofos como Benet Perera. En el campo de las matemáticas, la figura más relevante fue sin duda Jeroni o Jerónimo Muñoz.
Muñoz cultivó casi todas las ramas de las disciplinas matemáticas: aritmética, geometría, trigonometría, óptica y astronomía y sus aplicaciones, a saber, cartografía y geografía, náutica, topografía y astrología. Sabemos que también se interesó por la balística, realizando experiencias de tiro en Salamanca. Por otra parte, tenía un gran dominio del griego y del hebreo y una excelente formación literaria y filosófica, por lo que su perfil como matemático se corresponde bien con los científicos-técnicos-humanistas del periodo renacentista. Su obra y actividades se sitúan en los albores de la llamada Revolución Científica, un proceso que estableció las bases de la ciencia moderna. En este proceso, el período del Renacimiento cultural y científico europeo al que pertenece Muñoz tiene como mínimo un estatus ambiguo. Por una parte, muchos de los aspectos de la actividad que podemos calificar, retrospectivamente, como científica en el Renacimiento, y también aspectos destacados de la actividad técnica, fueron mera continuación de desarrollos medievales y resulta difícil trazar fronteras cronológicas precisas. Pero, por otra parte, en el Renacimiento aparecieron en escena nuevos elementos que, de forma compleja e incluso a veces contradictoria, contribuyeron notablemente a crear las condiciones de posibilidad de la nueva ciencia y a preparar su emergencia.
Muñoz participó activamente en estas corrientes y cambios, como hemos adelantado. Como humanista sentía gran admiración por las realizaciones en el mundo clásico griego y romano, contribuyendo a restaurar y recuperar el saber clásico en las disciplinas matemáticas y en la filosofía natural. En su época disfrutó de un enorme prestigio en España y en Europa, esto último sobre todo gracias a sus trabajos sobre la supernova de 1572, citados y comentados por algunos de los mejores astrónomos europeos, como Tycho Brahe de Dinamarca y Thaddaeus Hagecius de Praga. Trabajos que aún hoy en día son citados por los astrofísicos por su interés para estudiar el remanente de este fenómeno. El primer mapa del entonces Reino de Valencia, editado por Abraham Ortelio en Amberes, se basó en los trabajos de Muñoz y se puede considerar obra de él. La labor de Muñoz fue continuada por sus discípulos, profesores en Valencia y Salamanca o cosmógrafos al servicio de la Corona en el Consejo de Indias.
Como astrónomo, Muñoz afirmó con claridad la competencia de esta disciplina para discutir cuestiones de filosofía natural y mostró una actitud de apertura a los nuevos hechos y una curiosidad sin inhibiciones que de algún modo anuncia las obras de Galileo y Kepler. En los Comentarios a Plinio Muñoz usó hábilmente su doble condición de teólogo (profesor de Sagradas Escrituras) y matemático-astrónomo para legitimar sus críticas a la cosmología aristotélica y proponer sus ideas alternativas, y en su Libro del nuevo cometa recurrió a los argumentos tomados de la astronomía y las matemáticas para cuestionar los dogmas de la doctrina aristotélica. Muñoz se planteó tanto una reforma de la astronomía como de la cosmología. Sus observaciones astronómicas y la comparación de sus resultados con las diversas tablas y datos existentes, desde Ptolomeo a Copérnico y Reinhold, le condujeron progresivamente a dudar de la fiabilidad de las observaciones y de los parámetros de Ptolomeo y de los astrónomos posteriores. Así se lo expresaba a Reisacherus: «yo soy de la opinión de que en las cosas que pueden demostrarse no hay que dar crédito a nadie, ni a Ptolomeo, ni al rey Alfonso, ni a Juan Regiomontano, que para mí es más docto que Nicolás Copérnico y Erasmo Reinhold».
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